Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: La ciudad que todos anhelan

Aún no habían aleteado las campanadas de la medianoche cuando, en el umbral del nuevo año, Miami se sentó frente al espejo, un tanto mustia. Por la puerta de los ojos, entró en el salón de su alma, arropada en soledad. Pese a que la luz era tenue, no pudo ocultar que las lágrimas corrieran por sus sonrosadas mejillas. Estaba entristecida, despechada y al mismo tiempo envanecida por la lisonja de un apuesto vecino.

La aturdía una avalancha de críticas acerca de sus defectos, no por creer que no las merecía, sino más bien porque sabía que eran ciertas. Horas antes, unas “amigas” la habían llamado a contarle un chisme.

–¡Ay, lo mal que hablan de ti en los periódicos y en las redes sociales! — se mofaron —. Un columnista hasta te acuñó un apodo: “Egópolis”.

–Eso te pasa por ser tan presumida, descortés, superficial y carente de generosidad — le reprochó Fort Lauderdale con cierto grado de envidia.

En la gaveta de una mesita de noche, había una libreta manchada de pintalabios. Las hojas estaban amarillentas, colonizadas por números de teléfono y correos electrónicos de desconocidos. Decidida a realizar una cruzada de cambios, Miami arrancó una página y comenzó a apuntar, muy seriamente, sus propósitos de Año Nuevo 2015:

1) Perder unas libras de indiferencia

Voy a interesarme más por el bien de los demás: por el prójimo que sufre; por el hambriento que suplica por un plato de comida; por los huérfanos y los discapacitados; por los ancianos y las madres solteras; por las personas rechazadas por pertenecer a una minoría; por los inmigrantes que encaran problemas de adaptación; por los desterrados que añoran su patria.

2) Dejar de fumar egocentrismo

Basta de ser yo el centro del universo. Estoy cansada de la tos mañanera que produce verme tanto en el espejo, insegura, mientras me acicalo. Por las vías respiratorias espero que corra el altruismo y que las bolsas de aire se estiren y contraigan libres de egoísmo. Dejaré que otros sean el centro de la atención y me pondré en sus zapatos para sentir algo de aquello que llaman “empatía”.

3) Ser más amable

En los elevadores voy a saludar con un “buenos días” o “buenas noches”; a las cajeras del supermercado diré “muchas gracias”; en las autopistas daré paso a otros automovilistas y no haré sonar el claxon a cada minuto; respetaré las filas y los turnos sin quitarle el puesto a nadie como regla de urbanidad; sonreiré si me ofenden en lugar de mostrar las garras.

4) Gastar menos y ahorrar más

No puedo continuar siendo un microcosmo de disparidades: despilfarrando dinero cuando uno de cada cinco habitantes vive por debajo del umbral de pobreza. Me propongo mejorar las condiciones en mis barrios pobres, defender a los inquilinos en viviendas venidas a menos, fortalecer la seguridad en zonas de alta criminalidad. Llegó la hora de ahorrar para tiempos futuros de vacas flacas.

5) Conseguir pareja con valores

Basta de imitaciones de Ken; ya no quiero ser una Barbie plástica. No me fijaré en el tamaño de los músculos ni en la marca del vehículo ni en la cuenta bancaria. Buscaré a alguien de misericordioso corazón, que me quiera por mi esencia y no por mi físico. Prefiero una pareja para compartir amenas conversaciones, caminatas por la naturaleza y fe en algo distinto al consumismo.

6) Hacer voluntariado

Usaré mi tiempo libre para transformar esta casa y salir de mí misma alimentando a los desamparados, o visitando a los enfermos y a los viejitos solitarios, o enseñando inglés a los recién llegados, o extendiendo una mano solidaria en los centros de rehabilitación, o colaborando en las actividades comunitarias de las entidades religiosas.

7) Cambiar de estilo de vida

Pienso apartarme de las suntuosas pasarelas del mercado para ponerme en forma por dentro con meditación y plegarias; tal vez integrarme a un grupo de apoyo. En vez de comprar compulsivamente bienes de marca, me iré a un retiro espiritual; en lugar de preocuparme por el que dirán los demás de mí, intentaré escuchar la voz de mi conciencia.

8) Aprender algo emocionante

Deseo revitalizarme como ciudad, aprender a ser igual de simpática y cariñosa con los ricos y los menos ricos; los lindos y los menos lindos; los buenos y los menos buenos. Quisiera mejorar para que no haya persona a la que disguste y sienta que también soy suya. Pero, para ello, necesito la colaboración — aunque sea una partícula de buena voluntad — de todos los que en mí habitan.

Terminada la concienzuda lista de propósitos, Miami regresó a la realidad por la puerta de sus ojos. Así de satisfecha y serena se sentía que no tardó en dormirse apaciblemente, no obstante el estallido de los fuegos artificiales, sobre el regazo de sus residentes. Queda por ver si despierta.

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