Daniel Shoer Roth

La Florida profana la Creación

Los Everglades de Florida.
Los Everglades de Florida. Getty Images.

En duelo se marchita la tierra,

se amustia, se marchita el orbe,

el cielo con la tierra se marchita.

Sus habitantes profanan la tierra.

Isaías (24, 4-5)

Narra la leyenda que el explorador español Juan Ponce de León recorrió la Florida en busca de la mítica fuente de la eterna juventud, un espléndido manantial que transformaba grietas del andar en lozana piel.


Desde entonces, el agua se ha coronado, junto al sol, como los más expresivos símbolos de esta península norteamericana. El cristalino mar, ríos y lagos, testigos de contingencias y éxodos, de ensueños y aventuras, subrayan los sentimientos de pureza y felicidad.

Hoy, esas aguas son depósito de desechos, sucios y contaminantes químicos. Basura y muerte. Obra de la codicia del hombre y la industria. La floración masiva de algas cianobacterias que tiñe de verdiazul lagunas costeras y estuarios a causa del escurrimiento de las granjas es un ejemplo fehaciente. Su toxicidad amenaza los ecosistemas y plantea serios riesgos para la salud pública, además de convertir las playas en hediondo guacamole.


El desastre ecológico, ¿ha despertado mayor concientización en la planificación y gestión de los recursos hídricos y del suelo? Aparentemente no. Las autoridades estatales impulsan una iniciativa que impurifica las aguas floridanas con gran cantidad de sustancias químicas, liberadas en altas concentraciones. Algunos de los nuevos agentes permitidos son de acción carcinogénica, una medida inaceptable pues atenta contra la vida misma.


Un plato de pescado pudiera estar condimentado con el hidrocarburo benceno. El plaguicida aldrín penetraría los poros al zambullirse el bañista en la bahía. Un refrescante trago de agua potable adquiría un saborcito al plastificante DEHP, nocivo para el desarrollo reproductor. Tenía razón Hipócrates, el Grande de la medicina en el siglo V a.C.: somos lo que comemos.

Una comisión normativa designada por el gobernador Rick Scott –cuyo historial en el cuidado de la naturaleza no es plausible– validó esta semana el plan del Departamento de Protección Ambiental, que dice fortalecer los parámetros de calidad del agua para beneficio de la ciudadanía. No obstante, las organizaciones ecologistas advierten que estas regulaciones benefician a corporaciones de perforación de petróleo y gas, plantas de tratamiento de aguas residuales, tintorerías y agricultores.


En años recientes, el exceso de fertilizantes en el cultivo de tierras, el tratamiento inadecuado de aguas negras de los tanques sépticos, la destrucción de los humedales a mano del desarrollo urbano desmedido y las escorrentías de aguas pluviales, han devastado los recursos hídricos. Carece de lógica este comportamiento en un estado dependiente del turismo. Dicha contaminación supone peligro para la salud humana y fauna marina. Las consecuencias están a la vista cuando cierran las playas debido a niveles bacterianos inseguros o aparece flotando un manatí sin vida.

El desarrollo sustentable en el Estado del Sol es materia de disputas en Tallahassee, donde la gestión medioambiental es irresponsable. El gobernador y la Legislatura declararon guerra a normas federales de protección del agua y obstruyeron un proyecto que contemplaba comprar terrenos a empresas azucareras, en la margen sur del lago Okeechobee, para captar, almacenar y administrar agua de lluvia. Fondos aprobados por el electorado con este propósito se desviaron hacia otros fines que no mitigan problemas en el entorno natural.

La ausencia de una política ambiental coherente e integral de largo alcance para responder a las variaciones del clima es lamentable. El crecimiento de ciudades enclavadas en zonas ecológicamente vulnerables y la consecuente presión sobre el agua acarrea efectos impredecibles, a gran escala, difíciles de resolver, como el reciente brote de algas.

Una de las bendiciones infalibles del sur de Florida es su topografía: aire puro para respirar, clima cálido embellecido por playas, manglares y arrecifes coralinos, los parques nacionales Everglades y Biscayne… un festejo de la naturaleza divina que a todos invita y no ha de ser profanado.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

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