Alejandro Armengol

Odisea republicana

Hay un aspecto de Donald Trump que asusta a los líderes republicanos, y es que quien es hasta hoy el más fuerte aspirante a la nominación del partido sigue recibiendo un rechazo creciente entre los grupos de votantes que se consideran necesarios para ganar la Casa Blanca. Pero no reconocen que quien le sigue más de cerca, el senador Ted Cruz, confrontaría igual repudio en una elección nacional.

Otro problema con Trump es que no resulta de fiar, no es bona fide —como ocurre con el engominado personaje que interpreta George Clooney en O Brother, Where Art Thou?, cuando las hijas le reclaman: But you ain't bona fide!— y ello preocupa a todos, pero asusta solo a los que piensan que con Trump no se puede llegar a un arreglo. Otros creen que sí.

Un último problema es que Trump dice cosas que no resultan gratas al ideario republicano actual, como mantener sin alterar el Social Security, Medicare y Medicaid, y que diga estar en contra del libre comercio a nivel internacional, el traslado de fábricas fuera de Estados Unidos y la contratación de extranjeros. Aunque el mismo argumento de no ser bona fide y el hecho fundamental de que a Trump los pobres lo tienen sin cuidado —y está a cada momento dispuesto a mandarlos al demonio— convierte al asunto en una preocupación menor. En resumidas cuentas, en su negocio ha practicado todo lo contrario a lo que propone en sus mítines políticos, por lo que no hay que preocuparse mucho.

Así que la carrera republicana hacia la Casa Blanca se ha convertido en un largo viaje hacia la noche, donde abundan las aventuras adversas y favorables a los viajeros —es decir los candidatos— y en que Trump desempeña un papel similar al de Odiseo, donde la astucia sirve para el engaño.

Sucesión de peripecias que ocultan los fines verdaderos y donde los personajes buscan con nuevos ropajes disfrazar lo viejo, porque a la hora de propuestas y planes —temas además que en muchas ocasiones esquivan entrar en detalles— los republicanos siguen aferrados a las viejas recetas y los conceptos caducos de “distribución dinámica” y “trickle-down economics”. Quieren reducir el déficit pero al mismo tiempo rebajarle los impuestos a los poderosos y a las corporaciones.

Sin embargo, lo que le ocurre a los republicanos con los votantes —incluso con los de su partido— es que estos están cansados de esas políticas fracasadas, incluso aunque sus respuestas sean más emocionales que razonadas y que continúen hechizados en buscar las causas entre los inmigrantes —indocumentados o no— contratados y no con quienes los contratan.

Un gobierno populista siempre resulta pésimo, no importa su color político, pero lo importante es analizar las causas que llevan al populismo. Y en estos momentos el auge del populismo en Estados Unidos obedece en gran parte al poco avance económico de la clase media y trabajadora.

Trump ha hecho todo lo contrario a las recomendaciones emitidas en la famosa “autopsia” del Partido Republicano sobre la campaña presidencial, al volver a perder en las urnas en 2012. Y pese a ello está al frente en las primarias de su partido, solo que eso no equivale a tener más posibilidades de ganar la Casa Blanca.

Las primarias de mañana en Wisconsin vuelven a repetir un esquema conocido: es fundamental para Cruz ganarlas —y posiblemente lo logre—, pero no es el final para Trump si las pierde, porque tiene Nueva York por delante donde es el favorito. Las fuerzas contrarias a Trump confían en poder derrotarlo, pero si él se impone o su derrota no es aplastante, los republicanos tendrán que comenzar a “confiar” en el magnate: O Brother, Where Art Thou?

Escritor cubano radicado en Estados Unidos. Director editorial de Cubaencuentro.com.

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