Alejandro Armengol

La prensa a las urnas

Se equivoca el que piense que esta elección presidencial en Estados Unidos es solo para elegir entre Donald Trump y Hillary Clinton. O para depositar el voto a favor de cualquiera de los otros candidatos que todo el mundo sabe no tienen posibilidades de triunfar, pero que en un ejercicio entre fútil y democrático aparecen en la boleta. Hay mucho más en juego, y entre eso que está en juego se encuentra el papel de la prensa.

Por mucho tiempo el respaldo de los más importantes diarios estadounidenses resultaba fundamental para los políticos. Existían líneas claramente definidas, periódicos con una fuerte tendencia, o una declarada posición, hacia uno y otro partido, en favor o no de ciertas ideas, posiciones, principios, promesas. Incluso muchos electores se vanagloriaban de no votar por el candidato que era “endosado” por el periódico de su localidad (una práctica común, al menos de palabra, en la ciudad de Miami), como una muestra de independencia.

En la actual elección el candidato republicano Donald Trump ha logrado un récord singular: solo lo apoya The National Enquirer, un tabloide de supermercado.

The National Enquirer tiene mucho en común con Trump y no es de extrañar ese apoyo. Lo fundamental es que carece de credibilidad y nunca se ha preocupado por ello. Al Enquirer le da lo mismo que usted crea o no lo que aparece en sus páginas y que considere que son pamplinas. Lo de dicha publicación es brindar titulares alarmantes, llamativos, que capten la atención cuando alguien está colocando sus compras en la estera rumbo a la contadora del supermercado, y que ese cliente lo tome por un momento, comience a leer asombrado y como ya tiene que pagar la compra incluya al Enquirer en la cesta. Después, si lo leen o lo botan, importa poco: ya lo compraron.

Como The National Enquirer había otros tabloides que con el tiempo han desaparecido. El Enquirer sobrevive —y no son pocas las demandas judiciales que ha tenido que enfrentar desde su fundación en 1926—, pero con una circulación en descenso, algo por otra parte no ajeno a otras publicaciones.

Trump ni siquiera cuenta en esta campaña con el apoyo de diarios que desde hace décadas respaldan al nominado del Partido Republicano. Ni tampoco con los tradicionalmente neutrales.

Tras 34 años en los que nunca había tomado partido por un candidato a la presidencia, el diario USA Today publicó un editorial en el que no da un respaldo oficial a Clinton, sino que rechaza de manera unánime a Trump, al que considera “un peligroso demagogo”.

Pero la pregunta fundamental es: ¿cuánto importa esto en la era de los blogs, los sitios en Internet y los comentarios en Facebook, que han ampliado notablemente lo que en una época estuvo limitado a la prensa sensacionalista? La respuesta solo se sabrá tras el resultado electoral.

Por lo pronto, mientras Trump y sus partidarios repiten y amplifican el mito de “la prensa liberal”, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) lo considera una “amenaza” para la prensa libre en el mundo.

“Desde que comenzó su candidatura, Trump ha insultado y vilipendiado a la prensa y ha hecho de su confrontación con los medios de comunicación un punto central de su campaña”, lamentó el CPJ el jueves 13 de octubre.

En el caso del magnate inmobiliario, sus ataques constantes a los medios de comunicación no son más que un reflejo de su mentalidad autoritaria y su actitud caudillista. Rechaza a la prensa, los partidos tradicionales y por supuesto a la democracia, que tiene tantos siglos de edificada que hay que sustituirla por un rascacielos. Eso sí, con el nombre de Trump en lo alto.

Escritor cubano radicado en Estados Unidos. Director editorial de Cubaencuentro.com.

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