Alejandro Armengol

Estados Unidos se ‘latinoamericaniza’ bajo Trump

La disputa entre Washington y Pekín comienza a desbordar los marcos de una simple guerra comercial, escenificada con la imposición de tarifas mutuas, para abarcar otras esferas que no solo ponen en peligro el desarrollo económico de ambas potencias sino retrotraen la confrontación a esquemas históricos y políticos que se creían superados por sus consecuencias nefastas.

Con su estilo populista, Trump ha creado una amalgama ideológica donde el libre mercado y el mercantilismo se dan la mano.

El presidente estadounidense ha señalado que si ambas partes no alcanzan un acuerdo, EEUU volvería a fabricar productos que China elabora actualmente. “Será a la antigua, la forma en que solíamos hacerlo: Nosotros haremos nuestros propios productos”, afirmó.

Cabe preguntarse por el futuro de esta nación, si tal disparate del mandatario encuentra oídos receptores incluso entre sus fanáticos. El cambio en la economía de EEUU, de nación fundamentalmente productora de mercancías a país de avanzada mundial en la esfera de los servicios, la comunicación y la información es un índice de desarrollo, no de retroceso.

China importa casi cuatro veces menos productos estadounidenses de los que exporta hacia Washington, por lo cual le resulta complicado responder ojo por ojo y diente por diente a las sanciones comerciales de Trump.

Pero en el caso de que se intensifique la guerra comercial, Pekín cuenta con numerosas alternativas a la subida de los aranceles.

El iPhone X, los automóviles Buick, las cafeterías Starbucks y las producciones de Hollywood son algunos de los productos estadounidenses mejor vendidos en China. Boeing vende un cuarto de su producción en ese país, en donde la gran mayoría de las aerolíneas son controladas por el gobierno. Tesla planea instalar allí fábricas de automóviles eléctricos. General Motors vende más automóviles en China que en América del Norte.

China podría tratar de limitar el número de estudiantes y turistas que van cada año a EEUU, restringiendo, por ejemplo, el número de paquetes de viaje organizados.

El año pasado, con 350,000 estudiantes, los chinos representaron un tercio de los universitarios extranjeros en EEUU.

La cantidad total de gastos chinos en turismo o en educación en EEUU se acerca al de las importaciones chinas de soja o de aviones estadounidenses.

China es además el principal poseedor de la deuda de EEUU y podría decidir vender una parte de ella o su totalidad.

Los medios de comunicación estatales se habían mantenido hasta ahora al margen de la disputa, pero el anuncio de Trump donde declara una emergencia nacional para proteger las redes de telecomunicaciones estadounidenses ha roto esa barrera. La orden ejecutiva de Trump, que prohíbe a empresas que contraten a proveedores extranjeros, está dirigida contra la compañía china Huawei.

Tras la medida yace la preocupación por el espionaje industrial y las vulnerabilidades de la tecnología de telecomunicaciones estadounidense por parte los adversarios extranjeros, de acuerdo al diario español El País. Los temores sobre las amenazas a la seguridad que representa Huawei son reales, pero el carácter de la medida eleva el tono confrontacional entre ambas naciones.

“Si 1,300 millones de chinos se desencantan de Estados Unidos, será algo muy difícil de reparar”, advirtió Wu Baiyi, investigador en la Academia de Ciencias Sociales.

Según una encuesta del Financial Times publicada en julio, un 54% de chinos afirman que “probablemente” o “seguramente” dejarían de consumir ciertas marcas estadounidenses.

Existen riesgos que van más allá de los económicos. El carácter populista de la administración de Trump podría exacerbar los sentimientos nacionalistas de parte de la población estadounidense.

El peligro actual es que la confrontación podría transformarse en una hostilidad entre los ciudadanos de ambos países.

Las raíces de la valoración exagerada de lo propio y la justificación a priori de nuestros defectos se remontan a la herencia hispana y al surgimiento y desarrollo tardío del capitalismo de libre empresa en los países de habla española, tanto en España como en Latinoamérica.

Paradójicamente, ahora EEUU, bajo la presidencia de Donald Trump, se encuentra bajo la amenaza de seguir igual camino.

Alejandro Armengol es un escritor cubano radicado en Estados Unidos. Director editorial de Cubaencuentro.com.

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