Daniel Shoer Roth

Ni ducha ni comida para los vulnerables

Las personas comen en el Camillus House Dining Hall el viernes, 10 de febrero de 2017. Camilus House está reduciendo su escala y eventualmente cerrará su programa de servicios diarios, que proporciona duchas y comidas calientes a cientos de hombres y mujeres sin hogar en Miami. Sólo 150 hombres y mujeres serán admitidos, a partir de hoy, y en julio el programa estará cerrado.
Las personas comen en el Camillus House Dining Hall el viernes, 10 de febrero de 2017. Camilus House está reduciendo su escala y eventualmente cerrará su programa de servicios diarios, que proporciona duchas y comidas calientes a cientos de hombres y mujeres sin hogar en Miami. Sólo 150 hombres y mujeres serán admitidos, a partir de hoy, y en julio el programa estará cerrado. rkoltun@miamiherald.com

Resulta inaudito pero cierto: se extravió el corazón humano en algún rincón de Miami.

Reina la caridad en los lugares donde brilla el nombre de los generosos donantes, inscritos en placas y monumentos conmemorativos. La mies es mucha en la inversión pública para acomodar megacentros comerciales, proyectos urbanísticos privados y atraer prestigiosos eventos internacionales. Y qué decir de las contribuciones desmesuradas a las campañas políticas, fenómeno que deviene en el acceso desigual de la clase adinerada y los patrones corporativos a los regidores que toman las decisiones en nuestras comunidades.

Dinero, a decir verdad, no falta en esta ciudad cuando la adquisición de poder y prestigio son los objetivos. ¡Qué corra el champán y continúe la fiesta!

Entretanto, los desafortunados sin techo que merodean las calles del downtown entre suntuosos rascacielos y nuevos museos en búsqueda de pan y misericordia, ya no podrán quitarse la mugre de la piel ni apaciguar el estómago. Camillus House, faro de esperanza para los desamparados, no consiguió donaciones que sumaran el millón de dólares –monto que se pagó a Pitbull para promover nuestras playas– necesarios para salvar un programa que da a las personas sin hogar acceso diurno a una ducha y los alimenta con comida caliente.

Desde hace un año se sabía que, tarde o temprano, la amputación en subsidios federales a los organismos en Miami-Dade que atienden a esta población vulnerable iban a cobrar un precio muy alto. Se vaticinó un “efecto devastador” en los programas de albergue transicional, pues cientos de indigentes perderían sus lechos. Ante esta guerra avisada, se pensó que la comunidad respondería, los políticos pondrían de su parte y algún buen samaritano con fecundos caudales sacaría la chequera.

Ilusiones desmenuzadas y echadas abajo, al olvido.

Este viernes Camillus House comenzó a reducir las operaciones de su centro diurno, limitando la entrada a 110 hombres y 40 mujeres, dejando a cientos de otros a merced de la lluvia y los basureros. El aporte del Fideicomiso para los Desamparados se agota en julio, cuando el programa quedará extinto. Son precisamente los desamparados crónicos los más castigados, pues rehúsan vivir en refugios –o no hay cupo para ellos– y al menos podían satisfacer sus necesidades primarias a ciertas horas. El cierre también perjudicará a los negocios de la zona central, por los problemas sociales que a menudo acarrea este marginado segmento de la sociedad en las áreas donde se aglutinan desordenadamente.

Privar a las personas sin hogar del uso de un baño es un indicio de que, desafortunadamente, como sociedad, hemos perdido el sentido común y nos hemos vuelto legalistas y deshumanizados. Es un vergonzoso asalto a la dignidad de los menesterosos.

A la par de la reducción de fondos, abundan los esfuerzos de los gobiernos locales por desmigajar las protecciones que reciben los sin techo, además del acoso de las fuerzas del orden que sufren los bienhechores individuos y pequeñas organizaciones que alimentan a los mendigos a nivel de calle. Se pretende eliminar, por arte de magia, a esta población que padece miseria, algunos por falta de deseos de superación y por negarse rotundamente a recibir ayuda; otros porque el destino los desvió por el atajo de las tinieblas a raíz de desórdenes mentales u otras contrariedades de salud, como la drogadicción y traumas.

Hoy urge ayudar a los necesitados y apoyar obras como Camillus House y otras entidades en ese ámbito que terminan haciendo un favor, no solo a los beneficiarios de sus servicios, sino a la sociedad entera. También se precisan centros de capacitación laboral y consejería, e invertir en servicios de salud mental, descorriendo la cortina del estigma.

Los funcionarios electos locales, los líderes cívicos y empresariales, las instituciones religiosas y las agencias de desarrollo económico, así como las grandes corporaciones, deberían unirse en un frente común contra el flagelo de la pobreza en Miami. El primer paso es muy simple: decir adiós a la indiferencia.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

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