Daniel Shoer Roth

Mi deseo para Miami: la Regla de Oro

El ecosistema humano está íntegramente enlazado y las personas somos todas interdependientes. Esa es, en síntesis, la lección que aprendí del Dalai Lama y Desmond Tutu, cuando los excelsos Nobel de la Paz nos obsequiaron destellos de sabiduría y gracia al visitar el Sur de Florida hace unos años.

“La responsabilidad universal es sentir el sufrimiento de otras personas tal como sientes el tuyo propio”, expuso el monje tibetano, vestido con su túnica color rojo y azafrán, durante una ponencia.

Dos días después, en el mismo auditorio universitario, el arzobispo sudafricano declaró: “Realmente pertenecemos a una familia… Tú eres mi hermana, tú eres mi hermano”. Al calor de aquella sencilla idea, el público irrumpió en una ovación.

Recordé la riqueza de esas conferencias, amenizadas por las más humorísticas salidas, al ratificar una hipótesis recurrente en esta tribuna: la carestía –y no la abundancia– de hermandad, generosidad y compasión por el prójimo que padece Miami. Cruel epidemia.

Entre las 100 ciudades más pobladas de Estados Unidos, Miami y Hialeah se situaron en el fondo del abismo (posición 93 y 92, respectivamente) en la nómina de comunidades más solidarias y cariñosas. El análisis, elaborado por el portal WalletHub, midió parámetros como la tasa de personas sin hogar que reciben refugio, el tiempo dedicado por los habitantes a actividades voluntarias, el porcentaje de ingresos donados a obras caritativas, los índices de pobreza infantil y adopciones, y la propensión a hacer favores a los vecinos.

Pese a que las cifras estériles y computarizadas de las más respetuosas fuentes evaluadas no definen el alma de un lugar ni el comportamiento individual, arrojan, sí, luces sobre asignaturas pendientes donde hay espacio de sobra para las acciones positivas a nivel personal y colectivo.

Son los actos cotidianos de bondad, repetidos una y otra vez, los que cambian el entorno. Basta de voltear la mirada cuando el semejante sufre; basta de almacenar en el olvido el lugar del cual provenimos. Extendamos un mano al menos afortunado; respetemos al que es diferente.

2016 fue un año duro en lo referente a la violencia armada juvenil, la exclusión social de las minorías, las muertes por sobredosis, la violencia doméstica, el repunte de la población sin techo, la erosión de los ingresos, la carencia de oferta de vivienda asequible y la conducta arbitraria de la ciudadanía.

Para muestra dos botones en el Sur de Florida. En Nochebuena, un hombre armado amenazó matar a sus vecinos, “uno por uno”, por el volumen de la música y los fuegos artificiales. Qué distinto hubiera sido tocar la puerta, saludar gentilmente y confesar no poder dormir debido al ruido. En un centro comercial, la dependiente de una tienda que estaba cerrando propinó un puñetazo a una tosca turista aparentemente ebria, que en su pesadez por entrar le vació una botella de agua encima. Qué distinto hubiera sido reaccionar con cordura, cerrar la puerta y esperar a la Policía.

Ante esta realidad, mi lista de deseos de Año Nuevo para la zona metropolitana de Miami la encabeza un llamado universal conocido históricamente como la Regla de Oro, la cual requiere que usemos la empatía –la imaginación moral– para ponernos en los zapatos de otros.

Una vez creada la capacidad de identificación, entra en escena mi segundo deseo: la compasión; sintonizar con el prójimo, compartir sentimientos, situaciones de zozobra, haciéndolas más llevaderas. La misericordia motiva a esforzarse por aliviar el sufrimiento del semejante y honrar con respeto la santidad de cada ser humano.

En nuestras polarizadas comunidades urge transformar la empatía y la compasión en fuerzas claras, luminosas y dinámicas conducentes a la acción creativa, práctica y sostenida para hallar soluciones a los problemas. Esa responsabilidad por el bienestar colectivo el Dalai Lama la define “armonía”, y Tutu, “reconciliación”. Un fundamento en el horizonte moral hacia el que vale la pena encaminarse.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

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