Daniel Shoer Roth

Punto final. La última columna de Daniel Shoer Roth

Todo adiós es doloroso.

Alza vuelo al cielo un ser querido; queda atrás la tierra que nos vio nacer; se disuelve el nido de amor; se marcha alguien para no volver; toca a la puerta la jubilación…

Como un rayo que cruza el pecho, en medio de la amarga pena, regresa la sonrisa a los labios y renace el gozo de las memorias. Las vivencias compartidas; el olor del vecindario; los encuentros amorosos; las conversaciones intensas; los logros profesionales…

Para un columnista, a ese proceso gradual de la evolución, parte de la existencia misma, se suma el adiós a su tribuna y a sus fieles lectores.

Estas letras, escritas con la tinta del llanto, son la despedida de En Foco, mi columna dominical que cesa de publicarse debido a las nuevas necesidades de el Nuevo Herald, que responden, a su vez, a los cambios en los hábitos de lectura en la Era Informática. Precisamente la dirección me incorpora de lleno a la plataforma digital, donde estaré contribuyendo a diario como el periodista que soy.

Culmino esta labor henchido de gratitud a la empresa por el preciado regalo del servicio público que representó, durante más de una década, esta columna. He difundido, con asertividad, la voz del pueblo de Miami. Esa confianza de la comunidad, que me honra, la valoro más que todos los bienes de la Tierra.

En lugar de lamentar, recordemos, sin pecar en la presunción, algunas victorias ciudadanas; esas pequeñas sagas acumuladas en el banco del espíritu que dan aliento a un embajador de las buenas causas.

Inauguré la tribuna exhortando a las autoridades a poner techos en las paradas de autobús. Para muestra del resultado, basta recorrer la ciudad. Ayudé a frenar, gracias al testimonio de una madre soltera con cuatro hijos, el hacha de la Legislatura estatal a los fondos para las personas sin hogar. Salvé, según afirma la Superiora del convento, el comedor para desamparados de las monjas de la Madre Teresa. Rescaté a una orquesta que enseña música a niños pobres sin cobrarles y estaba por cerrar debido a la injusticia.

Humildemente, he intentado tender puentes entre los credos religiosos; exaltar el acervo cultural de los inmigrantes; velar por el buen uso del español y la enseñanza bilingüe en el sistema escolar; abogar por mayor transparencia en la administración pública; esclarecer mitos sobre minorías; crear conciencia acerca del abuso infantil; defender la dignidad de los ancianos; alentar a los demás a amar al prójimo no obstante sus diferencias…

Gústele o no le guste a la Internet, ese es el legado de mi ejercicio periodístico: hacer de la pluma un catalizador para el cambio orientado a la beneficencia siempre que exista buena voluntad y deseos de mejorar.

Más allá del fehaciente impacto social de En Foco, mi mayor recompensa ha sido la estimación y el cariño imponderable de ustedes, los lectores, y esas hermosas cartas, sí, escritas a puño y letra. La abuelita que quisiera llamarme “mi nieto”; la madre que aceptó a su hijo tal como es; el cubano que me considera “más cubano que los cubanos”; el católico que agradece la dedicación de un judío a preservar el legado de Monseñor Agustín Román; el hombre que ve mis triunfos y fracasos proyectados “como una inspiración divina”. Y tantas otras expresiones de admiración y simpatía, rebosantes de ternura, que conmueven el corazón y traspasan mi alma.

He disfrutado escribir de tópicos escabrosos y difíciles y, como explicaba en la columna pasada, disfrutaré de mis nuevas funciones en el diario digital que prometo desempeñar en plena correspondencia con un sentido del deber.

Hay que aceptar la evolución sin negar el dolor. Por eso me despido “pez que en ave y corcel y hombre se torna” (José Martí), “con la fe de las almas austeras” (Bonifacio Byrne), y “tu sonrisa dormida en mi recuerdo” (José Ángel Buesa). ¡A todos deseo bendiciones de paz y bien! ¡Shalom!

Escritor, periodista, biógrafo, cronista y asesor de comunicaciones. Siga al autor en redes sociales: @DanielShoerRoth.

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