Alejandro Armengol

El cierre de espacios en Cuba

En esta foto de archivo del 9 de febrero de 2017, el artista de graffiti Yulier Rodríguez Pérez, artísticamente conocido como Yulier P., posa junto a una de sus obras, pintada en una pared de La Habana Vieja, Cuba.
En esta foto de archivo del 9 de febrero de 2017, el artista de graffiti Yulier Rodríguez Pérez, artísticamente conocido como Yulier P., posa junto a una de sus obras, pintada en una pared de La Habana Vieja, Cuba. AP

Yulier Rodríguez Pérez (Yulier P), famoso por sus gigantescas pinturas con fantasmagóricas figuras, diseminadas por ruinas de La Habana, se niega a borrar sus obras.

“No voy a borrar mis grafitis”, respondió Yulier a la policía, que le dio siete días para hacerlo, un plazo que se ha cumplido.

Amnistía Internacional considera que el grafitero corre peligro de ser encarcelado de nuevo, tras meses de intimidación y acoso por parte de las autoridades, y lanzó un pedido de acción urgente a su favor.

El gobierno cubano ha decidido utilizar la censura a la obra de Yulier P como una demostración adicional de que en estos momentos no está dispuesto a permitir la menor muestra de independencia expresiva, ya sea en el terreno artístico o en cualquier otro, sobre todo en el ámbito público.

La confrontación en marcha parece destinada a convertirse en un ejercicio de fuerza represiva cuyos objetivos trascienden los elementos en disputa (grafitis), así como incrementar un ambiente ya conocido con anterioridad por los habitantes de la isla: lo mejor ahora es estarse quieto, callado y si es posible dentro de la casa.

Yulier P fue detenido hace dos semanas, cuando realizaba uno de sus trabajos en un derrumbe en el populoso barrio de Centro Habana y conducido a la estación de Policía. Antes de ser liberado se le hizo firmar una carta de advertencia indicándole que si no eliminaba todas sus obras, sería acusado ante un tribunal de “maltrato a la propiedad”.

En La Habana, donde la mayoría de los carteles están dedicados a eslóganes políticos o retratos de líderes de la revolución, Yulier P se ha dedicado, durante tres años, a pintar personajes oníricos y fantasmales, de miradas espectrales. Estima que ha realizado casi 200 de estas obras en La Habana, y algunas más en otras ciudades del país.

¿Por qué ahora, luego de tres años, el gobierno se muestra tan interesado en sus grafitis?

No es simplemente un asunto legal, como se quiere dar a entender.

Respecto a la legislación vigente, no hay una norma específica para esta expresión creativa. Si bien es cierto que no está permitido escribir las paredes en espacios públicos o frentes de casa particulares, Yulier P asegura que busca lugares abandonados, derrumbes y basureros. No ha intentado realizar un grafiti en un hotel habanero o cualquier otra instalación turística del Estado.

Lo interesante, en el caso de Yulier P, es que sus grafitis no reflejan un contenido político explícito. No escribe sentencias, propósitos contrarios al gobierno; no hace declaraciones políticas tajantes ni textos de barricada. Es más, su arte se caracteriza por rostros y no palabras: expresión pictórica más que gráfica; un sentimiento, un ambiente en lugar de un lema.

La censura a Yulier P se sitúa entonces dentro de una tendencia actual, por parte de las autoridades de la isla, que se ha intensificado recientemente: ir más allá en la represión cotidiana, que en los últimos años había dado señales de resquicios de escape. Repetir en el grafismo público lo que se viene desarrollando en el campo del pensamiento, el examen y divulgación de la información: el ataque a las apariencias, los matices y a cualquier forma más o menos sutil de desacato y diferencia.

Asistimos a una ofensiva de la represión, mediante la censura en los terrenos más diversos: desde los artículos de opinión y análisis hasta la representación simbólica.

No es que Yulier P se haya destacado por ser un artista “neutral”. Sus rostros horrorizados son la mejor muestra de ello. Pero su obra se mueve en un terreno que rehúye el discurso y busca la fábula. Impedir que lleve a cabo esa labor es otra demostración de la realidad cubana actual, que prevalece y avanza a diario: el cierre de espacios.

Escritor cubano radicado en Estados Unidos. Director editorial de Cubaencuentro.com.

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