Daniel Shoer Roth

El infierno en el asilo y las llamadas al gobernador

Vehículos policiales rodean el Centro de Rehabilitación en Hollywood Hills, ocho de cuyos residentes murieron tras el paso del huracán Irma.
Vehículos policiales rodean el Centro de Rehabilitación en Hollywood Hills, ocho de cuyos residentes murieron tras el paso del huracán Irma. Sun Sentinel

Pese a los huracanes, los terremotos, el eclipse solar del siglo, las amenazas nucleares y otros sucesos que sembraron pánico entre la gente más supersticiosa, no se cumplió una teoría conspiratoria sobre el apocalipsis que apuntaba al pasado 23 de septiembre como el fin del mundo.

Ha abundado, sí, el sufrimiento por situaciones catastróficas ocasionadas por agentes naturales y humanos. Harvey, Irma, María, México, terrorismo, genocidio… momento oportuno para acogerse a la sabiduría de Mafalda: “¡Paren el mundo, me quiero bajar!”.

Ante las imágenes de destrucción total, ha quedado relegada en la opinión pública, no solo la tragedia en el Centro de Rehabilitación en Hollywood Hills, donde fallecieron asfixiados 11 ancianos por fallas en el sistema de climatización tras el paso de Irma, sino también los problemas socioculturales subyacentes y el desinterés en la dignidad de las personas de edad avanzada.

Parece innegable que la responsabilidad de las muertes, presuntamente por negligencia deliberada, recae sobre el liderazgo de Hollywood Hills. Las víctimas y sus familias contaban con el buen criterio y los conocimientos especializados del personal para proteger a los individuos frágiles e indefensos. La tragedia pudo evitarse si hubieran utilizado el sentido común: caminar unos pasos para pedir auxilio en un hospital aledaño plenamente operacional.

Radiografía del horror y la ineptitud. ¿Por qué este asilo con un pobre historial en las inspecciones no evacuó a los residentes vulnerables? ¿Qué cultura de calidad hospitalaria prevalece en un centro para el cuidado continuo donde la seguridad del paciente y la atención segura no son absoluta prioridad?

El abuso y el descuido de los ancianos, por acción u omisión, en los centros de vida asistida es un problema recurrente en el Sur de Florida, donde es alto el índice de población de la tercera edad. De hecho, se ha evidenciado que en algunos establecimientos ni siquiera les suministran los mínimos cuidados higiénicos y asistenciales. También hay que dejar claro que en esta industria hay muchos con vocación y entrega que brindan excelente servicio en un ámbito muy delicado. El Estado, por otra parte, presenta graves deficiencias en la regulación y supervisión.

Otro asunto clave poco aludido es la obligación de los familiares que ingresan a sus seres queridos en los asilos y a veces se olvidan de ellos porque los consideran una carga. ¿Cuántos no reciben visitas y carecen del calor humano? Es un fenómeno sociocultural. En nuestros países, a los abuelos los cuidábamos en el hogar con cariño y respeto inigualables. En Estados Unidos nadie tiene tiempo y es demasiado costoso contratar a un ayudante. Entonces viene la decrepitud y la enfermedad, y la gente fallece rodeada de extraños en un inhóspito entorno.

Ante la amenaza de Irma, algunos familiares de los residentes de Hollywood Hills consideraron trasladarlos a casa, mas apostaron a que estarían más seguros allí. “¿Qué hago con mi mamá? ¿Me la llevo o la dejo?”, debatió la hija de una paciente con Alzheimer. “Si me la llevo, necesito una ambulancia; necesito un ayudante personal”.

Los administradores del asilo –cuya licencia fue suspendida– sostienen que en medio del caos, horas antes del primer deceso, dejaron cuatro recados en el celular personal de Rick Scott implorando por su auxilio. Esta semana se supo que el despacho del gobernador borró los mensajes, catalogados “transitorios” y “obsoletos” por funcionarios estatales, después de pasar la información a los organismos pertinentes.

Las grabaciones telefónicas son importantes registros públicos para establecer la veracidad del argumento del centro y precisar qué medidas tomó el gobernador a fin de atajar la emergencia de vida o muerte. La celeridad con la que fueron eliminadas arroja una sombra sobre su desempeño y el de sus allegados. Se trata de un problema de transparencia gubernamental latente a lo largo de su gestión. Ahora se culpan unos a otros y se embrolla la investigación.

Que se haga justicia con los verdaderos culpables y la población en general asimile la necesidad de honrar y amparar a los ancianos, y preferiblemente mantenerlos en el seno familiar. Olvidarlos y dejarlos morir es el “apocalipsis” de los valores.

Escritor venezolano, periodista, traductor y asesor de comunicaciones. Siga al autor en Facebook y Twitter: @DanielShoerRoth.

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