Daniel Shoer Roth

Disfruto de todo lo que hago… y hago lo que disfruto

Aspirando a estructurar mejor el uso del tiempo de un escritor pensativo y preciosista, en verano compré una agenda 2017-18 que en su primera página exhorta al usuario a escribir sus metas en los distintos aspectos de la vida.

Desde pequeños nos enseñan a trazarnos metas ambiciosas, a veces inalcanzables o fuera del control propio, casi siempre en torno a la prosperidad material, el éxito estudiantil y profesional, las relaciones personales y familiares, y el bienestar. Aprendemos a temprana edad que la felicidad está sujeta a la obtención de resultados. De modo que en la adultez a menudo vivimos frustrados e insatisfechos cuando las metas no se llevan a fruición.

Mi nueva agenda –un elegante cuaderno turquesa sometido a los patrones establecidos por la sociedad– no solo alienta a fijarse objetivos, un compromiso sano, sino también a asignarles fechas de cumplimiento. Tal día me voy a enamorar; en marzo me subirán el salario; en tres meses mi pantalón será dos tallas más pequeña; pasado mañana alcanzaré el nirvana…

Sin dar mucho pensamiento a la tarea, y para no comenzar una vida estructurada desafiándola, escribí una sencilla afirmación en la página: “Disfruto de todo lo que hago”. Lo leí varias veces para evitar decepcionarme luego si fracaso. Quería alguna garantía de que pudiera disfrutar de todo lo que hago, sabiendo que la condición humana presenta circunstancias adversas.

En un juego fortuito de palabras, que vendría a ser una suerte de póliza de seguro para no descarrilarme del propósito, rematé: “... y hago lo que disfruto”.

Mi única meta, que no requiere día de consecución porque es constante, ni depende de variables exógenas, quedó formulada: “Disfruto de todo lo que hago… y hago lo que disfruto”.

Si bien acuñé esta norma de conducta recientemente, mirando hacia el pasado en una visión retrospectiva, la he practicado desde la adolescencia, sin ser consciente de ello. En la secundaria, no era bien visto que los varones cursaran la especialidad de Humanidades; lo apropiado era Ciencias, según dictaba la sociedad. Sin embargo, mi pasión era la literatura, la mitología griega, la historia del arte, los idiomas, la sicología y la sociología. Desafié los convencionalismos y me apunté en Humanidades.

Sucedió lo mismo en la universidad. Siempre me ha gustado la escritura y estudié Periodismo a nivel de pregrado y posgrado, aunque la carrera no prometía grandes riquezas y, de hecho, no las da. Sí, gano menos, pero gozo más.

Como he disfrutado de lo que hago, he logrado culminar todo lo que he hecho, y a niveles de excelencia. No solo en lo académico y profesional, sino en las esferas más trascendentes: el crecimiento personal, la superación de traumas, la maduración de las capacidades y la búsqueda del bienestar común.

Disfrutar de lo hago y hacer lo que disfruto pudiese interpretarse, en el aspecto lingüístico, como un lema redundante. Aunque las acciones están concatenadas, sus vertientes son heterogéneas. El primer componente de la meta corresponde a una actitud positiva, pues no todos los días son de fiesta. Habrá que hacer fila en el supermercado, lavar la ropa, asustarse en el consultorio médico, pagar las cuentas. Esos son los pequeños momentos de la vida, el aquí y el ahora, que se disfrutan cultivando la gratitud por las cosas simples que mucho valen.

La segunda parte de la meta es una decisión proactiva y, por lo tanto, atañe esfuerzo y entusiasmo. Si estoy infeliz en mi trabajo, exploro incursionar en otro; si me siento solo, estrecho la mano al prójimo; si mi relación sentimental es tóxica, busco ayuda o la abandono; si mi vida es insípida, le impregno sazón. Soy, como decía Mahatma Gandhi, “el cambio que deseas ver en el mundo”.

Lo bueno de esta meta es que si incluso no logro hacer lo que más disfrute debido a las circunstancias, con seguridad disfrutaré haciéndolo. Y por eso haré lo que disfruto.

Nota del autor: Este es el preámbulo de la columna del próximo domingo.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y asesor de comunicaciones.

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