Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: Manos a la obra, Miami

Leía el viernes una radiografía demasiado oscura de la incidencia de pobreza y persistente inequidad social en el Condado Miami-Dade –y de su devastador impacto sobre el bienestar infantil–, cuando de los labios del arcón de mis archivos emanaron ilustradas palabras:

“La creatividad puede resolver todos los problemas (…). La pobreza es tan perversa en todas partes del mundo... no por culpa de las personas pobres, sino por el sistema que hemos desarrollado globalmente y sus instituciones”.

Era la voz de un economista que sobre su pecho porta el laurel del Nobel de la Paz: Muhammad Yunus, el banquero de los pobres, como es llamado este pionero bangladesí de un sistema de microcréditos replicado en medio planeta.

Un exhaustivo análisis de las estadísticas de la Oficina del Censo de 2013 realizado por el gobierno condal clama por esa capacidad de iniciativa a fin de romper el círculo de pobreza y miseria, uno de los principales males de Miami que atañe a toda la ciudadanía, sin excepción alguna. El proceso de pauperización de las familias más desfavorecidas continúa acelerándose, frenando el progreso humano, la movilidad social y el propio crecimiento económico de nuestras comunidades.

Las conclusiones arrojan luz sobre algunos de los factores a tenerse en cuenta en la lucha estratégica contra esta lacra social y en el esmero por encumbrar el desarrollo sustentable tendiendo una mano solidaria y generosa a las personas en riesgo de exclusión social.

Alejada del espejismo de una ciudad próspera y avanzada, una quinta parte de la población de Miami-Dade sobrevive en condiciones económicas precarias o por debajo del umbral de pobreza, es decir, 179,200 núcleos familiares no alcanzan a cubrir necesidades básicas como la cesta de consumo. En la escala de la pobreza per capita, entre 257 condados en Estados Unidos cuyas poblaciones sobrepasan un cuarto de millón de habitantes cada uno, Miami-Dade por poco araña el humeante pozo del abismo, al ocupar el lugar 231.

Más alarmante aún es la tasa de pobreza infantil. Más de un 30 por ciento de los niños en edad preescolar en el condado carece de los recursos materiales, espirituales y emocionales precisados en aras de alcanzar su máximo potencial y participar como miembros plenos de la sociedad. En total, 149,000 menores de 18 años caen en el espectro de la pobreza, un 27.5 por ciento de los 541,000 residentes pobres en el Condado Miami-Dade, con una población de 2.5 millones de habitantes.

Un nuevo estudio publicado en la revista médica JAMA Pedriatics comprobó que las circunstancias ambientales de los niños norteamericanos criados por debajo del umbral de pobreza –estrés, parca motivación en la familia y desnutrición– limitan el desarrollo de la materia gris cerebral, lo cual explicaría el bajo rendimiento académico en nuestras escuelas.

Las cifras también apuntan a una creciente pobreza entre las personas mayores: más de la mitad de los residentes en edad de retiro son pobres o de bajos ingresos.

Paralelamente, se evidencia una agudización del contraste retributivo y una desigualdad excesiva entre las capas sociales más altas y las más bajas, tendencia esta que, indudablemente, desfavorece la productividad y exacerba la desafección ciudadana respecto a los gobernantes y al sistema económico.

Los números hablan por sí mismos: la quinta parte más pudiente de la población de Miami-Dade devengó un promedio anual por persona de $176,876, acumulando el 55 por ciento de la proporción del ingreso combinado de todos los habitantes. En cambio, al otro lado del péndulo, la quinta parte de la población de menores recursos, devengó un promedio anual por persona de $8,829, un ínfimo 2.8 por ciento de ese patrimonio colectivo. La diferencia en el ingreso promedio del quintil más rico con respecto al quintil más pobre es de 1,903 por ciento, según la División de Investigaciones Económicas del gobierno condal.

Si es sumada la renta del 60 por ciento de los núcleos familiares con menores y medianos ingresos, el monto equivale a menos del 25 por ciento de la productividad general de los hogares. Ni siquiera alcanzan el salario para vivir dignamente –estimado por el Condado en $54,100 anuales para familias de tres miembros–, y ese es un lujo que parece inalcanzable para los residentes más indigentes que ganan una miseria: $170 semanales.

La falta de oportunidades laborales fuera de los sectores de servicios, construcción y turismo, la dificultad para costear el astronómico precio de los alquileres, la ineficacia del transporte público, la baja cobertura de la seguridad social y el deterioro de las estructuras familiares, son algunos de los detonantes de esta crisis socioeconómica que azota al pueblo miamense.

Este informe desconcertante –y fructífero porque conduce a una reflexión y abre la mirada ciega de aquellos que piensan en Miami como una ciudad de encanto, villas y castillos– debe apremiar a las autoridades municipales, condales y estatales a esforzarse en rescatar a los más desfavorecidos, destinando recursos específicos o haciendo más eficaces los ya existentes, además de fomentar las industrias que promueven la estabilidad de la fuerza de trabajo de modo que menos personas dependan de los servicios sociales del gobierno. Por su parte, el sector empresarial también ha de colaborar en una alianza público-privada y robustecer la responsabilidad social corporativa para elevar los estándares de vida en la comunidad.

Lo esencial en esta cruzada urgente contra la pobreza y la desigualdad extremas es la voluntad de cambio que, aunque aquí a veces da la impresión de no existir, sí está presente en la llama ardiente de nuestras almas. Es hora de avivarla.

¡Llegó el día anhelado! La presentación de la biografía de Monseñor Agustín Román “PASTOR, PROFETA, PATRIARCA”, tendrá lugar el 22 de agosto a las 4 p.m. en la Torre de la Libertad. ¡Los espero!

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