Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: Los sobrinos de Maduro y la Venezuela ultrajada

En este bosquejo de la sala de audiencias, Un US Marshall está de guardia en el fondo mientras el abogado defensor John Reilly, izquierda, Francisco Flores, centro en camisa azul, Efraín Campos, segundo desde la derecha, y el abogado defensor Rebeca Poston hacen una aparición inicial en la corte federal de Manhattan el jueves, 12 de noviembre 2015, en Nueva York.
En este bosquejo de la sala de audiencias, Un US Marshall está de guardia en el fondo mientras el abogado defensor John Reilly, izquierda, Francisco Flores, centro en camisa azul, Efraín Campos, segundo desde la derecha, y el abogado defensor Rebeca Poston hacen una aparición inicial en la corte federal de Manhattan el jueves, 12 de noviembre 2015, en Nueva York. AP

Se han robado la Patria. Y no nos la han robado.

Se ha perdido la Patria. Y no se ha perdido.

Han engañado a la Patria. Y no nos han engañado.

Con bochornosa impunidad, su clase gobernante hurta pérfidamente el tesoro nacional y ejerce arbitrariamente el poder. Explota y despoja. Arrebata y especula. Maquina negocios turbios y vive del nepotismo, del clientelismo, del gansterismo, del latrocinio. Así, Venezuela se desangra, se arruina, y cada día transcurrido, el cielo más y más se cierra, agolpándose las borrascosas nubes en la niebla extendida sobre una otrora feliz y próspera nación.

Invoco aquí, de nuevo, más que nunca, el testimonio de aquellos compatriotas que, cuando ven un gran abismo crecer profundo, sienten el latido vivo del corazón como una filosa espada, un sudor helado escurriéndose por la espalda, un alma asolada desgarrada por la calamidad. Un abismo de males del cual difícil será salir sin remedios cruentos.

La esposa de Nicolás Maduro, Cilia Flores, echa candela a esos testimonios con un potente lanzallamas. Alejada de la nobleza y distinción inherentes al cargo de primera dama, la “primera combatiente revolucionaria” ha sido presidenta de la Asamblea Nacional, Procuradora General de la República y, no satisfecha con su abrumador poder en el trono de un país afligido por la mayor inflación del planeta y la escasez de alimentos esenciales, aspira a un escaño asambleísta. Sin pudor institucional, ha otorgado puestos de mayor o menor relevancia a su extenso clan familiar en los cuadros políticos y administrativos del fallido Estado, transgrediendo los procedimientos de contratación y concurso público.

¿Qué tan bueno es el fruto de ese árbol genealógico? ¿Es jugoso y dulce en ética, cultura o trayectoria profesional? ¿O acibarado da abrigo al gusano escondido?

Para la muestra un botón basta.

Dos de sus sobrinos consanguíneos fueron acusados el jueves en un tribunal federal de Nueva York de tráfico de drogas. Efraín Campos –también ahijado del tío Nicolás– y Francisco Flores tenían sendas aspiraciones macabras: introducir y vender alrededor de 800 kilos de cocaína en Estados Unidos. Gozaban de pasaportes diplomáticos expedidos por el régimen de Caracas; pues sí, eran embajadores de un gran narcoestado impulsado por Hugo Chávez como política oficial. Para esos cargos, empero, inmunidad internacional no existe.

No se descarta de que el juicio acabe en una condena de cadena perpetua, mas la imputación no alude a la relación de los primos –que vestían con ropa de marca e incluso uno bromeaba ante un juzgado, pero inglés no entendían– con el mandatario. ¿Darán fe en sus confesiones de los tentáculos del “cartel de los Soles” en el seno del gobierno de su tío, presuntamente compuesto por militares activos o retirados?

En los “#narcosobrinos”, tildados así en las redes sociales, se vierte la escoria de una generación de gran presunción adormecida por el chavismo. De almas apagadas, en el fondo son unos cobardes enervados. En apariencia de víctima, son victimarios. Simbolizan una clase política de forajidos sin ley, de tiranos ensuciados con toda clase de delitos, de hombres y mujeres dispuestos a perpetrar cualquier fechoría de envergadura. Son de la talla de otro sobrino de la pareja presidencial, Carlos Malpica Flores, tesorero de la petrolera estatal PDVSA, a quien han apuntado en sus declaraciones a las autoridades norteamericanas, según fuentes de ABC.

Los venezolanos diseminados por el planeta seguirán de cerca el caso judicial, no porque la desgracia de los imputados les robe el sueño, sino porque en su esencia misma encarna la secuela de una Venezuela ultrajada. Pero se niegan a perder la esperanza, acunada en las aureolas del destino, de un día –no tan lejano– verla renacer de sus cenizas, con la ayuda del límpido espíritu indomable y libertario de jóvenes venezolanos, antítesis de los sobrinos de Maduro, cargados de deseos y de convicciones democráticas. Ellos son la otra Venezuela –aquella que no se olvida.

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