Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: Las cavernas de hoy

Muy pocos tenemos la dicha de que nos lleven a conocer el hielo, como al coronel Aureliano Buendía aquella remota tarde. Más bien, pareciera que vivimos la Alegoría de la Caverna: somos prisioneros encadenados de cuello y piernas que vemos las sombras de los objetos proyectados en un muro a la luz de una hoguera, o logramos liberarnos y escapar por una escarpada subida a la realidad bajo un sol que encarna el bien.

Con esta célebre metáfora, Platón explicó el núcleo medular de su filosofía: la Teoría de las Ideas. En la oscuridad subterránea, somos engañados por las apariencias y sucumbimos en la ignorancia; en la claridad exterior, yace el ámbito inteligible de la verdad y la inteligencia.

Ese dualismo ontológico lo atestiguamos en la actualidad, aquí y ahora. En Venezuela, el socialismo del siglo XXI fija su mirada en las sombras del castrismo comunismo. Por el borde más alto de la cueva, desfilan individuos cuyas siluetas se reflejan en la pared. Portan esculturas que simbolizan distintos conceptos: represión, censura, hambre, violencia. El eco de las voces que escuchan los “prisioneros” tiene estridentes tonos: mentiras, paranoias, incitación al odio, retórica antiamericana.

Entretanto, los venezolanos que quebraron las cadenas y salieron al exterior, particularmente a Miami, han descubierto las formas y los métodos aplicados por los cubanos en el exilio para obrar con sabiduría a la hora de ondear la bandera de las nociones innatas de las cosas: libertad, seguridad, prosperidad, derechos. Cada una de estas ideas tiene existencia por sí misma en el fondo del alma. Razón suficiente para continuar denunciando, con voz cristalina, el mal espantoso calcado con macabra maestría.

Ejemplos recientes a ese respecto abundan. El régimen de Maduro pretende borrar de la faz del territorio nacional los medios de comunicación independientes y objetivos, como acaeció en Cuba décadas atrás. Pero la universalidad de la internet y las redes sociales desafía el férreo control, dejando en la libertad de expresión la supremacía de la palabra. Ahora, amenaza con amordazar al escurridizo pajarito de Twitter, que en su pico lleva la verdad al mundo acerca de las atrocidades cometidas. La tecnología digital también supone un obstáculo para La Habana. Por eso la isla posee una de las tasas más bajas de penetración de internet en el globo. Tajantemente, cortan las alas del azulejo.

Desvelado por completo el rostro totalitario del madurismo, ya no hay careta que disimule la sangre derramada de sus colmillos. La furia desmedida del lobo era casi previsible. De un solo mordisco, trituró a estudiantes y manifestantes, y en los brazos de la muerte dejó el razonamiento. Hoy también intenta desmembrar el denuedo de los escuderos de los derechos humanos y los presos políticos. ¿Qué modelo olfatea la bestia? Sin esperanzas, sofocados por el castrismo en medio de un miedo profundo, así han quedado los cubanos en su tierra, postrados en el lecho del sufrimiento. E igual desean los miserables infligir a los venezolanos un incesante grito lastimero.

Lejos de las lóbregas cavernas, los venezolanos en el sur de Florida siguen un modelo distinto: el ejemplar.

La semana pasada, una docena de organizaciones de expatriados puso en marcha una loable iniciativa ciudadana en aras de secundar las sanciones aprobadas por la Casa Blanca contra la jauría allende los mares. Se recaudarán cartas de apoyo firmadas por aquellos que enarbolan la paz, el estado de derecho y la democracia; personas que no enmudecen ante la agonía de los idealistas corderos. ¿Cuántas peticiones y cartas, desde que hace más de medio siglo les fue hurtada la patria, no han firmado los cubanos en esta costa del Estrecho de Florida?

Aquella vez que se impulsó una transición democrática y pacífica en la isla a fin de avanzar, desde dentro, el mejoramiento económico y moral de la sociedad cubana mediante el Proyecto Varela, solidariamente se reunieron veinte mil firmas entre los cubanos de la diáspora que guardaban una ilusión afianzada en el áncora de la esperanza. Es así. Cuando el dolor de la pérdida toca a las puertas del alma, el empeño del ser humano es ofrecer lo mejor de sí mismo.

Fueron los exiliados cubanos los primeros en vaticinar, a finales de la década de los noventa, la ominosa tragedia que se cerniría de nuevo sobre este otro sufrido pueblo, el venezolano. Lo sabían porque ya habían distinguido entre lo que se cree verdadero a la luz del fuego en la caverna, y lo auténtico del mundo cognoscible, que es la idea platónica del bien universal.

En la alegoría del gran filósofo ateniense, un día el prisionero liberado recordó su última morada. Consciente de que había vivido engañado, regresó con la meta de alertar a sus compañeros de cautiverio sobre el mundo real. Los cautivos rieron, se mofaron y lo tomaron por trastornado. Los venezolanos en Miami debemos velar para que en nuestro país no se cumpla el desenlace de aquel mito.

  Comentarios