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Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: La Florida monolingüe

La enseñanza de un segundo idioma en escuelas públicas pudiera perder la batalla con la programación de computación, si se aprueba proyecto de ley estatal.
La enseñanza de un segundo idioma en escuelas públicas pudiera perder la batalla con la programación de computación, si se aprueba proyecto de ley estatal.

La guerra sin cuartel contra el buen uso del español en Miami gana terreno a pasos agigantados en distintos frentes. Parece inminente –¡oh no, cielos!– la destrucción del alma del idioma.

Políticas públicas en las escuelas desvirtúan la riqueza lingüística y promueven la paulatina decadencia de los estándares de perfeccionamiento. A nivel popular, el estallido de errores y disparates de los hablantes descuartiza la fisionomía, el tejido de sus construcciones y la espléndida gramática castellana. Los políticos locales se expresan en un español de pacotilla. Y los medios de comunicación, en especial la televisión, corrompen el buen gusto literario y el oído musical de quienes atesoramos el español como lengua materna.

Por desgracia, pocos en el sur de la Florida miran la palabra como un signo de inteligencia.

Bien o mal hablado, lo cierto es que el lenguaje, independientemente de cuál sea, es fuente de adquisición intelectual, base de la interacción humana, eficaz vehículo para comunicar las ideas. En la evolución del hombre y en la formación de su pensamiento, la lengua ocupa un sitial protagónico.

Pero en esta era digital de escuetos mensajes y horrores ortográficos en las redes sociales, de carácter impersonal y controlado, donde no se propician encuentros ni visitas y las relaciones amorosas se rompen con un árido mensaje de texto por teléfono, la Florida apuesta a una involución que conduce a una crisis aún más grave en la comunicación entre la juventud.

En las altas esferas del poder en Tallahassee, avanza con ímpetu un polémico proyecto de ley cuya meta es inmolar el aprendizaje de un idioma extranjero en las secundarias en nombre de la programación de computadoras. ¿Para qué estudiar el español de Cervantes si el alumno puede formarse en JavaScript y desarrollar aplicaciones móviles? ¿Quién precisa el francés de Dumas cuando el mapeo objeto-relacional de Django permite escribir código Python?

Aupándola como una iniciativa pionera de liderazgo nacional en tecnología, el Senado aprobó esta propuesta que permitiría a los estudiantes emplear los créditos de cursos en Programación Informática para sustituir la exigencia del adiestramiento en un segundo idioma. Además, obligaría a las universidades estatales a aceptar los créditos de computación como si correspondieran al estudio de idiomas. Sin embargo, las instituciones privadas y fuera de la península sí requieren idiomas, lo cual limitaría las opciones de los jóvenes. Una versión parecida es debatida en la Cámara de Representantes esta semana. Escasas horas quedan para reclamar este desparpajo.

Profundizar en el conocimiento del lenguaje de una computadora es una excelente oportunidad para adentrarse en los avances de la industria electrónica, mas suprimir el idioma de la comunicación interhumana es cercar a los jóvenes entre murallas. Los dispositivos digitales no son personas. No es pragmático distanciar a las generaciones futuras del paladín de nuestro vigor como región en el comercio internacional y el turismo. La economía sufriría, a los graduados se les haría más arduo conseguir trabajo y ascender de nivel socioeconómico, pues el problema se agudiza entre las clases menos favorecidas.

Este proyecto legislativo es la cereza del pastel de la ideología dominante del monolingüismo. A escala local, tal vez empujado por la urgencia de lavar su imagen, el Sistema Escolar de Miami-Dade estableció un equipo de trabajo para promover el bilingüismo, pero se le prohibió estudiar la implementación del cuestionado programa Idioma Extranjero Extendido (EFL) que casi desplaza la enseñanza tradicional del español. Sus hallazgos, empero, son un verdadero enigma hasta la fecha.

Ante este vendaval en el que subyace un choque de valores, se esfuma la esperanza de preservar un español culto. Su mezcolanza con el inglés al margen de la norma nos deja con un revoltijo fonético, un idioma sin diccionario que amenaza la robusta unidad de nuestra lengua, pensamiento e identidad.

Por eso a la asignatura de los idiomas en Miami bien pudiésemos aplicar el afamado proverbio latino: sint ut sunt aut non sint –que sean como son o que no sean.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista de Miami.

dshoer@miamiherald.com

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de febrero de 2016, 3:18 p. m. with the headline "DANIEL SHOER ROTH: La Florida monolingüe."

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