Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: Flechas de Cupido

Con flores impregnadas de suaves fragancias, chocolates negros cubiertos de cosquillas blancas, globos aireados de ilusiones y tarjetas escritas con el bolígrafo de las promesas, Cupido no ha escatimado recursos para alegrar a los enamorados de Miami en este Día de San Valentín.

Sin duda, es un noble gesto para complacer a su madre, la diosa Venus. Nacida de la rojiza espuma del mar, esta divinidad no quería recordar más su responsabilidad en la Guerra de Troya. Pero, en las últimas semanas, el caprichoso niño alado le estaba rememorando el juicio de la Manzana de Oro que propulsó aquella cruenta tragedia, con sus travesuras en otro juzgado –el de Miami-Dade– y en otra guerra: la “mia-troyana”.

Armado con un arco, las flechas que dispara en los tribunales no salen de su aljaba de flechas que enamoran, sino del segundo carcaj que guarda aquellas con punta de plomo. En la mirilla: una serie de litigios que enfrentan a políticos contra políticos; municipios contra municipios; funcionarios contra funcionarios; todos contra todos en busca de otra deliciosa manzana.

Días atrás, la isla paradisiaca de Key Biscayne entabló una demanda contra la soleada ciudad vecina; la semana pasada, una integrante de la Junta Escolar de Miami-Dade demandó al Condado y a la Ciudad liderada por su padre; en enero, el exalcalde de Miami Lakes interpuso una demanda contra su sucesor y la municipalidad.

Demandas, demandas y más demandas, ¡encomiables ejemplos del diálogo y la comprensión en el seno de nuestros gobiernos locales!

Los dirigentes de la isla que según algunos historiadores fue punto de escala del explorador Don Juan Ponce de León, afrontan en una escaramuza a la Ciudad de Miami, agrietando el único puente que los conecta a tierra firme. La raíz de la discordia es el irredimible Estadio Marino. Los comisionados de Miami anhelan levantar de los tachados vestigios una sede para el uso comercial de eventos y exhibiciones de embarcaciones de lujo. La feria Miami International Boat Show traería a Virginia Key una invasión similar a la armada de los guerreros Aqueos que ancló en costa troyana.

Y como los troyanos, los residentes de Key Biscayne querrán prender fuego a los navíos si les toca sufrir esta tragedia de Agamenón convertida ya en una tradición anual de febrero para los residentes de Miami Beach sitiados en nuestras viviendas por el tránsito infernal, la sobrepoblación, los puentes levadizos y la falta de respeto de algunos visitantes. Las autoridades de la villa balnearia temen que el estadio sea utilizado para múltiples acontecimientos como este, lo cual empeorará los problemas de seguridad vehicular en el viaducto Rickenbacker, un vistoso corredor de la muerte para los ciclistas.

Más vale que el gobierno de Miami esté despilfarrando eficazmente el dinero de los contribuyentes para cubrir sus gastos de defensa, porque la hija del alcalde, Raquel Regalado, en conjunto con el empresario y héroe local Norman Braman, retan en las cortes a la Ciudad y al Condado por el aparente engaño a los votantes –¿otro artificio más de los funcionarios electos?– quienes aprobaron el arriendo de un terreno litoral del dominio público para erigir la torre de observación SkyRise bajo falsas promesas. Salpicada con el colorido de la vida política autóctona y sus campañas electorales, la demanda aspira, en aras de la transparencia, a impedir el subsidio condal de nueve millones de dólares para la atracción turística.

Fue el príncipe París quien raptó en Esparta a la más bella mortal de toda Grecia, Helena. Ahora, es la parisina “Torre Eiffel” de Miami la infiel a sus residentes, que encarnamos un papel protagónico en esta épica de mentiras homéricas. En el juicio de París, este personaje favoreció a Venus y no a Minerva ni a Juno. En el juicio de Miami, veremos si el magistrado concede la manzana de oro a Regalado y Braman, o a los alcaldes Tomás Regalado y Carlos Giménez en representación de sus tambaleantes gobiernos.

Otro desenlace muy curioso dilucidará quién se acomoda en el trono de Miami Lakes. Una jueza fijó este miércoles la fecha para la audiencia del alcalde suspendido Michael Pizzi. Declarado inocente de las acusaciones de soborno el año pasado, presentó una demanda contra el actual alcalde Wayne Slaton y el gobierno del municipio, con miras a recuperar su cargo y ver de nuevo encumbrado su retrato en el vestíbulo del Ayuntamiento. Con éxito, Pizzi encaró al gobernador Rick Scott, quien fue forzado por el Tribunal Supremo del Estado a revocar su destitución. Sin embargo Slaton –electo en comicios especiales– se niega a abandonar el territorio disputado por políticos rivales en esta pequeña Troya ardiendo.

Los tres casos descritos son solo una muestra reciente de los vaivenes judiciales que descorren el velo, casi mitológico, de una historia del Gran Miami narrada con el acento de tragedia clásica. Flechas van y flechas vienen. Y Cupido no cesa de divertirse entre amores y rencores.

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