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Daniel Shoer Roth

Aflora lo mejor y lo peor del ser humano en la Florida

Una cadena de personas se formó en Panama City Beach, para salvar a miembros de una familia que se ahogaban por las corrientes.
Una cadena de personas se formó en Panama City Beach, para salvar a miembros de una familia que se ahogaban por las corrientes. Roberta Ursrey.

Al leer las noticias más populares de la semana, compruebo que la realidad de la vida opera conforme al principio taoísta de yin y yang, referente a la dualidad presente en todo lo existente en el universo. Aunque no sea absoluto, todo tiene su opuesto, especialmente la conducta humana y la regla moral.

Para reconocer la luz debemos perdernos en la oscuridad y, para saber lo que es el frío, hemos de sentir el calor.

Dotados de voluntad y libre albedrío, los seres humanos gozamos de la facultad de elegir, mediante decisiones tomadas en un santiamén, acciones y reacciones, en qué lado de la moneda preferimos acuñarnos. Se evidenció, casi simultáneamente, en una playa de Florida y una calle de West Kendall.

Jesús Esquivel se había quedado sin batería y bullía de ira, cual si hubiese llegado el apocalipsis. Llamó enfurecido a la asociación de auxilio al automovilista AAA, dado que la batería requerida para su Cadillac Escalade no estaba al alcance de la agencia. Profirió insultos y vulgaridades, exigiendo lo imposible en ese momento. Atento a su pesar, el despachador envió a un mecánico para asistirlo en la reparación del vehículo.

Con diligencia, Magdiel Hernández acudió a cumplir su trabajo, una faena de ayuda ciudadana que los conductores en general, angustiados en plena carretera, no valoramos lo suficiente y, sin embargo, nos saca de apuros. Poco después, tras un altercado verbal, el joven empleado de AAA de origen nicaragüense terminó acribillado a balazos. Esquivel, señalado del asesinato en segundo grado, se había molestado por el tiempo que demoró en arribar.

Encerrado en los estrechos confines de una mente distorsionada, el sujeto apostó a la tiranía del egocentrismo, en lugar de estimar el generoso intento de la víctima en socorrerlo. Con cada disparo, minó la fe en la humanidad, hizo trizas la facultad del razonamiento y tiñó de penumbra el candor del alma.

Tres días antes, en Panama City Beach, en el extremo noroeste de la península floridana, Roberta Ursrey escuchó los alaridos de sus hijos de 11 y 8 años, arrastrados a gran velocidad por una fuerte corriente marina. Precipitada por el instinto maternal, ese vínculo afectivo sin barreras, corrió al rescate de sus amados retoños, pero también ella, junto a su madre y otros miembros de la familia, quedaron atrapados en la resaca en un agónica lucha por mantenerse a flote.

Al divisar la emergencia, Jessica Simmons y su esposo convocaron con premura a los bañistas alrededor suyo y, como eslabones de un bien mayor, desconocidos fueron tomándose de la mano hasta constituir una estupenda cadena humana comprometida a salvar a unos extraños pese a los riesgos propios. Unas 80 personas enlazadas lograron halar hasta la orilla, uno a uno, a los casi ahogados.

Aquellos bañistas no estaban dispuestos a sumergirse en la indiferencia y quedarse ahí, impávidos ante la tragedia ajena, sino que tomaron acción a fin de socorrer las necesidades de otros. Vivifica constatar cómo la solidaridad espontánea de esa gente, sin rescatistas profesionales, salvó tantas vidas. Invirtieron el rumbo de la corriente y fueron hacia lo alto, hacia la vida, hacia el espíritu.

Esos niños posiblemente serán proclives a gestos de afecto, a demostraciones de altruismo y al desarrollo de la empatía con las emociones de los demás, mientras que los familiares de la víctima del homicidio por un motor vehicular han sido condenados al dolor, al trauma, a la desconfianza que distancia del prójimo.

Ambos episodios, tan heterogéneos en su naturaleza, alcanzan una interconexión y nos surten una valiosa lección sobre el bien y el mal derivados del libre albedrío. La vida nos emplaza en situaciones, geografías y tiempos. Pero es uno mismo el dueño de la última palabra, al elegir una dirección para el pensamiento o la acción.

Escritor, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

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Esta historia fue publicada originalmente el 15 de julio de 2017, 9:25 a. m..

Daniel Shoer Roth
Opinion Contributor,
el Nuevo Herald
Daniel Shoer Roth es el Editor de Sociedad y Servicio Público para el Nuevo Herald y Miami Herald. Galardonado autor, biógrafo, periodista, cronista y editor con más de 25 años en la plantilla de el Nuevo Herald, se ha desempeñado como reportero, columnista de noticias, productor de crecimiento digital y editor de Acceso Miami.
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