Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: Perdido en la selva buscando médico

La pesadilla comenzó con una sabrosa clase de baile en el gimnasio.

Aparentemente, no soy muy hábil en esa rama del arte, porque en una de mis clases iniciales, di un paso en falso.

El martes por la noche casi no podía moverme del dolor de espalda, cadera y pierna. Sufrí una lesión en el nervio ciático, digo yo. Al día siguiente, busqué asistencia médica. Llamé al Hospital Mount Sinai de Miami Beach, el más cercano a mi domicilio, donde me transfirieron a la línea de servicio de referencia. Como en los consultorios médicos de esta ciudad antes de preguntar cómo uno se siente, preguntan qué seguro tienes, informé que estaba adscrito a la póliza Florida Blue BlueOptions.

La administradora llamó a las oficinas de cuatro ortopedistas cuyos consultorios radican dentro de este recinto médico, mas no son empleados directos del hospital. Los cuatro despachos cuestionaron cómo había comprado la póliza: ¿en el mercado abierto o a través del Mercado de Seguros de Obamacare? Cuando respondí “Obamacare”, me negaron la cobertura –sin átomo de compasión por el sufrimiento que padecía– y pese a que esos mismos médicos aparecen registrados como proveedores dentro de la red del plan BlueOptions.

Angustiado, busqué más especialistas por esta zona y contacté otra oficina de ortopedistas. Tres facultativos en ese consultorio también están contratados por mi plan médico para facilitar servicios a sus asegurados. No obstante, nuevamente me preguntaron cómo había adquirido el seguro. Y se opusieron a atenderme porque me beneficié de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio.

Acto seguido, llamé a Florida Blue a preguntar por qué siete médicos en su red interna me dejaron con el dolor en la espalda por el hecho de comprar una póliza con la empresa a través del sistema de seguros regulados. ¿Acaso soy un asegurado de segunda clase?

Desde entonces, me he dedicado a desenredar la enmarañada madeja de hostiles comportamientos en el sistema de salubridad. En las redes sociales me han pedido que denuncie lo sucedido en esta tribuna. Lo hago solo con la meta de ayudar a 1.6 millones de floridanos asegurados por el sector privado bajo la sombrilla de Obamacare.

Cosas de la vida

Hace dos años perdí el beneficio de tener seguro médico a través de un empleador para poder entregarme íntegramente a la biografía del padre espiritual del exilio cubano, Monseñor Agustín Román. Mis ingresos también disminuyeron notablemente porque se prolongó el trabajo de investigación debido a la historia y el fecundo legado del biografiado. Gracias a la misericordia de Obama, califiqué este año para un leve subsidio. Pero escogí una de las pólizas supuestamente de mejor calidad (el monto diferencial lo paga uno de su propio bolsillo) porque, según mi padre, quien ha heredado la sabiduría hebrea, “el mejor seguro es el que te cubre todo y el que nunca usas”.

Pues bien, comprimí mi presupuesto para darme el lujo de un buen seguro con la esperanza de jamás usarlo. A fin de disponer de un surtido de hospitales, proveedores y suplidores de servicios médicos, me suscribí a BlueOptions ya que su nombre predica mi anhelo: “opciones”.

Pero el día en que lo necesité de urgencia, mis opciones fueron muy claras: la caridad de mi vecina Pilar, que me dio un fármaco antiinflamatorio, y la chispeante almohadilla eléctrica de mi abuela de los años ochenta, además de las caricias de mis gatos, por supuesto.

Dimes y diretes

El miércoles, la representante de la aseguradora me informó que era “ilegal” la denegación de cobertura a un asegurado con BlueOptions por parte de médicos dentro de la red, por el gran pecado de recibir un subsidio federal. Según ella, era incorrecto preguntarme por cuál vía compré la póliza.

La oficinista llamó a Mount Sinai y habló con la gerente de la oficina de un médico especializado en manejo del dolor incluido en la red interna. Se comprometió a ayudarme. Pero cuando me comuniqué, respondió que mi problema no correspondía a la especialidad de su jefe. Debía buscar un ortopedista.

