ALEJANDRO ARMENGOL: En el ojo de la tormenta
La vigencia del tema no ha permitido a Storm Center (1956) transcender el interés histórico. La culpa radica en una trama simplista y unos personajes estereotipados, los cuales afectan el tratamiento dramático de una cinta que, por lo demás, cuenta con un buen reparto encabezado por Bette Davis. Aunque es precisamente el argumento lo que justificaría su reposición en Miami; una petición tonta, absurda y, lo que es peor, condenada al fracaso. Storm Center continuará limitada al conocimiento de especialistas, historiadores y cinéfilos, y en esta ciudad se perderá la oportunidad de aprender de ella.
Sin embargo, las simplificaciones de la película no impiden —es más, contribuyen a realzar— algunas cuestiones que no resultan fácil de encerrar como reflejo de un momento de la política o la historia de Estados Unidos. Porque precisamente esos aspectos de la historia —la palabra tanto en el significado argumental como en la acepción de sucesos o hechos de una nación o un pueblo— en cierta medida se han repetido aquí en Miami, y nada ha cambiado para impedir que vuelva a ocurrir.
Storm Center es la primera película que trata el tema de la persecución a los intelectuales y la cultura, que fue un componente fundamental de la cacería de brujas que bajo el pretexto de la amenaza comunista desató el senador Joseph McCarthy.
Aunque hay también dos tramas secundarias, el tema principal es el siguiente: Alicia Hull, viuda de un militar estadounidense que murió en la I Guerra Mundial, ha sido por 25 años directora de la biblioteca de un pueblo de Nueva Inglaterra, y su principal objetivo en la vida parece resumirse en lograr la creación de un ala de lectura infantil en ese pequeño centro de cultura y educación donde reina con firmeza y benevolencia. Pero su vida se complica cuando no retira de la sala The Communist Dream, un libro que alaba el comunismo. Por ello es despedida, acusada de haber sido comunista y condenada al ostracismo por sus vecinos.
Alicia Hull no defiende el contenido del libro, al que considera abominable y pura propaganda barata, sino que rechaza la censura. Su argumento es elemental, aunque inadmisible para los comisionados del pueblo: si se permitiera sacar ese libro del estante de Teoría Política, qué ocurriría con los otros. Allí también está Mein Kampf. ¿Habría que sacarlo también? Ella no está de acuerdo con lo que plantean ambos libros, pero considera que su presencia es precisamente una salvaguarda contra lo que postulan. El arma mejor contra ellos no es ocultarlos o destruirlos, sino permitir que se lean y así que todos conozcan sus falsedades. No admite el sacar un libro en favor del comunismo, porque precisamente eso es lo que hace un Estado totalitario con un libro que defiende la democracia.
Los comisionados no solo no aceptan ese argumento, sino que tampoco lo entienden. Por una sencilla razón: no actúan guiados por principios sino por conveniencia política. Uno de ellos incluso convierte la remoción del libro y la destitución de la bibliotecaria en una plataforma para hacer avanzar su carrera política. Esta es una de las tramas secundarias, que sirve para traer a colación una de las cuestiones claves del macartismo.
El tercer tema de Storm Center es particularmente débil desde el punto de vista dramático, pero igualmente significativo. Un niño que se diferencia de sus compañeros por dedicar la mayor parte del tiempo a leer y estar en la biblioteca, termina quemando libros y la biblioteca, porque se siente engañado y convierte en ira esa inteligencia que antes lo distinguía de sus amigos: la integración al grupo, la sociedad, la nación y la raza mediante la violencia, un tema predilecto del nazismo.
El guión de Storm Center fue escrito en 1950 por Daniel Taradash —ganador de un Oscar por su guión de From Here to Eternity (1953)—, pero antes de ser convertido en filme ocurrió una serie de cambio de actores, productores y realizadores que despierta más de una sospecha.
Se anunció en 1951 que —con el título The Library— la cinta iba a servir para el regreso a la pantalla de Mary Pickford luego de 18 años de ausencia. Sin embargo, al siguiente año, y un mes antes de comenzar el rodaje, Pickford rechazó el proyecto bajo el pretexto de que no era una película en Technicolor. Se contrató a Barbara Stanwyck para reemplazarla, pero otros compromisos de la nueva protagonista dilataron repetidamente el comienzo de la filmación. El proyecto permaneció en el limbo hasta que Taradash decidió filmarla él mismo con un nuevo título y sin cobrar un centavo por su labor. Sería su única labor en ese terreno. Nunca más volvió a dirigir cine. Su fuerte vocación a favor de las libertades civiles, y el hecho de que varios de sus amigos escritores hubieran sido incluidos en la lista negra durante la época de McCarthy, lo impulsaron a dirigir esta cinta, y hay que agradecérselo.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de mayo de 2015, 4:00 p. m. with the headline "ALEJANDRO ARMENGOL: En el ojo de la tormenta."