Fabiola Santiago

Militares cubanos a Obama: “vamos a hacerte un sombrero de plomos”

Militares cubanos cantan consignas contra Obama

Militares cubanos cantan consignas contra el presidente de Estados Unidos Barack Obama, durante desfile militar el 2 de enero en La Habana
Up Next
Militares cubanos cantan consignas contra el presidente de Estados Unidos Barack Obama, durante desfile militar el 2 de enero en La Habana

En una muestra particularmente absurda de poderío militar y folclor tropical, Raúl Castro presidió la semana pasada un desfile militar en La Habana para rendir homenaje a su hermano fallecido y conmemorar el 58 aniversario de la revolución.

Pero en vez de descargar contra el ganador republicano de las elecciones en Estados Unidos, quien ya ha reprochado y amenazado al gobierno cubano con sus célebres tuits, el tema del desfile fue contra Obama.

Militares cubanos cantan consignas contra el presidente de Estados Unidos Barack Obama, durante desfile militar el 2 de enero en La Habana

Aparentemente, a todos les gusta arrimarse al ganador y Raúl Castro no es la excepción. Está loco por deshacerse del presidente Barack Obama, quien abrió la política estadounidense hacia Cuba como ningún otro mandatario estadounidense.

La despedida es fea.

Para ver cuan fea, hay que escuchar las consignas de guerra que los soldados que desfilaban entonaron en contra de Obama:


“Comandante en Jefe, ordene. Ordene sobre esta tierra. Que vamos a hacer la guerra si el imperialismo viene. ¡Obama! ¡Obama! Con cuanto fervor quisiera enfrentarme a tu torpeza, para hacerte una limpieza con rebeldes y morteros, y vamos a hacerte un sombrero de plomos en la cabeza”.

No hay nada como un poco de santería —¡una limpieza!— para acompañar los uniformes, los fusiles y la amenaza contra el presidente estadounidense.


Aún juzgando por los estándares kafkianos de Cuba, amenazar con balear a un presidente norteamericano en la cabeza es algo fuera de serie. Es totalmente reprensible. Pero el malagradecido coro es incluso más extraordinario porque Obama sólo ha sido un amigo de Cuba que ha levantado unilateralmente muchas restricciones de comercio y viajes, cosa que le ha perjudicado políticamente en Estados Unidos.

El crimen grave de Obama contra Raúl Castro es que el presidente estadounidense es más popular que el mandatario cubano en su propia tierra, y la visita de marzo pasado despertó grandes esperanzas y expectativas en el pueblo cubano, que dio la bienvenida a Obama con alegría y muestras de solidaridad con Estados Unidos. Los cubanos escucharon el mensaje de Obama de que puede haber una Cuba mejor si ellos creyeran y aceptaran el cambio y la oferta de paz de Estados Unidos.


El octogenario liderazgo cubano se ha dedicado a dar marcha atrás al acercamiento desde entonces, haciendo más estrictos los controles sobre los emprendimientos privados, canalizando la actividad turística a través del gobierno y desatando una ofensiva contra cualquier forma de disidencia, aunque sea pacífica.

Eva Ronin y su hija Claudia Loba, presuntamente residentes en Francia y quienes protagonizaron un escándalo en redes al insultar con todo tipo de palabras obscenas a sus compatriotas en Miami, mostrando su apoyo al fallecido dictador Fidel Castro

Pero Cuba no estaría enfrentando ahora una recesión si Raúl Castro hubiera sido un verdadero reformista y hubiera aprovechado las oportunidades que el gobierno de Obama le brindó para diversificar la economía, permitir que los negocios privados florecieran y que el pueblo cubano se beneficiara directamente de la apertura.

Si Castro no se hubiera asustado tanto con el carisma de Obama, en vez de vuelos medio vacíos a la isla habría listas de espera para visitar Cuba por avión y barco. En vez de la brutal represión de disidentes y periodistas independientes, quizás hubiera respeto por los derechos humanos básicos y tolerancia a la participación político de todos los cubanos, no sólo de los que apoyan la dinastía de los Castro.


Castro desperdició una oportunidad única en la historia de Estados Unidos, y ahora su régimen vuelve a estar en la mirilla republicana más conservadora y tendrá un impredecible presidente electo a 90 millas de distancia. Raúl Castro va a necesitar mucho más que un desfile de soldados.

Los exiliados de línea dura, entre ellos legisladores de Miami que quedaron a un lado mientras Obama implementaba sus políticas amistosas hacia Cuba sin ellos, han regresado al poder y presionan con fuerza. En una carta dirigida a Donald Trump, cinco ex diplomáticos estadounidenses le pidieron que echara atrás la mayor parte de las políticas de Obama hacia Cuba en sus primeros 100 días en la presidencia, y que bloqueara la confirmación de un embajador en la isla.

Así fue el anuncio hecho por el gobernante de Cuba, Raúl Castro, sobre la muerte de su hermano Fidel en Cuba.

Es un resultado predecible de las elecciones.

Es posible que Castro termine deseando que sus soldados le hubieran regalado a Obama un bello sombrero de paja con mariposas, la flor nacional de Cuba. Porque ni siquiera los babalawos yoruba pueden predecir qué significará la presidencia de Donald Trump para Cuba.


Trump pudiera sentirse obligado a complacer a los exiliados de línea dura que lo ayudaron a ganar en la Florida, incluso después que alentó a los rusos —nada menos que desde Miami— a hackear a su oponente y a los demócratas. Pero con Trump nunca se sabe. Las oportunidades de inversión en la isla pudieran ser un factor más importante para él.

El presidente Obama, sin embargo, sigue su camino ético. Y la Casa Blanca y el Departamento de Estado declinaron comentar sobre el ofensivo coro militar.

En una reunión celebrada en diciembre en la Casa Blanca para conmemorar el segundo aniversario del acercamiento a Cuba, varias fuentes dijeron al Miami Herald y el Nuevo Herald que Obama planea mantenerse activo en el tema cubano como ciudadano privado. Pero dado el agrio tono militar de Raúl Castro en momentos que Obama todavía es presidente, es difícil prever cómo eso pudiera funcionar.

Quizás Raúl Castro se porte mejor con Trump, admirador de Putin, y sus miles de millones.

  Comentarios