Daniel Shoer Roth

Soplo de brisa fresca para los exprimidos contribuyentes de Miami-Dade

Vista del downtown de Miami.
Vista del downtown de Miami. El Nuevo Herald

Los políticos de Miami finalmente han escuchado el clamor de su pueblo y muestran alguito de misericordia.

Habituados a pagar los platos rotos de la administración pública y del despilfarro del erario, los ciudadanos están disgustados por la presión tributaria en varios frentes, cobros de peaje a la vuelta de cada esquina, cámaras buscando presas vehiculares en los semáforos, multas policiales al poner un pie en la calle, ascendentes tarifas en los servicios públicos, voraces parquímetros tragamonedas, aranceles a uno y otro trámite municipal, costas judiciales intimidantes… dinero, dinero y más dinero.

Este verano, empero, en medio del calor abrasador y la naturaleza que exuda humedad, sopla una brisa aromática y etérea desde los ayuntamientos.

Tanto el Condado Miami-Dade como la Junta Escolar –dos colosos receptores de la recaudación fiscal– anunciaron una diminuta –y enhorabuena– reducción en la tasa impositiva a los propietarios de vivienda para 2017, siempre que los presupuestos elaborados por sus ramas ejecutivas se aprueben en semanas venideras. Sucedió algo similar en la Ciudad de Miami y en Miami Beach, lo cual apunta a una realidad inequívoca: más nueces y menos ruido.

Desde luego, la buena voluntad además responde a un vigoroso mercado de bienes raíces. Impulsado por el apogeo de nuevas edificaciones, el valor gravable promedio de la vivienda en Miami-Dade ascendió este año un 9.1 por ciento con respecto a 2015. La valoración total de la propiedad inmobiliaria (residencial y comercial) en el condado alcanzó $251,000 millones, su cota máxima.

El rédito de la tasación a ese magno patrimonio es como maná del cielo para engrosar las arcas de los gobiernos locales. Pero también se presta para confusiones, creyendo algunos dirigentes estar en una tierra de leche y miel a la hora de sacar la chequera.

Se vislumbra en sus intenciones un empuje colina arriba del gasto público y, de no ser vigilantes, los miamenses pudiéramos terminar condenados a un trabajo de Sísifo, viendo las reservas resbalarse montaña abajo cuando las grúas de construcción hagan silencio.

En la Ciudad de Miami, la administración prevé un presupuesto operativo de $979 millones este próximo año fiscal, batiendo su récord histórico, para costear un aumento salarial a su fuerza laboral y velar por una mayor seguridad pública. Aunque la tasa impositiva a la propiedad se mantiene igual, los residentes notarán un alivio tributario por sexto año consecutivo, en esta ocasión vinculado a los servicios de la deuda.

Mientras tanto, en el Condado Miami-Dade, el cómputo anticipado de gastos operacionales y de capital atraviesa el umbral de $7,100 millones, alrededor de $350 millones por encima de 2016, con lo cual se cubrirá alza de sueldos, mejoras en la sincronización de los semáforos y horario ampliado para el uso de bibliotecas, entre otros pasivos. La propuesta reduciría menos de un punto porcentual el gravamen sobre el inmueble. Minúscula la diferencia, sí, igual que el ahorro planteado por las autoridades de la enseñanza en la porción del impuesto destinada al distrito escolar. Algo es más que nada.

Más allá de estos descuentos, es fundamental comprender que, debido al encarecimiento de los bienes raíces, el monto sujeto a gravamen, en general, será mayor. Por ende, el pago al erario podría ser más cuantioso, incluso para los contribuyentes amparados por homestead exemption, que limita los incrementos en el valor de tasación a un máximo de 3 por ciento anual.

A fin de cuentas, el saldo es bastante positivo para los propietarios debido a la plusvalía de sus bienes, acompañada de tasas impositivas adecentadas, gracias al mercado inmobiliario y a los políticos de turno atentos a la súplica del electorado. Pero no hemos de olvidar nunca que la felicidad de unos es también desdicha de otros. Con la espiral alcista del precio de los inmuebles, muchos sufren el exorbitante costo de los alquileres y las secuelas sociales de la renovación urbanística. Para ellos pidamos también un hálito de brisa fresca.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

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