Daniel Shoer Roth

La Ermita, ‘muro de las lamentaciones’ del exilio cubano, cumple 50 años

La Ermita cumple 50 años

La Ermita, ‘muro de las lamentaciones’ del exilio cubano, cumple 50 años
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La Ermita, ‘muro de las lamentaciones’ del exilio cubano, cumple 50 años

“Será un lugar donde al llegar junto a nuestra Patrona, podamos salir más cristianos y más cubanos. Será un lugar ideal donde podamos encontrar junto a ella la paz espiritual”.

Agustín Román (1967)

Una noche entresemana a finales de abril, fui a cubrir para una publicación eclesial una improvisada misa en la Ermita de la Caridad que bien ilustra el pasado, presente y futuro de este santuario fundado hace medio siglo, símbolo de la fe católica y de la hispanidad en Miami.

Visitaban la ciudad tres misioneros italianos que evangelizan en la Diócesis de Santa Clara, donde hay escasez de sacerdotes y las comunidades se encuentran en una etapa incipiente de formación. Vinieron a compartir con fieles de sus parroquias –Manacas, Esperanza y Santo Domingo– que emigraron en época reciente y extrañan a sus párrocos.

Pero no todos conocían a estos clérigos provenientes de la región eclesiástica de Liguria. Había también feligresía del llamado exilio histórico, cubanos que pertenecían a esas parroquias antes de que la isla fuera descristianizada por el régimen comunista, y han escuchado de la perseverancia y eficaz atención pastoral prestada por ellos a las iglesias de su infancia.

“Vinimos a representar a nuestra parroquia de allá, con la que nunca hemos perdido el contacto”, señaló Silvio González, exiliado desde hace medio siglo. Por su parte, Carlos González, quien salió de Cuba en noviembre pasado, comentó que el número de católicos en el municipio de Santo Domingo ha crecido gracias a labor de los predicadores del país de los papas. “No porque regalen cosas –precisó–. Sino porque realmente lograron tocar los corazones de todos los que no creían”.

Exiliados cubanos se reunieron en La Ermita de La Caridad en Coconut Grove a dos días de la muerte de Fidel Castro.

Desde que una capillita con una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, traída en una travesía clandestina de Cuba, abrió en 1967, el catolicismo cubano y la fe de sus creyentes se han sostenido con firmeza en la diáspora. El santuario fue creado para mantener unidos a los cubanos, muy practicantes entonces, a la Iglesia de donde surgieron. La mayoría de esos pioneros ha muerto, sin embargo, 50 años después, los cubanos siguen llegando, hoy con escasa formación cristiana, y la Ermita perpetúa su misión.

“El cubano cuando va a la iglesia necesita ser acogido; sentirse que aquello es de uno”, me explicó el arzobispo de Santiago de Cuba, Dionisio García Ibáñez, tiempo atrás. “En Cuba, puede haber una persona que no sea ni creyente, pero, cuando mira la iglesia del pueblo, dice: ‘esa es mi iglesia’. Entonces, eso había que vivirlo aquí [en Miami]”.

Miles de cubanos en el Sur de Florida y católicos de otras nacionalidades participarán este viernes en la Fiesta de Nuestra Señora de la Caridad. Pero, en general, poco ha hecho la comunidad para exaltar el cincuentenario de la Ermita, el motor de esa multitudinaria misa.

La iniciativa del santuario correspondió al obispo de Miami Coleman Carroll, quien el 8 de septiembre de 1966 hizo un llamado a los exiliados a fin de que levantaran un lugar de culto mariano. Días antes de la consagración de la capilla, leyendo el órgano informativo de la Diócesis, el padre Agustín Román se enteró que había sido designado capellán. Pronto comenzaron las peregrinaciones ordenadas en torno a los municipios de Cuba. También se organizaron romerías, que avivaron las tradiciones más ricas y con más arraigo en el alma de los cubanos.

Progresó con los sudores del destierro, con la humildad, sencillez y pobreza de los servidores laicos que contribuían con “kilos prietos”. “Eran sacos y sacos de centavos que había que llevar al banco diariamente”, me relató Monseñor Román en una de numerosas entrevistas. Una de sus metáforas favoritas era referirse a la Ermita como “el muro de las lamentaciones del exilio cubano”, por los dolores, pesares y añoranzas que ahí se han descargado.

La Ermita es la historia de una colonia de devotos de la Virgen que se confían a ella en absoluta entrega, en la que todo cubano encuentra cabida y una calurosa acogida.

Periodista y autor de la biografía de Agustín Román “Pastor, Profeta, Patriarca”. Columna dedicada a Gina Nieto y a los demás pioneros de la Archicofradía de la Ermita.

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