Daniel Shoer Roth

El español, acervo multicultural norteamericano

Libros exhibidos el 15 de mayo de 2014 en la Feria del Libro en Español de Los Ángeles, LeáLA, que abrió las puertas de su cuarta edición con un mensaje a favor del bilingüismo y la importancia de fomentar el uso de este idioma en Estados Unidos especialmente entre los más jóvenes, que fueron los grandes protagonistas.
Libros exhibidos el 15 de mayo de 2014 en la Feria del Libro en Español de Los Ángeles, LeáLA, que abrió las puertas de su cuarta edición con un mensaje a favor del bilingüismo y la importancia de fomentar el uso de este idioma en Estados Unidos especialmente entre los más jóvenes, que fueron los grandes protagonistas. EFE

Desde que el intrépido cronista de Indias Álvar Núñez Cabeza de Vaca escribió, en 1542, la historia de su odisea en la Florida acompañando al explorador Pánfilo de Narváez, el idioma español ha estado enraizado al desarrollo cultural de los actuales Estados Unidos, mucho antes del anclaje de la embarcación inglesa Mayflower en la Nueva Inglaterra. Siglos más tarde, nombres de estados y ciudades a lo largo del país se mantienen fieles a los orígenes de sus poblaciones.

Bien o mal hablado, el español se ha conservado desde entonces, no obstante los caprichos de la Historia y los tratados internacionales de compraventa de territorios. No solo explica este fenómeno el crecimiento demográfico de un elevadísimo número de hispanohablantes, sino también su afianzado vínculo a la identidad a través del idioma materno. El español ya es de facto la segunda lengua de Estados Unidos.

El lenguaje es fuente de adquisición intelectual, base de la interacción humana, eficaz vehículo para comunicar las ideas. En la evolución del hombre y en la formación de su pensamiento, la lengua ocupa un sitial protagónico.

Pero, como Sancho Panza evoca en Don Quijote, “cuando a Roma fueres, haz como vieres”, para mostrarnos que en una tierra extraña hemos de acoplarnos a sus costumbres. Aquí es imperioso el aprendizaje del inglés, el idioma imperante. Es lo más sensato y práctico por parte de los inmigrantes. Por eso el conocimiento del inglés se evalúa en el examen para obtener la ciudadanía.

Ese equilibrio entre la aculturación y la preservación es nuevamente tema de debate tras la eliminación del contenido en español en la web de la Casa Blanca, medida atenuada posteriormente con la vuelta del idioma de Cervantes a la cuenta de Twitter de la residencia presidencial. Según los críticos, la decisión encaja con los postulados del movimiento English Only, estrechamente ligado con una postura antiinmigrante.

La exaltación de la homogeneidad y la suspicacia de lo heterogéneo emana de una visión circunscrita del futuro de esta nación, en la que priman alarmantes brotes de etnocentrismo negativo, supremacía blanca y una actitud internacional aislacionista y de xenofobia interna. Para los enemigos de las minorías, la diversidad lingüística no se aprecia como elemento positivo. Es lo contrario: se sienten amenazados por la novedad.

La Casa Blanca, como cualquier otra instancia de la administración pública norteamericana, no tiene obligación de acoger en su página de internet una sección en español o en ningún otro idioma extranjero. La supresión del material dirigido a lectores hispanohablantes no representa una prohibición ni menosprecia a esta población, mas sí plantea un entorno institucional hostil al bilingüismo.

Por mucho tiempo, en generaciones anteriores, hablar español en ciertas regiones era un estigma y no extrañaba que los padres prohibieran a sus hijos usarlo o identificarse con la etiqueta de “hispanos”. Sin embargo, la movilidad sociológica ascendiente de la comunidad latina, el aprecio por la interculturalidad en el ideario nacional y la urgencia en salir a buscar la identidad étnica perdida entre jóvenes de ascendencia hispana criados en el seno de familias asimiladas, impulsaron la vitalidad del español.

Como grupo, los hispanohablantes conformamos una sociedad multiétnica, multirracial, multirreligiosa, multicultural y pluralista. Cada uno de nosotros abriga su propia idiosincrasia y no debemos dejarnos encasillar como una masa homogénea. El idioma español, empero, es un patrimonio que nos une; un aro que ilumina nuestras almas.

Con un gran número de ladrillos, los inmigrantes ayudamos a levantar el alcázar de esta democracia norteamericana sobre los firmes cimientos morales de los Fundadores. La fidelidad a la tierra de acogida no excluye el amor a la patria de nacimiento ni exige el ocaso de las tradiciones o el idioma integrados al crisol de razas, culturas y nacionalidades que constituye Estados Unidos, donde el futuro del español es prometedor –háblelo o no un gobierno.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

Siga a Daniel Shoer Roth en Twitter: @danielshoerroth

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