Daniel Shoer Roth

Cubanos en tierra de nadie

Emigrantes cubanos llegan a la frontera entre Guatemala y México en enero del 2016. El presidente Barack Obama eliminó la normativa de pies secos/pies mojados el 12 de enero pasado.
Emigrantes cubanos llegan a la frontera entre Guatemala y México en enero del 2016. El presidente Barack Obama eliminó la normativa de pies secos/pies mojados el 12 de enero pasado. AP

Por cuál camino? preguntan los angustiados migrantes cubanos varados en algún rincón de las Américas que buscan paz y oportunidad lejos de su martirizada isla. ¿El de la autodeterminación? ¿O el de la condena a la miseria? ¿El de los sueños ambiciosos y alcanzables? ¿O el de la rigidez de las ideas imperantes?

Hoy son hijos de nadie; no cuentan ni tienen voz. Quedaron atrapados súbitamente en el laberinto sin salida, esa enigmática metáfora universal de los caminantes sin papeles, de los errantes que con corazón heroico buscan un mejor porvenir en paraísos de abundancia y bienestar.


Las horas insomnes de espera transcurren lentas y llenas de molestias. Las imágenes de hacinamiento y el eco de los lamentos no dejan de escucharse en el Sur de Florida. Para el exilio cubano el dolor se entremezcla con la impotencia y la frustración de no poder hacer nada o menos de lo que se quisiera para remediar las penurias de esos compatriotas colgados con alambres de hierro en el puente hacia el Sueño Americano.

La derogación de la política “pies secos, pies mojados” que permitía a los cubanos que tocaran el suelo estadounidense permanecer aquí y calificar para la residencia legal, deja a miles en el limbo, dispersados en situación irregular y sin un norte hacia dónde dirigirse o al menos mirar. Muchos están aislados y desesperanzados, expuestos a la rapacidad de autoridades corruptas y contrabandistas siniestros.


La incertidumbre del futuro inmediato roba la fe a esta pobre gente que salió de Cuba apostando a la promesa norteamericana si tocaban tierra firme. Merecen un gesto noble y humanitario de ser acogidos si se comprueba que emprendieron su sendero a la Norteamérica de leche y miel antes del cambio implementado por la Administración saliente de Obama como parte del proceso de “normalización” de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Fue precisamente ese acercamiento el detonante de un éxodo multitudinario en los últimos dos años. Propulsó agónicas y riesgosas travesías en el seno de un pueblo agotado que teme la derogación de la Ley de Ajuste Cubano, una reliquia de la Guerra Fría innecesaria para afrontar los desafíos y las amenazas de hoy.


Es verdad que el exilio tradicional, protagonista de una de las historias de mayor éxito entre los inmigrantes en Estados Unidos, se siente ultrajado ante los abusos a esta ley de acogida preferencial cometidos por coterráneos que profanan su espíritu legítimo, yendo y viniendo de la isla, así como orquestando fraudes y robos millonarios para luego huir a Cuba con fondos del erario norteamericano.

Si bien “pies secos, pies mojados” permitió a miles de cubanos escapar la represión política del régimen comunista, emigrantes más recientes se han valido de esta provisión para alcanzar un mejoramiento cualitativo en términos económicos. Acabar con la excepcionalidad crea mayor equidad con respecto a las poblaciones refugiadas en su conjunto, dando a todos el mismo acceso a derechos si cumplen las leyes correspondientes. Sin embargo, no se puede obviar la ausencia de libertades y de estado de derecho en la Isla, ni el recrudecimiento de la represión contra la población civil.

La enunciación de políticas migratorias restrictivas y reforzamiento fronterizo por parte de la Administración entrante de Trump no surte esperanza a estos cubanos que también deberán afrontar el prometido muro de contención y, si llegaran a cruzarlo, sufrir las condiciones de precariedad de una vida expuesta al desamparo de la ilegalidad.


La indignación suscitada en Miami por este crudo cierre de la puerta a una existencia más digna –escenario que, por cierto, se repite hoy alrededor del globo con un retintín xenófobo– nos recuerda nuestra humanidad compartida y el compromiso de tratar al prójimo con sumo respeto, estima y voluntad de colaboración. Estos días llaman al sacrificio en aras del deber; a la nobleza del alma. Los migrantes cubanos zozobrados en el camino no deben convertirse en estadísticas. Por convicción moral, el exilio está llamado a rescatarlos de la injusticia.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo, ensayista y cronista.

Siga a Daniel Shoer Roth en Twitter: @danielshoerroth

  Comentarios