Frustrado, contacté al Departamento de Relaciones con el Paciente del hospital. La funcionaria aclaró que esos médicos no son empleados de Mount Sinai. Me sugirió acudir a Emergencia. Pero precisamente adquirí una póliza costosa para no recurrir a Emergencia en situaciones que no lo ameritan.

Volví a llamar a la línea de referidos a reconfirmar los nombres de los médicos contratados por Florida Blue que me rechazaron. Igual hice en el otro consultorio de ortopedistas. En este último, cuando amenacé con una denuncia, me transfirieron con la administradora quien ofreció, casi como acto de piedad, una cita en dos semanas. Para efectos de este artículo, no nombro a los profesionales por respeto a su privacidad, pero sí los incluí en mi queja a la aseguradora, entidad que tampoco ofreció una solución inmediata.

Mientras tanto, mi muro de Facebook ardía en llamas. Una colega escribió: “Daniel, eso mismo me pasó. He vivido una verdadera odisea buscando servicios médicos para atenderme una fractura y también para obtener otros servicios. Parece que el seguro obtenido a través de Obamacare es considerado de segunda y los médicos que aparecen en la lista de proveedores pueden ‘opt out’ [rehusar suscripción en la red] como tales cuando así lo decidan, mientras que uno queda atrapado/a pagando un seguro incompleto, falaz o ‘inseguro’ hasta que el sistema nos permita cambiar en el próximo ciclo de inscripciones. ¡Un verdadero desastre!”.

Hablan los protagonistas

La compañía Florida Blue me escribió en una declaración corporativa: “Los proveedores en cada una de las redes de Florida Blue están obligados por cláusulas contractuales a tratar a nuestros miembros independientemente de cómo el miembro obtiene cobertura de seguro, ya sea el producto comprado a través del Mercado [marketplace] de la Ley de Cuidado de Salud (ACA) o fuera del Mercado. Dado que otras aseguradoras han creado redes de proveedores específicas para el Mercado, tal vez haya cierta confusión entre los proveedores que participan en múltiples redes en torno a cómo funcionan los planes de Florida Blue comparado a los planes de otras aseguradoras. Si bien hemos sostenido extensas comunicaciones con nuestros proveedores de la red en relación a los planes del Mercado, sus puntos de vista, tras su experiencia, demuestran que hay una oportunidad para reiterar a nuestros proveedores las obligaciones de sus contratos”.

La gerente de la consulta de uno de los ortopedistas me explicó: “Imagínate que eres columnista y distintos periódicos te contratan. Te pagan por columna una vez que esta es publicada. Después de unos meses, notas que cada periódico con la palabra ‘Gaceta’ nunca te paga. Después de 9 o 10 veces, ¿seguirías aceptando asignaciones de esos periódicos? Esto es lo que ha sucedido con las pólizas compradas a través de la ACA. Availity, la web de requisitos necesarios de BC [matriz de Florida Blue] dice algunas veces: ‘el paciente tiene un copago de $25 para especialista’. No provee detalles suplementarios de estos planes como por ejemplo: algunos solo pagan tres visitas anuales a cualquier doctor. La mayoría tiene un deducible separado para las visitas adicionales y otro deducible para Rayos X. Justamente ayer un paciente tenía una tarjeta que decía ‘PPO’, pero cuando llamamos a BC, dijeron que era un HMO y que no estábamos en la red y por tanto no nos pagarían. […] Señor Shoer, debe preguntarse por qué cada oficina a la que llamó se negó a aceptar BC Obamacare”.

Por su parte, la portavoz de Mount Sinai reiteró que el hospital no contrata ortopedistas, sino que estos facultativos alquilan espacio allí y se afilian por sí mismos a los planes de seguro. Olvidé preguntarle por qué nadie en el hospital ofreció ese día contactar a otro de cientos de médicos que sí son empleados –el hospital sí está dentro de la red de BlueOptions– y fácilmente pudieron atender mi caso.

Con sinceridad, todos se disculparon, tal vez porque intuían que esta columna braceaba en el tintero.

Corolario

Pido indulgencia mis estimados lectores por no haber escrito las líneas de hoy con preciosismo lingüístico ni con metáforas ni sinestesias en la narrativa. Pueden reclamar al sistema de salud –porque aún me cuesta estar sentado.

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