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Trump fue el único que tomó el pulso de los votantes frustrados

El presidente electo Donald Trump en un mitin en Nueva York.
El presidente electo Donald Trump en un mitin en Nueva York. The Washington Post

El pasado martes 8 de noviembre fue el día menos pensado por muchos motivos, algunos de peso.

Nadie en la prensa, cuya labor fue bochornosa en esta elección, pensó que el candidato Donald Trump iba a ganar la presidencia de forma tan contundente. La labor de la prensa en general es indagar la verdad y reflejar la realidad del país en el que vivimos. Nada de esto ocurrió. Desde una burbuja elitista los principales diarios y cadenas televisivas convirtieron a los candidatos en caricaturas y no supieron escuchar y reportar las voces de millones de norteamericanos atrapados en un callejón sin salida. Trump les ofreció una salida fácil y no muy bien pensada. Estan hartos de los políticos de siempre y esta vez actuaron para sorpresa de los que viven en la gran burbuja.

Los pronósticos erróneos y las encuestas engañosas, que recuerdan a las del Brexit, son parte de una narrativa de ficción que los medios tendrán que alterar drásticamente para recobrar cierta credibilidad en el futuro.

La lucrativa industria de consultores y encuestadores políticos sufrió un batacazo de muerte. Nada de lo que hicieron o sugirieron funcionó.

El candidato Trump, contra viento y marea, se enfrentó al más poderoso operativo político de la historia en el cual se invirtieron mil millones de dólares. Trump fue bombardeado con anuncios negativos y vituperado por un popular Presidente y una aún más querida Primera Dama. Aparentemente nadie escuchaba. El candidato republicano a la presidencia tuvo que enfrentarse a opositores en su propio partido y a la misma tecnología informática que le dio la victoria a Obama en dos elecciones.

Nada de esto funcionó pese a que Trump fue como Chacumbele, tropezando consigo mismo de forma inédita e impresentable. Jeb Bush, cuando era precandidato hace más o menos un siglo, dijo que no se puede llegar a la presidencia a base de insultos. Sí se puede (!).

Entre insulto e insulto Trump demostró ser el único en los últimos 18 meses que tomó el pulso febril y frustrado de votantes como el cubanoamericano que nos dijo que no quiere un país en el que “la gente tiene que tener dos o tres trabajos para escasamente mantener a su familia”. Ese fue el voto emergente. Y no nos engañemos, también hubo mucho de racismo y sexismo en esta explosión popular. En definitiva, el que ganó esta elección fue el voto blanco. Los que Trump reconoció en Twitter como “los hombres y mujeres olvidados”.

Por mucho que sepa Hillary Clinton de gobierno y política no supo leer este electorado escondido que esgrimía con convicción la razón de la sinrazón. Trump sí lo hizo y le dio respuestas engañosas en el mismo tono.

A los agraviados les ofreció un sacrificio expiatorio, los inmigrantes. La inmigración no es la causa del malestar social y económico y el famoso muro es más bien el muro de las lamentaciones. La globalización sí es la gran culpable del desbarajuste económico, pero las fábricas de otra época no regresarán con Trump o sin Trump. Hoy la mayoría de ellas están robotizadas. Si el presidente Trump insiste en subirle las tarifas de importación a los productos chinos pronto estaremos pagando un 40 por ciento más por lo que compramos en Wal Mart.

Con todo mi respeto al presidente electo lo más importante de esta semana no fue quien ganó sino el proceso de la democracia, que es cíclico y sabio. Periódicamente le da la voz cantante a grupos que se han sentido marginados. Esta vez le tocó el turno a los blancos anglosajones de bajos recursos y escasa educación. Trump les dio amor.

No es ni el fin del mundo ni el principio del país de las maravillas. Este gran país seguirá siendo grande. Eso no depende de un solo hombre. Lo que depende de nosotros mismos es mucho más importante. El día menos pensado es el que no valoramos, el que no aprovechamos para seguir creciendo como seres humanos.

Irónicamente, la gran ganadora de estas elecciones como persona es Hillary Clinton. De haber sido presidente se habría tenido que enfrentar a un Congreso hostil y totalmente republicano, a múltiples investigaciones sobre los benditos emails y a facciones disidentes en su propio partido. Ahora podrá pasar de la efímera gloria de las lides políticas al más discreto y perdurable encanto de ser abuela.

En su discurso de victoria el presidente electo fue gentil y conciliatorio. Le agradeció a Hillary Clinton su largo servicio a la nación y prometió ser el presidente de todos. Enhorabuena y buena suerte.

A partir de enero el presidente Trump tendrá la palabra. Esperemos que su tono continúe siendo inclusivo, conciliatorio y coherente durante el resto de su gestión. De no ser así, en 1,453 días tendrá que rendir cuentas, y no al IRS si no a todos nosotros.

Esta historia fue publicada originalmente el 9 de noviembre de 2016, 7:47 p. m. with the headline "Trump fue el único que tomó el pulso de los votantes frustrados."

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