Alejandro Armengol

Trump y la ‘prensa mentirosa’

El presidente electo Donald Trump en un encuentro con la prensa en Mar-a-Lago, Palm Beach, Florida, el 21 de diciembre del 2016.
El presidente electo Donald Trump en un encuentro con la prensa en Mar-a-Lago, Palm Beach, Florida, el 21 de diciembre del 2016.

“La prensa es mentirosa, está ahí para manipular a la gente y a eso se dedica”, dijo Donald Trump en 1981, mucho antes de llegar a la presidencia. Uno de los problemas con tal declaración es que no es original, antes la usó el nazismo.

En la Alemania de entreguerras los nazis utilizaron el término de “prensa mentirosa” para lanzarlo contra sus enemigos. Tacharon de mentirosos a todos los medios que disentían de sus premisas, acusándolos de estar en manos de judíos o bolcheviques. Cuando el nazismo llegó al poder, su ministro de propaganda, Joseph Goebbels, se sirvió de tal calificativo para dirigirse a los medios noticiosos extranjeros con una cobertura crítica sobre lo que estaba sucediendo en Alemania.


Pero ellos tampoco fueron originales.

El término lügenpresse fue empleado por primera vez tras las fallidas revoluciones de 1848. Entonces los grupos conservadores católicos empezaron a denominar así a los medios impresos, de corte burgués liberal, que habían defendido las revueltas. Además de mentirosos, sus creadores insinuaban que esos periódicos estaban controlados por judíos y masones. Posteriormente la palabra se destinó entre los prusianos alemanes para referirse a la prensa francesa, por su cobertura de la guerra franco-prusiana. En la I Guerra Mundial se lanzaba contra la prensa aliada, especialmente la británica, informa el diario español El Confidencial.


Hoy en Alemania ha renacido el empleo de la palabra lügenpresse, por parte del grupo Pegida (siglas en alemán para “Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente”). “Lügenpresse, Lügenpresse, Lügenpresse…!” (“¡Prensa mentirosa, prensa mentirosa...!”) es uno de los eslóganes del movimiento islamófobo y marcadamente nacionalista, que desde hace más de dos años saca cada lunes a miles de personas a las calles de diferentes ciudades de Alemania. No se trata de simplemente corear una consigna. En la actualidad los periodistas se niegan a cubrir los actos de dicha organización, debido a las múltiples agresiones físicas que han sufrido por parte de sus miembros.

En 2014, lügenpresse fue elegida la no-palabra del año en Alemania, un dudoso título que concede un grupo de lingüistas del país. En 2016 le tocó dicho “honor” a volksverräter, un concepto, si se quiere, mucho más cercano al nazismo: “traidores del pueblo”.

Tampoco el término lügenpresse está asociado solo al nazismo. En la República Democrática Alemana se mencionaba con frecuencia al hablar de la prensa “capitalista”. Y, por supuesto, también se ha empleado —y se emplea—, en su variante en español, en la Cuba de los Castro.


Alternativa para Alemania (AfD), el emergente partido alemán de ultraderecha que ha ido aumentando sus cifras en las encuestas de intención de voto, es un movimiento con fuerte similitud al estadounidense Alternative Right (“Steve” Bannon, nominado principal estratega y asesor de Trump, es el jefe ejecutivo de Breitbart News, el sitio en internet asociado a alt-right), que ha adoptado el vocablo para describir, de forma genérica, a todos los medios que en su opinión forman parte del establishment.

El problema con dichos planteamientos es que, con frecuencia, quienes los utilizan se sirven de ellos como justificación para hacer precisamente lo que critican: amparándose en ellos intenta promover la censura y que se escuche y lea solo sus puntos de vista. En última instancia, todo se reduce a un ejercicio demagogo.


El empleo de lügenpresse se remonta a la época en que las naciones en guerra buscaban difamar, degradar o desacreditar las noticias del contrario, para quitarle su legitimación, mientras que justificaban sus decisiones propias. “La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad”, según la frase atribuida al senador estadounidense Hiram Johnson en 1917. Al parecer estamos volviendo a iguales tiempos, aunque aún sin el rugido de los cañones.

Escritor cubano radicado en Estados Unidos. Director editorial de Cubaencuentro.com.

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