Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: Tiburones, cocodrilos y legisladores

Riamos a casquillo quitado e indignémonos a posteriori.

Dos piscinas en el Sur de Florida acogieron a dos inverosímiles invasores días atrás. Eran esos guerreros del reino animal con los que uno prefiere jamás toparse.

Al parecer en ánimo de chiste, dos niños soltaron un tiburón punta negra en la alberca de un condominio en el Condado Palm Beach. El escuálido nadaba casi inerte, haciendo gala de los contornos negros en sus aletas cuando una bañista lo avistó. Ni siquiera tenía un juguete inflable que morder.

Mientras tanto, en los Cayos, un cocodrilo americano se daba un chapuzón matutino en el jardín trasero de una casa. Cuando llegó la hora del desayuno, el reptil de ocho pies se trepó por los bordes de ladrillo de la piscina y caminó sosegado, sin agradecer al propietario, hacia el océano, dejando impregnada en la arena la marca de su cola.

Pero el peligro acechaba mucho más lejos. No en las aguas para la recreación, sino en los pantanales del Capitolio estatal. Allá donde otros ocupantes eran recibidos con agrado, no obstante sus afilados colmillos.

La clase política de la Florida ordenaba su agenda al estrenarse la temporada parlamentaria en este crucial año electoral. Los legisladores enumeraban sus prioridades, sus propuestas, sus promesas, y no faltarían las tarjetas de agradecimiento. Durante los últimos seis meses, recibieron $28 millones en donaciones de grupos interesados en la aprobación o derogación de leyes estatales. Para salvar sus propios fines, los invasores comerciales habían nutrido, espléndidamente, los cofres de sus campañas electorales y comités políticos.

A cambio, reciben trato preferencial en Tallahassee, obteniendo beneficios lucrativos o ganancias estratégicas. Un informe del Miami Herald desglosó estas dádivas y comprobó que las medidas legislativas convenientes a las agrupaciones sectoriales avanzan por la vía rápida, mientras que las propuestas a las que se oponen son postergadas o anuladas.

El aparato oficial practica un desvergonzado proteccionismo de las posiciones egoístas, a la vez que desfavorece el bien colectivo.

El torrente de efectivo a ambos partidos políticos mana de las industrias más poderosas: la energética, la farmacéutica, la médica, la de los casinos, del tabaco y de las escuelas charter. Inclusive aparece en las altas esferas del poder el naciente nicho de la marihuana.

A la cabeza de los invasores se encuentra, con un aporte a las campañas de $2.3 millones, la FPL, omnipresente en la Legislatura, como la luz que surte. Las empresas agrícolas y productores de azúcar le pisan los talones con $2.1 millones, en cuanto que dos proyectos de ley proponen exenciones fiscales en la compra de su maquinaria.

En otro frente, los juegos de azar sirven como tragamonedas para los legisladores. La Tribu Seminole, que negoció con el gobernador Rick Scott los derechos exclusivos del blackjack y la ruleta, donó $388,000, mientras que Disney, opuesto a los casinos –que despojan su clientela–, mas partidario de este acuerdo, aportó $1.1 millón, informó el Herald. Del otro lado del péndulo, las compañías de pistas de carrera o frontones contribuyeron $642,659, en un intento por romper el monopolio de la tribu. Se trata de un juego nuevo: el de tirar la cuerda en la capital estatal. Y los grupos de presión ganan la partida.

El financiamiento electoral con fondos corporativos a través de comités políticos es una de las grandes limitantes del proceso democrático en el tercer estado más poblado de Estados Unidos. Por eso tantos ciudadanos consideran que Tallahassee no representa sus intereses ni comparte sus desvelos. Un sondeo de la Universidad del Sur de Florida efectuado en octubre pasado concluyó que el público general otorga calificaciones de rango medio a sus líderes y gobiernos. Las prioridades del pueblo floridano se centran en la economía, la educación, la criminalidad, la inmigración y el medio ambiente.

Poca es la fe que profesan en el hallazgo de un cloro suficientemente potente para desinfectar estas polutas aguas. 

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista de Miami.

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