El espíritu olímpico y la ‘areté’ moderna
Los atletas en la Antigua Grecia competían en las Olimpiadas a título individual, no en equipos nacionales. El énfasis del logro en los concursos deportivos residía en el ideal homérico de la excelencia denominado “areté”, un sentido moral, pero también práctico, de la conducta. Había que ser mejor en todos los respectos: valiente, guerrero, equilibrado y justo. Un ejemplo heroico para inspirar a los más jóvenes.
Aquellas coronas de olivo en Olimpia, premio a un solo victorioso, centurias más tarde abrieron paso a tres medallas. La connotación religiosa de la competencia cesó, y lo juegos modernos transformaron la adoración a Zeus en la veneración al dinero, adquiriendo estos un sentido excesivamente mercantil. Las fieras rivalidades entre países y deportistas suponen a menudo un manantial de lágrimas, lesiones corporales, sacrificios financieros y el descrédito público ante la derrota.
Pero el espíritu olímpico de antaño –no la competencia, sino el mejoramiento personal–, continúa ardiendo en la antorcha de este campeonato que cada cuatro años permea en nuestros hogares los más maravillosos testimonios de superación; de la capacidad de trascender los límites de lo que somos capaces; de vidas plenas de sueños e ilusiones cumplidas; de una atmósfera empapada de increíbles hazañas desprendidas de la tenaz voluntad y perseverancia.
Es la oportunidad de conocer las alas invisibles del espíritu humano oculto bajo los uniformes de los deportistas, los efectos y frutos propios de la naturaleza moral y física. La norteamericana Simone Biles, la nueva Nadia Comaneci que ganó el concurso completo de gimnasia artística, fue arrancada de los brazos de una madre biológica adicta a las drogas y el alcohol, incapaz de hacerse responsable de su criatura, y situada en un hogar de acogida por los servicios de bienestar infantil de Ohio. Sus abuelos la adoptaron junto con su hermana, pues el padre tampoco estaba presente, y años después su afán por superar para siempre la adversidad de su nacimiento la guió hacia la cima del podio en Río.
A Michael Phelps, la mayor leyenda de la historia olímpica, la gloria no impidió caer en comportamientos autodestructivos. Apenas hace dos años fue arrestado en Maryland por conducir en estado de ebriedad y a exceso de velocidad. No era su primera aparición en el sistema judicial. En la adolescencia había sido sentenciado a libertad condicional por la misma falta. Una foto suya fumando marihuana divulgada en un tabloide británico lo hizo caer en desgracia y perder auspiciantes. Eventualmente, el nadador se internó en un centro de rehabilitación, asistió a terapia y grupos de doce pasos, y esta semana batió el récord de más de dos milenios de antigüedad, al acumular más títulos individuales que Leónidas de Rodas, el campeón griego que corría como una gacela con casco, armadura y escudo.
Hace algunos meses tuve el privilegio de entrevistar a tres atletas olímpicos hispanos del Team USA para un reportaje de portada en la revista Nexos de American Airlines. Más allá de sus proezas deportivas, el patrimonio común que los enlazaba era el arte del triunfo sobre la adversidad, así como el cambio de actitud del cual depende el dinamismo de la vida y el fluir de la energía.
A Carlos Balderas, boxeador amateur de California, lo fastidiaban en la escuela por su menuda figura y él respondía a puñetazos limpios. Su agresividad, la condición de su familia, inmigrantes que laboraban en las plantaciones de fresas, y el entorno marginal en su vecindario le auguraban un futuro en las pandillas. Su padre lo inscribió en clases de boxeo para drenar energías y acaso enderezarlo. Para acompañarlo a la Serie Mundial el año pasado, vendió su carro y así pudo costear el boleto. A sus 19 años, el púgil encarna el anhelo olímpico.
Conmovedores testimonios como el suyo abundan en las distintas delegaciones y en cada edición de los Juegos Olímpicos nos ayudan a comprender que el verdadero premio en la vida no es el oro, sino el esfuerzo por lograrlo. La “areté” está al alcance si damos lo mejor de nosotros mismos.
Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de agosto de 2016 a las 1:11 p. m. con el titular "El espíritu olímpico y la ‘areté’ moderna."