Daniel Shoer Roth

Tarea para policía: dos multas por hora

Un vehículo de la FHP en la carretera 836, el jueves, 8 de junio de 2017.
Un vehículo de la FHP en la carretera 836, el jueves, 8 de junio de 2017. emichot@miamiherald.com

Con sus dientes afilados de un blanco brillante y sus capas negras forradas en seda roja, los vemos ocultos en las carreteras, dotados de un sistema de ubicación por resonancia mejor que el de los murciélagos. Aguardan sigilosamente por el aullido de los lobos, esos automovilistas que conducen con sus fauces abiertas a velocidades de halcones peregrinos.

Es la ley de la selva. No en los bosques de Transilvania, sino en las autopistas de la Florida, auténticas junglas de asfalto.

También en las avenidas y encrucijadas de camino, en las curvas y callejuelas, en apacibles vecindarios residenciales y revoltosos centros urbanos. Conductores arbitrarios e irresponsables abundan, así como policías ávidos por recoger la mies, libreta en mano, multando a diestra y siniestra.

A veces pareciera excesiva la aplicación, al pie de la letra, de las normas de tránsito, cuando la delincuencia común y la violencia armada, en espiral alcista, requieren más atención de las agencias del orden público. ¿Por qué ensañarse contra esa pobre anciana que rebasó el límite de velocidad si hay malhechores rondando en la cercanía disponiendo a su arbitrio de la propiedad ajena?

La respuesta cabal es revelada en un comunicado electrónico enviado por un alto oficial de la Patrulla de Carreteras de Florida (FHP) a sus subordinados en ocho condados: “La patrulla quisiera ver dos multas cada hora”, por cada patrullero, informó el mes pasado el comandante Mark Welch, haciendo de la seguridad pública una suerte de fábrica de salchichas.

No era una cuota, aclaró, sino un vehículo de ingresos para pagar overtime a estos vigilantes del andar que, no obstante las vicisitudes de su faena expuestos a los caprichos de la naturaleza subtropical, están entre los peor remunerados en Estados Unidos.

La carta desvelada por la corresponsalía del Miami Herald en la capital del Estado del Sol arroja luces sobre un cochinito de alcancía que encarnamos los contribuyentes, adaptados a pagar los platos rotos de la administración pública y del despilfarro del erario de mil maneras: cobros de peaje por doquier, cámaras de luz roja en los semáforos, infracciones de tránsito y remolques, ascendentes tarifas en los servicios públicos, voraces parquímetros, aranceles a uno y otro trámite municipal, costas judiciales intimidantes…

La peor ironía de una autoridad es la explicación que ofrece al Herald el teniente coronel Mike Thomas en defensa de su colega: su objetivo era motivar a los uniformados “a salir, a parar a los conductores, tener contacto con el público, educarlo”.

La noticia de la “no-cuota” de dos multas por hora causó furor e ira entre automovilistas y defensores del consumidor. La encomienda transgrede la ley estatal y fomenta los abusos entre agentes mortificados por ganarse el pan.

Como la verdad posaba ya desnuda en el ciberespacio, la jefa del Departamento de Seguridad de Carreteras, Terry Rhodes, intentó ponerle ropaje con otro memorando a la cúpula directiva de la FHP: “Las cuotas no tienen cabida en la Patrulla de Carreteras de Florida”, escribió, al desvincular los parámetros de rendimiento de los empleados de la cantidad de multas impuestas.

En Miami-Dade, por ejemplo, a los patrulleros que cumplieron la meta prevista de sanciones por cabeza en marzo, les concedieron, en compensación, un fin de semana libre en abril.

Al veloz crecimiento poblacional de Florida lo acompañan nuevos retos a fin de mantener el orden público. Más vehículos circulan en las carreteras y lógicamente proliferan más choferes de conductas falibles. Es necesario, sí, prevenir accidentes y velar por la seguridad vehicular, pero forzar la mano dura para gravar más impuestos a la ciudadanía erosiona la confianza que esta deposita en los responsables de ejercer el cumplimiento de la ley.

Tampoco es razonable que el Estado pague tan mal a agentes de la FHP arrojados a la jungla pavimentada, cuando en el gabinete del Gobernador funcionarios sin suficiente experiencia devengan sumas jugosas en la comodidad del poder. Ese poder chupasangre pegado a la yugular de los floridanos que se han quedado sin madera.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista de Miami.

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