Trump y Bannon: los dos chiflados
La actual presidencia de este país no llega a novela, tampoco a película, ni siquiera a serie de televisión. Es más o menos un episodio de Los Tres Chiflados, en que los protagonistas se reparten golpes a diestra y siniestra, ante el menor motivo y casi siempre sin que este sea necesario para lanzar el porrazo.
Confieso que me ha divertido mucho lo que he podido leer hasta el momento de Fire and Fury: Inside the Trump White House, de Michael Wolff, y que no me preocupa en lo más mínimo reconocer que en el libro deben haber exageraciones, cierta práctica del cuestionable ejercicio —desde el punto de vista periodístico— de crear escenas y diálogos, y no simplemente reproducirlas o reportarlas. Nada de ello impide el placer culpable de disfrutar ese retrato del jefe de los mentirosos de la Casa Blanca en su papel de bufón iletrado y fantoche, que es el que mejor representa. Es el libro que se merece.
La culpabilidad viene tanto por la conciencia de lo inevitable que han resultado tantas situaciones más cercanas al teatro del absurdo —Le Roi se meurt— que propias de una democracia, como por el disfrute bastardo de esa trama que por momentos raspa cierta amplitud —decir shakesperiana sería una indignidad más que un sacrilegio— y nunca lo logra: el sueño sucesorio, la hija ambiciosa, el yerno inepto, la esposa que llora al no alcanzar la derrota y el futuro gobernante que palidece ante el poder.
Todo ello deja apenas un detalle para llegar —sino al teatro isabelino— al menos a Broadway. Es cuando Michael Flynn, advertido por amigos de que aceptar $45,000 por un discurso en Rusia ha sido una mala idea, responde según el libro: “Solo sería un problema si ganamos”.
El texto recure aquí a la misma premisa que sirvió a Mel Brooks para The Producers, la película, el musical y la obra de teatro: ¿quién podría imaginar que Springtime for Hitler iba a resulta todo un éxito o que Donald Trump ganaría la presidencia de Estados Unidos?
El error ya había llevado a los tribunales a Bialystock, el productor teatral de la obra de Brooks, antes que a Flynn lo perdiera su ignorancia cinematográfica.
Un libro —no al menos en este caso— casi siempre es incapaz de acabar con una presidencia, por mala que esta sea. En el caso de Fire and Fury solo cabe apostar por ventas récords, múltiples traducciones apresuradas y el escándalo de momento.
Hasta ahora, el intento del abogado de Trump, solicitando al autor y a la editorial de que “desistan de cualquier publicación, revelación o divulgación” de la obra, solo ha servido para adelantar la fecha de la publicación.
Trump, que de momento no ha podido superar la etapa de aspirante a dictador, pese a la cobardía y complacencia de buena parte de los congresistas republicanos —quienes se han plegado tanto a su agenda política como a sus caprichos más ridículos— inicia así un segundo año de mandato que se anuncia le resultará más difícil que el anterior.
Por lo pronto, nadie se salva en este rifirrafe donde, de nuevo, Steve Bannon se limita a repetirse en su papel de un ambicioso y petulante lanzador de cuchillos en todas direcciones, y Trump como siempre se refugia en su torre de caos e infantilismo.
Una aclaración necesaria: el libro presenta 200 testimonios de personas cercanas al presidente, recogidos durante 18 meses, y entre los cuales se encuentra un breve encuentro con Trump. Mucho de lo que se dice no es nuevo, sino viene apareciendo en la prensa desde hace tiempo: Washington es la piedra de la locura, y aburre por no aburrir.
Lo que importa entonces con Fire and Fury es reconocer que Estados Unidos no ha caído aún en el autoritarismo, y ello no hay que agradecérselo al presidente. Más bien es todo lo contrario.
Escritor cubano radicado en Estados Unidos. Director editorial de Cubaencuentro.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de enero de 2018, 6:25 a. m. with the headline "Trump y Bannon: los dos chiflados."