Que la paz llegue a la sepultura de Oswaldo Payá y a su familia
Toda muerte violenta y provocada sumerge a una familia y su comunidad en el golpe de un duelo colectivo que irremediablemente se vive, se supera e implica un aprendizaje de crecimiento, mas no deja de sentirse punzante en el alma, inclusive cuando la víctima recorre un camino de vida después de perecer.
Así pudieran resumirse, desde un vistazo filosófico, cinco años de agonía ante la incertidumbre –y de impotencia ante la impunidad– padecidos, no solo por la valerosa familia de Oswaldo Payá Sardiñas, sino también por la disidencia cubana, que perdió hace cinco años a uno de sus más distinguidos dirigentes, y por el exilio, que divisó en la gran talla moral de su figura la llamada a liderar la democratización de Cuba.
Su familia, gobiernos y entidades a favor de los derechos humanos continúan exigiendo una investigación internacional autónoma que esclarezca el deceso, clasificado por el sistema judicial cubano como un “accidente de tránsito”, del ingeniero de electromedicina que fundó el Movimiento Cristiano Liberación (MCL) en 1988 con la meta de promover las libertades civiles en Cuba mediante la resistencia no violenta. Payá se encumbró en la década de 1990, tras organizar el Proyecto Varela, un proceso de recolección de firmas que propuso la convocatoria a un referendo en aras de enmendar la Constitución, dando así un giro pluripartidista, un paso a la iniciativa privada y un impulso al mejoramiento del tejido social.
Una anécdota local de aquellos tiempos: se recogieron unas 20,000 firmas entre los cubanos de la diáspora, entonces guardianes de una ilusión afianzada en el áncora de la esperanza. Monseñor Agustín Román fue el principal rostro sacerdotal en esa ávida gestión de índole cívica. Un año antes, inició su propio empeño de concienciación sobre los beneficios del Proyecto ante la polarización que este suscitaba en Florida. “Estoy convencido de que merece el apoyo de todos los que queremos ver un cambio verdadero y pacífico en Cuba”, afirmaba, resaltando el cariz inclusivo, pues amalgamaba a los coterráneos dentro y fuera del territorio nacional.
Es un hombre de fe que no porta armas, que no ha confundido la firmeza con la arrogancia y a quien su probado valor personal no le impide hablar desde la razón y la serenidad, con respeto para los que no comparten sus ideas
Monseñor Román sobre Oswaldo Payá
Una amistad diáfana vinculó al primer clérigo cubano nombrado obispo en la Iglesia Católica de Estados Unidos con Payá, en cuyas convicciones patrióticas y democráticas el eclesiástico advirtió una hoja de ruta para solventar el conflicto de la violación de los derechos humanos en la Isla.
Payá es “un cubano humilde, un trabajador que suda su camisa y se transporta en bicicleta, compartiendo la opresión y las penurias con el resto de la población”, manifestó Román en una prédica fechada en 2002. “Es un hombre de fe que no porta armas, que no ha confundido la firmeza con la arrogancia y a quien su probado valor personal no le impide hablar desde la razón y la serenidad, con respeto para los que no comparten sus ideas, incluyendo aún a los que le persiguen y los que le calumnian”.
En el décimo aniversario de la entrega de las firmas en la Asamblea Nacional, el galardonado con el Premio Sájarov del Parlamento Europeo emitió declaraciones evocando las palabras del prelado de Miami, quien definió a este “un proyecto libertador”, porque su pilar es la transformación de los cubanos en “protagonistas de su propia liberación”.
Tristemente, Payá jamás podrá ser protagonista de su liberación en una Cuba poscastrista con la que tanto soñó. Falleció junto a Harold Cepero, otro opositor del MCL. La evidencia apunta a un asesinato premeditado orquestado por la Seguridad del Estado; no a un accidente. Han trascurrido cinco 22 de julio desde la fatalidad y, cada día, tenaz en la virtud y la audacia de su padre, su hija Rosa María sigue buscando la paz, determinada a honrar la memoria y el legado del hombre ejemplar.
La muralla de la indiferencia y el olvido no debe erigirse en torno a esa muerte que tantos hoy lloran, en la jaula del Mar Caribe y afuera. La justicia se perfila como el único alivio de su desgracia.
Escritor y periodista venezolano, autor de la biografía autorizada “Agustín Román: Pastor, Profeta, Patriarca”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 21 de julio de 2017, 8:29 p. m. with the headline "Que la paz llegue a la sepultura de Oswaldo Payá y a su familia."