Daniel Shoer Roth

¿Pueden los venezolanos en la diáspora opinar sobre Venezuela?

Algunos venezolanos en el extranjero han sido criticados por compartir fotos alegres en las redes sociales, cuando Venezuela está pasando por una grave crisis económica y política, escribe Daniel Shoer Roth.
Algunos venezolanos en el extranjero han sido criticados por compartir fotos alegres en las redes sociales, cuando Venezuela está pasando por una grave crisis económica y política, escribe Daniel Shoer Roth. Cortesía: Daniel Shoer Roth

Durante las protestas en Venezuela que dejaron más de un centenar de fallecidos, un amigo venezolano en Miami que trabaja en organización de fiestas publicó una foto en Facebook en la que sonreía junto a compañeros de equipo en un restaurante, mientras ultimaban los preparativos para el evento.

Era una foto de esas que captan un instante del cotidiano, casi siempre animado porque es una red social. Pero la imagen pronto desató una polémica al cuestionar un usuario en Venezuela su percibida alegría en momentos en que “nosotros los venezolanos estamos de luto y de duelo en duelo y de lágrimas en lágrimas”, sin que “les importe ni a los venezolanos” en el mundo.

Otro de los fotografiados respondió: “Parece que tendríamos que estar vestidos de luto cerrado, con mantilla en cara, para así evidenciar que a nosotros también nos afecta la tragedia en Venezuela”.

Esta modalidad de enfrentamientos en el ciberespacio –algunos con un tono más virulento– lamentablemente es cada día más común entre los venezolanos en el territorio nacional y la diáspora. Y fractura aún más a la mayoría opositora al régimen totalitario chavista, para beneficio de este.

A menudo se pone en tela de juicio el sentido de identificación y pertenencia con Venezuela tanto de venezolanos asentados en el exterior por razones diversas desde hace tiempo como de aquellos escapados en años recientes del peligro, la miseria y la desesperanza.

Por un lado, llueven críticas al compartirse momentos de fraternidad y regocijo en encuentros familiares, ceremonias, viajes, o simplemente por manifestarse la alegría de vivir. Pero más controversia y riña, no solo en redes sociales y blogs sino en la opinión pública, genera la valoración de los venezolanos en el exterior sobre la problemática interna. Es un fenómeno viral repleto de saña e irritación. La gente termina amistades, condena la divergencia de pensamiento y amenaza con eliminar de su Facebook a todo el que…

Según argumenta el sector de venezolanos que fustiga la libre expresión de los coterráneos en el extranjero, estos últimos supuestamente no tienen derecho a plantear soluciones ni a criticar acciones de la oposición –recrudecidas tras las fraudulentas elecciones regionales del pasado domingo– porque no padecen en carne propia el hambre, la inseguridad, la galopante inflación y la vulneración de los derechos fundamentales.

Ciertamente son ellos los expuestos a la persecución, un hecho que ningún venezolano afuera cuestiona y todos sí lamentan. El dolor humano y el peligro se vuelven intolerables en Venezuela; por eso tantos emigran con manos vacías dispuestos a encarar la incertidumbre. No obstante, la distancia geográfica no hace a los venezolanos menos venezolanos, ni disminuye su vehemente deseo de ver a su patria libre del chavismo y del salvajismo; próspera, democrática y civilizada como otrora fue.

Por el costo de la libertad y la seguridad, hoy forasteros y extranjeros pagaron con una desgarradora separación de sus familias, vecindarios y entornos. Llevaron a Venezuela en el corazón sin romper el cordón umbilical, y les duele las calamidades sufridas por sus hermanos. Habiendo formado grupos de paisanos en todo rincón del orbe, denuncian las violaciones de los derechos humanos, se comunican entre sí para hallar medicinas y enviarlas, crean conciencia pública a escala global sobre la trágica situación y ejercen presión sobre gobiernos extranjeros y organismos multilaterales por la causa democrática.

Justo cuando el liderazgo de la oposición exhibe cualidades falibles, este nivel inaudito de polarización no permite opinar sobre los actores porque inmediatamente silencia. Quienes infieren, acaso denotando rencor, que los compatriotas en el exterior no tienen voz, incurren en la misma práctica que critican del chavismo.

El socialismo del siglo XXI fomentó los desvalores de intolerancia y desconfianza. Un comentario personal o una foto en Facebook, aunque sea agradable, no debería dar pie a la transgresión de la esencia del pueblo venezolano, un patrimonio común de ideales y respeto.

Periodista egresado de la Universidad Central de Venezuela, escritor, biógrafo, traductor y asesor de comunicaciones. Siga al columnista en redes sociales: @DanielShoerRoth

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