BERNADETTE PARDO: A prueba
Un fuerte aplauso para los estudiantes de las escuelas públicas de Miami-Dade que esta semana se coronaron como campeones en las olimpiadas nacionales de logros académicos. Felicitaciones también al estelar superintendente Alberto Carvalho, a la junta escolar y a todos y cada uno de los maestros del distrito escolar con las mejores notas en los prestigiosos exámenes nacionales conocidos como NAEP, que se administran cada dos años desde hace más de veinticinco.
Los estudiantes de Miami-Dade batearon un jonrón quedando muy por encima de otras grandes ciudades y del resto del estado. Se anotaron este éxito a pesar de que, como nos recuerda el superintendente Carvalho, este es un distrito con un número desproporcionadamente alto de estudiantes que no dominan el inglés como primer idioma, un distrito donde la mayoría de la población tiene ingresos bajo el nivel de pobreza y donde la violencia indiscriminada en muchos barrios cobra víctimas escolares con demasiada
frecuencia.
Cuando le preguntaron a Carvalho en Washington a qué se debe el éxito de este distrito escolar con tantos retos, se lo atribuyó a varias cosas. A una junta escolar que trabaja unida bajo una misma visión, y a las estrategias implementadas por su administración desde el 2008. Estas incluyen un énfasis en reforzar la educación primaria y una atención especial a estudiantes de minorías y en riesgo . “No hay curas instantáneas”, dice Carvalho, “todo toma su tiempo”.
Irónicamente, el superintendente que estuvo en Washington esta semana para celebrar los resultados de estos exámenes nacionales también viajo a la capital de la nación para criticar, junto al presidente Obama, la proliferación de exámenes de todo tipo en las escuelas públicas.
Carvalho está a la vanguardia de una campaña para eliminar exámenes innecesarios que no miden gran cosa y que le quitan al estudiante promedio 25 horas de clase al año. En vez de estar aprendiendo, están condenados a llenar cuadritos durante esas horas perdidas del curso escolar.
El año pasado, Carvalho convenció al gobernador y a la legislatura estatal de darles más flexibilidad a los superintendentes en la administración de tests. Eso fue una proeza porque nuestros legisladores estatales siguen enamorados de los exámenes, que se han convertido en una industria multimillonaria con sus consabidos cabilderos detrás de fondos públicos.
El Superintendente prontamente eliminó 300 tests otrora requeridos en las escuelas primarias.
Esta semana, quizás inspirado por Carvalho, el presidente Obama eliminó un número similar de tests nacionales requeridos por la Administración.
La proliferación desmedida de los exámenes requeridos en nuestras escuelas públicas tiene dos impulsores. Uno es el poderoso encanto de millones de dólares en fondos públicos para las compañías que diseñan y administran estos exámenes. Otro, el desencanto con nuestras escuelas públicas, que ha desembocado en mezquinos intentos por penalizar a los maestros.
Como nos dice una gran maestra de Miami-Dade, Ingrid Robledo, “la mayoría de los tests estandarizados no tienen un propósito educativo, no miden la capacidad de pensar o resolver problemas concretos, su propósito es penalizar a los maestros”.
La legislatura estatal en Tallahassee debería dejar atrás esa mentalidad punitiva y trabajar más a fondo con maestros y superintendentes para establecer un balance.
En una fecha como la de hoy conviene recordar que el debut del examen estatal FSA a principios de este año fue una verdadera película de horror. Miles de estudiantes de Miami-Dade se vieron afectados por el caos cibernético que no les permitió acceder a las preguntas del examen sino después de varios intentos. Estos problemas no fueron previstos por la compañía, que cobró más de $200 millones por diseñar y administrar el examen. Sin embargo, la compañía sigue a cargo de la próxima ronda y los resultados del desastroso debut son oficiales.
Es esencial poder medir el progreso de nuestros estudiantes para establecer estrategias que funcionen como las de Miami-Dade. Pero el propósito de estas pruebas debe ser beneficiar al estudiante y no afligir al maestro.
¿Cómo vamos a determinar si un maestro es bueno, si no les dejamos el tiempo y el espacio para enseñar?
Esta historia fue publicada originalmente el 30 de octubre de 2015, 3:42 p. m. with the headline "BERNADETTE PARDO: A prueba."