Daniel Shoer Roth

DANIEL SHOER ROTH: La ciudad que regala dinero

Con la luz del rostro en sus sonrisas, henchidos de vitalidad y animados por la vanguardia, no faltaron los políticos locales que corearon el jueves, en un escenario de pura algarabía, a Pitbull en La Pequeña Habana, en cuyas calles el rapero se forjó un futuro de superación y éxito. Ciertamente había razón para celebrar (y figurar).

El artista intenta mejorar la educación pública con su ejemplo. Es encomiable recordar las raíces humildes y ser uno agente de cambio y progreso.

La jerarquía en la cúpula de la Ciudad de Miami, no obstante, mantuvo en silencio un acontecimiento que también augura mejorías en otro frente. Parece que no le convenía publicitar su gestión. No habrían tantos aplausos ni alabanzas, sino más bien ceños fruncidos y murmuraciones.

Mientras andábamos en las correrías previas al Año Nuevo, los comisionados municipales convocaron a una reunión en la cual aprobaron unánimemente subsidiar un multimillonario proyecto de construcción privado con un aporte de casi $90 millones –en forma de exenciones tributarias– provenientes de un fondo establecido para aliviar el costo social de los barrios de tugurios, el hacinamiento y la insalubridad, así como para proporcionar viviendas a un precio asequible.

En otras palabras: los inquilinos sin plomería en sus residencias, con aberturas en las paredes, ventanales de cristal rotos y techos descascarillados que busquen una carpa para acampar. Hay que remunerar a las corporaciones vinculadas al colosal complejo de lujo residencial y comercial en Overtown que “prometen” dar preferencia a residentes en trabajos de construcción pésimamente pagados y ornamentar las calles a su derredor venidas a menos.

La espléndida concesión no es un incentivo para atraer desarrollo urbano. Los inversionistas de Miami Worldcenter ya estaban calentando los motores de las grúas y la Comisión de Miami había aprobado la propuesta meses antes de que aflorara en la palestra el término “subsidio”.

No es una desfachatez aislada. El verano pasado, los dirigentes auparon una cruzada para conquistar los corazones de los votantes con el espejismo de una utópica versión de la “Torre Eiffel”. Los electores tropezaron con el mismo peñasco al aprobar el arriendo de un terreno litoral del dominio público a una empresa que erigiría la torre de observación SkyRise supuestamente sin un centavo del erario. Semanas después, el promotor inmobiliario recibió una subvención del gobierno del Condado Miami-Dade de $9 millones.

Los auxilios financieros no son en absoluto comparables. Pero se enlazan en un territorio común: el bolsillo de los contribuyentes. A la hora de desembolsar el dinero ajeno de los dueños de propiedad es muy fácil enjuagarse con la espuma de la generosidad.

La historia del SkyRise es la del gato por liebre. Hace un tiempo, los votantes dieron luz verde al gobierno condal para tomar préstamos valorados en $75 millones para la inversión en desarrollo económico. Los $9 millones son parte de dicho paquete y serán restituidos a las entidades bancarias, sumados los intereses, con nuestros impuestos. Para colmo, algunos críticos consideran que la atracción turística no cumple los parámetros de catalizador del cambio hacia el desarrollo sostenible.

La deuda del gobierno condal, que a duras penas puede mantener a flote la fuerza policial y otros servicios básicos, supera con creces la altura de este moderno rascacielos, a raíz de las mejoras al Sistema del Hospital Jackson, la construcción del Museo de Arte de Miami Pérez (PAMM), el túnel PortMiami y cientos de proyectos como una nueva sede para la Policía y la ampliación de los parques.

Los $90 millones en descuentos fiscales de la Ciudad de Miami al Worldcenter son harina de otro costal. A partir de la década de 1980, los gobiernos municipales y condal establecieron las Agencias para el Redesarrollo Comunitario (CRA) en distritos depauperados con la obligación, por ley estatal, de tender una mano de misericordia a los desprovistos de techo y de una vida digna. El incremento diferencial en la recolección tributaria a los propietarios de cada área es depositado en las alcancías de las CRA, panales del despilfarro en la ejecución de obras públicas. Más que ayudar a la población original, las nuevas estructuras la desplaza por otra de un mayor nivel adquisitivo.

La Junta del CRA para el área de Southeast Overtown/Park West no es muy independiente. Sus cinco miembros son… los mismos comisionados de Miami. Es estrafalario que si la Comisión había aprobado hace unos meses el megaproyecto a la luz pública, de pronto, en las vacaciones navideñas, optara por regalar el dinero de los ciudadanos bajo la sombra de la agencia.

La CRA aledaña, correspondiente al Distrito OMNI, otorga anualmente al Centro de Artes Escénicas Adrienne Arsht $5 millones para su administración, porque el capital del gravamen a los turistas que mantendría los hermosos teatros fue desviado para costear el Estadio Miami Marlins. Esto es un desfalco a los pobres.

Dicho CRA también concedió al Museo PAMM un millón de dólares porque la institución no recolectó suficiente de los acaudalados donantes. Sus partidarios habían prometido no solicitar más fondos del erario. Nadie se acuerda. Cruzando el puente, en Miami Beach, una agencia de redesarrollo de la ciudad balneario ha contribuido a la expansión del Centro de Convenciones.

Estadios, teatros, museos, recintos de congresos e incluso proyectos del sector privado en tiempos de recesión –no hoy– merecen la inversión pública por su bien colectivo. SkyRise, Worldcenter, Midtwon… también impulsan la precisada revitalización de áreas marginadas.

Pero basta de hipocresías. Ninguno de estos establecimientos que cobran entrada se antepone a la urgente necesidad de asistir a miles de familias que residen en apartamentos inundados de aguas negras, moho tóxico, tuberías dañadas, techos putrefactos; sin luz natural ni agua caliente. Los gobernantes tienen la responsabilidad de proteger la salud pública y de velar por las condiciones habitables de los residentes. Para eso fueron creadas las CRA. ¿Cuántas vidas no cambiarían con una leve porción de los jugosos $90 millones? ¿Cuántos sin hogar no pudieran adquirir una modesta vivienda a costo asequible?

Queridos políticos: Por favor, quieran a su pueblo. Cópiense de Pitbull.

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