Alejandro Armengol

Las dos caras de la intolerancia: una de gritos y otra de muertes

Jessica Coca García, en silla de ruedas, y su esposo (no está en la foto) fueron dos de las personas heridas en el tiroteo en la tienda Walmart en El Paso, Texas, que causó 22 muertes. El sábado 10 de agosto, García habló de su experiencia en la “Marcha Por La Unidad de America”, en El Paso.
Jessica Coca García, en silla de ruedas, y su esposo (no está en la foto) fueron dos de las personas heridas en el tiroteo en la tienda Walmart en El Paso, Texas, que causó 22 muertes. El sábado 10 de agosto, García habló de su experiencia en la “Marcha Por La Unidad de America”, en El Paso. AP

Cada vez con mayor fuerza, se impone en la sociedad estadounidense una actitud intolerante que tiene como causa y consecuencia una tensión emocional nada propicia al debate.

Pero este es, hasta cierto punto, el rostro más suave del problema. Porque la otra cara significa destrucción y muerte.

Desde el insulto y los ataques personales, hasta el apoyarse en la divulgación de mentiras —que en ocasiones contienen elementos aislados de verdad, pero que en su totalidad presentan un panorama falso— y en enfoques demasiado estrechos, el intercambio de puntos de vista se ha transformado en un encierro tras barricadas ideológicas, donde la menor réplica se considera una agresión.

Las teorías conspirativas, los rumores, prejuicios y tergiversaciones alimentan opiniones, comentarios y actitudes que en muchos casos no van más allá de manifestaciones verbales, escritas o de videos. Aunque también dan paso a acciones más violentas. Y esto es lo más peligroso y lamentable. Porque una cosa es el grito y otra la violencia y el asesinato.

El número de grupos de odio en Estados Unidos volvió a aumentar por cuarto año consecutivo y pasó de 954 a 1,020 en el 2018, un aumento del 7% en comparación con 2017, según un informe elaborado por el Southern Poverty Law Center (SPLC).

Estos grupos —incluidas las milicias armadas— crecieron en los primeros tres años de Barack Obama y luego disminuyeron brevemente, pero han vuelto a aumentar con Donald Trump.

El incremento de los movimientos que proclaman la supremacía de los blancos fue notable tras la elección del primer presidente de la raza negra.

“Desde el principio se comparó a Obama con Hitler o Stalin, se elaboró un discurso en el que el presidente era una persona ajena (a Estados Unidos), no se le trató como a un estadounidense y se le dibujó como una amenaza”, según Peter Kuznick, profesor de historia de la American University de Washington.

El cuestionamiento de los orígenes de Obama incrementó el afloramiento de este tipo de agrupaciones, que en su mayoría tienen un carácter violento y respaldan con vehemencia la Segunda Enmienda de la Constitución, que reconoce el derecho a portar armas.

“Son realmente una amenaza”, afirmaba Kuznick en septiembre de 2012. “Sobre todo porque han recibido cierta credibilidad por parte de los sectores más conservadores del Partido Republicano”.

La actual sociedad estadounidense no hace más que confirmar las palabras del profesor.

Estos grupos solían estar marginados por la política, pero con el surgimiento del movimiento Tea Party y el aumento de la polarización en EEUU obtuvieron cierto respaldo.

“El mensaje del Tea Party no es completamente racista, pero sí lo es de alguna manera. Estados Unidos está viviendo una polarización ideológica”, señaló Kuznick.

Esta polarización no ha dejado de crecer. La expansión de las minorías ha incrementado el resquemor y encono de estos grupos, que frente al cambio demográfico en el país reaccionan ante lo que consideran una falta de voluntad política para detener dicha transformación.

El fenómeno de los grupos de odio no es reciente y no se limita a los inmigrantes latinoamericanos, pero un incremento se ha producido paralelo a los constantes ataques que ha hecho el presidente norteamericano, desde 2016, contra los migrantes de esa región.

Trump ha desarrollado una prédica de odio y miedo que se vincula con actos violentos como el ocurrido recientemente en El Paso, Texas, donde el agresor declaró que “que quería matar al mayor número de mexicanos”.

La retórica de los grupos de odio antiinmigrantes, con afirmaciones de que los latinos son inferiores a los blancos, traen enfermedades y son delincuentes, guarda similitud con lo escuchado en los discursos de Trump o repetido por sus seguidores.

La cuestión para el presidente es que, supuestamente, esa retórica lo llevó a la presidencia, y no parece dispuesto a modificar su estrategia. Para él, la Casa Blanca está por encima de la nación.

Escritor cubano radicado en Estados Unidos. Director editorial de Cubaencuentro.com.

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