Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: La valentía del anonimato

Por todo Miami, cualquier día, a cualquier hora y en cualquier vecindario, miles de personas de heterogénea procedencia se ayudan unas a otras y, hermanadas, recurren a una filosofía de vida espiritual y abstinencia en aras de transformar aquello degradante en algo dignificante.

Estas almas cargan sobre sus lacerados hombros el fardo pesado de un turbio pasado. Sigilosamente, se tornan en diligentes servidoras del prójimo que sufre las heridas de su misma aflicción. Y derrocan, en alianza con un misericordioso Ser Supremo que no juzga ni divide, la tiranía de un despiadado enemigo.

En los cuartos de Alcohólicos Anónimos, la potencialidad de renovación sobrepasa en magnitud a los excesos y los defectos de personalidad, mediante el desarrollo de las virtudes del corazón.

Aquellos que antaño perdieron la fe en Dios, la rescatan y la atesoran. Familias divididas por la disfunción y la infidelidad se reunifican en armonía. Individuos que avivaron las llamas del caos y la destrucción, siembran semillas de amor y respeto para dar cosecha de paz. Quienes fracasaron académicamente se gradúan con toga y birrete. El desempleado consigue trabajo; el moroso se pone al día con los acreedores; el desamparado levanta su techo; el quebrantado emocional vigoriza su alcázar interior.

Sin hacer ningún alarde de fastuosidad ni de erudición, este programa de Doce Pasos celebra esta semana 80 años de existencia. Su simplicidad y sabiduría continúan siendo magnetos de atracción en el sur de Florida y alrededor del mundo, sin distinción de clases sociales, ideologías y credos entre sus miembros. Ricos y pobres; profesionales y obreros; académicos y hombres sencillos; jóvenes y viejos; creyentes y ateos; blancos, mestizos y negros; americanos, europeos y asiáticos; militares y pacifistas; nobles y expresidiarios … a todos ellos aúna un patrimonio común: el anonimato.

No es, empero, un anonimato afincado en la vergüenza o en el temor al desprecio de la sociedad, pues la adicción es una enfermedad dolorosa que fragmenta a los afectados y a sus seres queridos, no un vicio. Más bien, la recuperación de las conductas autodestructivas y compulsivas es fuente de satisfacción al ejemplificar el deseo de superación del ser humano y su transformación para el beneficio colectivo.

La normativa de los diversos programas de metodología de Doce Pasos, exige el anonimato con el fin de prevenir que ningún miembro sea identificado con la organización ante la mirada pública, porque su fracaso personal u opiniones antagónicas pudieran infligir un daño a la comunidad.

Pero subyace otra vertiente más profunda, de carácter moral, en el respeto del anonimato. Se remonta a siglos atrás: el secreto del autor de una obra bondadosa.

Los principios medulares son la humildad y la modestia vigentes a la hora de realizar un bien al prójimo sin vanagloriarse ni divulgarlo, un reto sin duda difícil. En palabras del filósofo Séneca: “La recompensa de una buena acción es haberla hecho”. O en proverbios bíblicos: “Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

En los cuartos de A.A. se enarbola este legado como clave de su funcionamiento. En las paredes, no figuran retratos de los líderes voluntarios esmerados por mantener diariamente la tradición de puertas abiertas, sin costo monetario, a todos los oprimidos por la dependencia química, ni los de sus antecesores. No hay premios ni vítores para aquellos que propagan el mensaje de esperanza y verdad en centros de tratamiento, hospitales y cárceles. A nadie se valora por el dinero, la fama, los logros o los títulos, sino por compartir el testimonio de sus desgracias y de su reparación.

Fue en Akron, Ohio, donde hace ocho décadas los fundadores Bill Wilson y Dr. Bob, influidos por la psiquiatría y la religión, plantaron las raíces de una de las organizaciones más influyentes a lo largo de este periodo, y pavimentaron el sendero a un futuro mucho más alentador y sostenible. De este frondoso árbol brotaron muchas otras ramas: grupos de autoayuda y adherencia a principios espirituales como Narcóticos Anónimos, Fumadores Anónimos, Comedores Compulsivos Anónimos, Jugadores Anónimos, Adictos Sexuales Anónimos, Neuróticos Anónimos y Al-Anon, este último para familiares de alcohólicos.

Guiados por los cánones del servicio desinteresado –o anónimo– y la confianza de la voluntad propia al cuidado de Dios, los apegados a estos programas hallan en su práctica continua y redes de apoyo las motivaciones para superar la adversidad, respetar las diferencias y edificar un mundo mejor. De las tinieblas de la adicción y los sentimientos negativos crónicos, resplandecen, con firmeza, las luces del afecto y la felicidad.

Como recurso de crecimiento, se propone la plegaria y la meditación, y a menudo se sugiere recitar la Oración por la paz: “¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz / Que allí donde haya odio, ponga yo amor; /donde haya ofensa, ponga yo perdón; /donde haya discordia, ponga yo unión; / donde haya error, ponga yo verdad; /donde haya duda, ponga yo fe; /donde haya desesperación, ponga yo esperanza; /donde haya tinieblas, ponga yo luz; /donde haya tristeza, ponga yo alegría…”.

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