Daniel Shoer Roth

Gobierno del Condado Miami-Dade facilita el abuso infantil

Dicen que el amor de padres a hijos es incondicional. Son frutos del vientre, razón de existir, bendición de Dios. Ese amor es el respeto a su esencia de ser, a su valor personal independientemente de que sean aplicados o desordenados; gorditos o flacos; tengan éxitos o fracasos; virtudes o defectos…

Sean como sean, los padres prometen aceptarlos y luchar por verlos felices.

No siempre, particularmente cuando intuyen o descubren, debido a conductas del género opuesto e intereses por ellos expresados incompatibles con los cánones tradicionales, que el hijo es gay o lesbiana. De inmediato surgen las culpas, la furia, los miedos, la vergüenza. El amor empieza a condicionarse. Ya no es un deber aceptar al retoño y quererlo tal como vino al mundo. Más bien es imperioso cambiarlo y “enderezarlo”, a menudo con medidas preventivas, coercitivas y punitivas.

El Condado Miami-Dade se adscribe a esta corriente de pensamiento que atenta contra la dignidad y salud mental de los menores. Sus líderes no son capaces de verlos con derechos propios, merecedores de su ámbito de libertad indivisible. Si los padres los obligan a ser otros, plantando las semillas de baja autoestima, conductas autodestructivas y miseria espiritual, pues bien, adelante.

Esa visión se cristalizó cuando los comisionados dieron la espalda a la ciencia y la moral esta semana, al negarse a prohibir las “terapias de conversión”, también denominadas reparativas o de reorientación sexual. Este polémico tratamiento –fustigado por la Asociación Norteamericana de Sicología (APA) y la Academia Norteamericana de Pediatría, entre otras organizaciones médicas– promete “curar” la homosexualidad mediante la modificación del comportamiento, la supresión del deseo, el sicoanálisis y la consejería religiosa.

Los argumentos a favor de la terapia parten de una creencia ideológica que condena la homosexualidad y la considera enfermedad mental, un antiguo mito desmentido por el consenso científico desde los años setenta e incluso hoy por la doctrina institucional religiosa. Se ha comprobado que la orientación sexual e identidad de género son de carácter innato y están determinadas por factores genéticos, biológicos y ambientales. Las terapias de conversión son incapaces de cumplir sus promesas.

Pero sí abarcan grandes riesgos “como depresión, ansiedad y conductas autodestructivas; cuando el terapeuta muestra los mismos prejuicios que la sociedad, esto puede reforzar el odio que el paciente siente hacia sí mismo”, concluye la APA. Esto explica por qué estados y ciudades del país, entre estas Miami y Miami Beach, han promulgado ordenanzas que prohíben someter a menores de edad a este abuso cuyas heridas emocionales no se perciben a simple vista, mas sí pueden ser vitalicias e incluso conducir al suicidio.

Las autoridades del Condado objetaron proteger a los niños, alegando que el gobierno local interferiría con el derecho paternal a tomar decisiones sobre la salud mental de su hijo y a tratar asuntos de índole sexual en el seno familiar. No obstante, tanto el Condado como el Estado de Florida –también opuesto a vedar esta terapia perniciosa– sí apoyan retirar la custodia de los hijos a padres que cometen abuso físico, negligencia o presentan problemas de consumo de sustancias. En esos casos, ¿no vulneran el derecho de padres a criar a los hijos con sus criterios?

Existe una obligación moral, por supuesto, a intervenir en defensa del menor, la misma que debe prevalecer a fin de salvaguardar a los niños de minorías sexuales de la homofobia de sus padres, quienes, en el fondo, sienten aversión por sus propios miedos a la diferencia, al qué dirán los vecinos, al tener que modificar sus expectativas sobre el futuro.

Hace falta promover la educación de modo que los padres de adolescentes gay en Miami comprendan que la homosexualidad no se elige ni se cambia. Es más útil aceptarlos, respetarlos y reiterarles el amor incondicional, preparándolos parar enfrentar la hostilidad que aguarda afuera. Estos jóvenes tienen derecho a vivir una vida digna sin luchar contra su naturaleza ni sus instintos.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y asesor de comunicaciones.

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