Daniel Shoer Roth

Se burlaban de ella por gorda e hispana, así que la niña se suicidó

Las compañeras de la vivienda comunal se mofaban hasta la saciedad de Giulianna Ramos Bermúdez por su gordura, su marcado acento hispano y su condición de madre adolescente soltera.
Las compañeras de la vivienda comunal se mofaban hasta la saciedad de Giulianna Ramos Bermúdez por su gordura, su marcado acento hispano y su condición de madre adolescente soltera.

No solo en la escritura las palabras son poderosas como las espadas.

En el habla pueden conducir a la muerte si son ponzoñosas y escuchadas por menores vulnerables, rechazados y solitarios.

El caso más notorio acaeció en Massachusetts, donde un tribunal condenó por homicidio involuntario a una joven que incitó a su novio, a través de escalofriantes mensajes de texto, a ejecutar sus planes para suicidarse. “Hazlo y punto”, insistió Michelle Carter a Conrad Roy. El chico, que había sufrido abusos familiares y tenía un historial depresivo, se quitó la vida inhalando monóxido de carbono.

Sin ir tan lejos, una menor hispana en una casa de acogida en Orlando bajo custodia del Estado de la Florida se estranguló con un cinturón una noche a finales de junio, negándose a ella misma un futuro y nublando el de su criatura de dos años. Las compañeras de la vivienda comunal se mofaban hasta la saciedad de Giulianna Ramos Bermúdez por su gordura, su marcado acento hispano y su condición de madre adolescente soltera.

A los 16 años, Giulianna no halló mejor salida que el sueño eterno. No solo había sido humillada por otras niñas que, a su vez, sintieron en su propia piel la miseria humana, sino que, además, fue abandonada por una sociedad que predica amor infantil y no lo cumple. Ya nadie quiere alimentar y educar al huérfano. ¿Quién socorre a estos pequeños acosados por la violencia de los malvados?

Una compañera de la difunta narró al Miami Herald el calvario de su amiga, bajo tutela del Departamento de Niños y Familias (DCF) desde hace cuatro años, cuando sus investigadores recibieron denuncias del abuso físico y alegatos de abuso sexual en el hogar materno. Giulianna apenas tenía 13 años –y ya estaba embarazada.

En meses recientes, las autoridades le arrebataron a la bebé de sus brazos. Cuando imploró que le dejaran quedársela, se lo negaron, agitando aún más el vendaval de atribuladas emociones que bullían en su interior. Antes de ahorcarse, estaba exasperada, pues ansiaba volver a arrullar a ese frágil ser que había nacido de sus entrañas.

Su tragedia es el tercer suicidio de una menor en custodia del sistema de bienestar infantil estatal en menos de un año, fenómeno sumamente preocupante por la irresponsabilidad institucional y la falta de preparación de los padres de crianza. En un santiamén se marchitan florecientes vidas que carecen del apoyo de una familia consanguínea amorosa y de una comunidad que los defienda.

En enero, una adolescente de 14 años se estranguló con una bufanda en su hogar de acogida en Miami Gardens. El incidente protagonizó titulares porque ultimó los preparativos para su renunciamiento supremo en tiempo real en Facebook Live, mientras amigos virtuales se reían, le proferían epítetos y reaccionaban con emoticonos de caritas risueñas. Nakia Venant había sido violada en uno de los diez hogares de crianza por los que pasó y con razón perdió la fe en la humanidad.

Como ella, en un refugio de los Cayos floridanos para niños separados de familias biológicas en cuyo seno navega un galeón de atrocidades, se estranguló Lauryn Martin, de 16 años. Unos años antes, fue adoptada del cuidado tutelar, pero la desdicha volvió a rugir como antes cuando los padres adoptivos la devolvieron al Estado como mercancía defectuosa.

La situación es penosa y no solo afecta a menores en hogares de crianza. Con demasiada frecuencia niños se roban su vida por despecho, soledad, por el rechazo sistemático de sus compañeros de escuela o la repulsión de sus padres.

Si bien desconozco las soluciones, un comienzo sería sensibilizarnos y preocuparnos más, no solo por los huérfanos, sino también por los indigentes, los enfermos, los adictos, los discapacitados, los desamparados y los vejados por cualquier causa. Rescatemos hoy nuestro patrimonio esencial –la esperanza– que estas tres niñas perdieron, así como nuestro compromiso a luchar para que todos tengan vida en plenitud.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

Siga a Daniel Shoer Roth en Twitter: @DanielShoerRoth

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