El puente hacia Cúcuta y la endémica hambruna en Venezuela
En su colección de ensayos Las Nubes, Arturo Uslar Pietri, uno de los más eminentes intelectuales y visionarios de la Venezuela contemporánea, recoge una copla popular que recita: Cuando fueses a los llanos / y no llevares avíos / cantando se quita el hambre / silbando se quita el frío.
Se refiere el ilustre escritor a la escasez de alimentos y extrema desnutrición que afligieron a las clases sociales trabajadoras durante el proceso histórico del siglo XIX, lacrado por el hambre, la ignorancia, la violencia y el paludismo.
Aquel canto de vena humorística debió sonar como melodía de fondo para desahogar a decenas de miles de venezolanos mientras cruzaban el mes pasado el puente que conecta a Cúcuta, Colombia, en agónica busca de alimentos y medicinas, cuyos rostros dejaban traslucir la miseria y el descalabro en que estaban sumidos. El arrumbamiento de la riada humana era una triste pintura que se grababa en el alma de una otrora próspera nación y arrancaba lágrimas de los ojos.
Para los venezolanos radicados en Miami y otras latitudes de la creciente diáspora de coterráneos, ese desplazamiento que tomaba los visos de una fuga masiva nos sacudió, con dolorosa premura, y nos llevó a hallar consuelo en escapes de la imaginación a esferas distantes, a recuerdos que aún retienen los deliciosos sabores de nuestras mesas y las gratas sensaciones de nuestra patria, orando por una solución que de tal suplicio la libre.
Evocamos la Venezuela agroexportadora de suelo rico en materias primas tropicales como el cacao, el café, el tabaco, el ganado y otros renglones de la agricultura, así como productos forestales. Luego llegó la industrialización con la explotación petrolera y minera, la cual pavimentó el sendero a una economía equilibrada y estable; a un crecimiento positivo del sector manufacturero. La evolución tuvo reveces, sí, y el modelo de apertura de la última década previa a la revolución socialista dio signos preocupantes como el empobrecimiento y el despilfarro, mas el pabellón criollo, la hallaca, el sancocho, la arepa, el bienmesabe y la chicha estaban al alcance de la mayoría de la población.
Hoy, hurgar, como los perros, entre los tachos de basura para rescatar algún desperdicio, o aguardar en interminables filas para obtener alimentos de la cesta básica, o levantar gritos de desesperación desde el maltrecho estómago, son demostración de la hambruna endémica que se cierne sobre los venezolanos. Es el corolario de una transformación que origina con Hugo Chávez y desemboca en una generación de menores espoleados por la anemia; de niños severamente desnutridos con piel flácida, tórax raquítico y ojos hundidos.
Los abanderados del socialismo del siglo XXI confiscaron las haciendas más fecundas y no supieron cultivar; impusieron férreos controles de precios y arruinaron la capacidad del aparato productivo; restringieron la concesión de divisas e impidieron la importación de víveres que antes, de hecho, se exportaban. Donde hubo salud y bienestar, sembraron un clima de enfermedad, de zozobra. Donde hubo ilusión y resistencia, crearon una atmósfera de desasosiego, de desesperanza.
En el país con las mayores reservas probadas de crudo del mundo, nueve de cada 10 hogares no tienen ingresos suficientes para nutrirse adecuadamente, concluyó un análisis de la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional citado en este diario. ¡Cuán inconcebible traición!
Los forzados del hambre que cruzaron el puente internacional Simón Bolívar por la carestía, sufren a diario restricciones que imposibilitan una holgada actividad humana y problemas muy graves de salud. Protagonizan una tétrica regresión de dos siglos, cuando en Venezuela, tras la guerra emancipadora, reinaban el hambre, el caos y la desorientación.
Después de tocar fondo, el país empezó a asentar los cimientos de una recuperación que en un futuro lejano estimularía una abundancia que conocieron nuestros abuelos. Volverá a mejorar cuando cada venezolano, como enseñó Uslar Pietri, “en su nivel, se esfuerce en ser lo mejor que pueda ser”.
Periodista egresado de la Universidad Central de Venezuela, escritor, biógrafo y cronista.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de agosto de 2016, 3:26 p. m. with the headline "El puente hacia Cúcuta y la endémica hambruna en Venezuela."