Fabiola Santiago

Legisladores cubanoamericanos salen al rescate de Trump

Lilian Tintori, esposa del líder opositor venezolana encarcelado Leopoldo López, es recibida por el presidente Donald Trump, el vicepresidente Mike Pence y el senador Marco Rubio en la Casa Blanca, el miércoles.
Lilian Tintori, esposa del líder opositor venezolana encarcelado Leopoldo López, es recibida por el presidente Donald Trump, el vicepresidente Mike Pence y el senador Marco Rubio en la Casa Blanca, el miércoles.

El silencio es ensordecedor.

No se ha escuchado ni un suspirito de parte del contingente congresual cubanoamericano sobre el escándalo de Rusiagate del presidente Donald Trump.


Es bastante extraño, si se tiene en cuenta esto: tras el colapso del bloque soviético, los legisladores han denunciado durante décadas la más mínima señal de presencia de Rusia en Cuba como prueba de que el régimen de los hermanos Castro nunca cambiará ni hará reformas sustanciales. La presencia de Rusia, alegan, continúa siendo una amenaza para la seguridad de Estados Unidos.

Bueno, los rusos están operando aquí mismo en Estados Unidos, amenazando la integridad misma de la presidencia de EEUU.

Ya no es una simple sospecha. Existen crecientes pruebas de que Rusia estuvo inmiscuida en las elecciones estadounidenses. Y, de acuerdo con reportes internacionales, los agentes de inteligencia de Vladimir Putin están haciendo también lo mismo activamente en Europa.

Los descubrimientos sensacionales: una historia aparecida en el New York Times sobre comunicaciones interceptadas por funcionarios de la inteligencia de Estados Unidos entre trabajadores de la campaña de Trump y agentes de la inteligencia rusa. Un reportaje del Wall Street Journal de que funcionarios de inteligencia estadounidenses no han revelado información delicada al Presidente por miedo de que él pudiera filtrarla y ponerla en peligro. Un reportaje del Washington Post de que el asesor nacional de seguridad Michael Flynn, quien fuera obligado a renunciar el Día de San Valentín, había hablado con el embajador ruso sobre las sanciones estadounidenses impuestas por el entonces presidente Barack Obama antes de que Flynn ocupara el cargo. Es muy posible que Trump lo haya sabido durante semanas y haya permitido que Flynn engañara incluso a su propio vicepresidente.


Todo lo anterior plantea graves problemas para Trump, quien hizo un comentario fanfarrón durante su campaña en Doral, animando a los rusos a que siguieran espiando a los demócratas por medio de piratería cibernética. Luego de haber sido reprendido por eso, Trump dijo que había sido un chiste, pero, a la luz de los nuevos descubrimientos, parece más bien una verdad velada que se le escapó de esa boca ingobernable que tiene.

Esto tiene que ser condenado de alguna manera, y ciertamente hace un llamado a una investigación del Congreso, pero ahora que tanto la Casa Blanca como el Congreso están en manos de los republicanos, los cubanoamericanos no dicen ni esta boca es mía. A ellos ni siquiera los inmutó el hecho de que hubiera un barco espía ruso a 30 millas de la costa de Connecticut cerca de una base naval submarina de EEUU. Prácticamente al lado de la puerta de ellos en D.C., pero, ah, no estaba en La Habana.

¿Dónde está el ultraje de los cubanoamericanos? Enfocado en temas poco cuestionables, como el gobierno corrupto y despótico de Venezuela, algo que es seguro que salga en los titulares de primera página en Miami y que gane simpatías para Trump, quien mandó por Twitter una foto suya con el vicepresidente, el senador Marco Rubio y la esposa del preso político y líder de la oposición venezolana Leopoldo López.

Otro foco de atención: las sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos contra el vicepresidente venezolano Tarek El Aissami por jugar “un papel significativo en el narcotráfico internacional”. Fue como si el narco vicepresidente — quien tiene lazos con grupos islámicos radicales como Hezbollah en el Líbano, y cuyos activos incluyen tres condominios de lujo en Miami – hubiera caído del cielo justo en el momento adecuado.


“Tus días de libertad están contados”, dijo la representante Ileana Ros-Lehtinen en un mensaje de Twitter al narco chavista. Y eso fue sólo el comienzo de su rápida reacción de condena.

Los representantes Mario Diaz-Balart y Carlos Curbelo elogiaron varias veces a Trump en sus feeds de Twitter por sus sanciones y por haber pedido la libertad de López. Los legisladores condenaron asimismo al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por impedir las transmisiones de CNN, pero Trump se pasó toda la semana desprestigiando e intimidando a los medios de prensa estadounidenses con el poder de su cargo, y yo no escuché que ellos hicieran ninguna defensa de nuestra democracia.

Ninguno de los legisladores dijo ni una sola palabra sobre el barco ruso en las aguas de Connecticut, ni tampoco sobre lo que preocupó a muchos de sus colegas el jueves, un día de protestas en contra de las duras medidas antiinmigratorias de Trump. Algunos negocios, incluyendo los restaurantes más notorios de Washington, cerraron sus puertas en apoyo de los inmigrantes y el hashtag #ADayWithoutImmigrants (”Un día sin inmigrantes”) estuvo en el candelero todo el día.


Pero los problemas de alto perfil de Venezuela distrajeron a los miamenses de la crisis de la Casa Blanca. Y también los distrajeron de las redadas de ICE ordenadas por la administración en contra de los inmigrantes en toda la nación, algo sobre lo que una esperaría ver a un miembro hispano del Congreso comentando en Twitter, dada la consternación que las mismas causaron entre sus constituyentes.

Si Trump hubiera seguido siendo demócrata y hubiera ganado las elecciones, el contingente cubanoamericano en Washington habría estado en pie de guerra y expresando su más profundo ultraje ante sus lazos con Rusia, como hicieron tan a menudo con las medidas de Obama.

Pero los cubanoamericanos son fieles a su partido.

El jueves, Trump recompensó su apoyo y resolvió el rollo en que se había metido con los hispanos al designar a su gabinete a un cubanoamericano de Miami. El ex fiscal federal R. Alexander Acosta, decano de la Escuela de Leyes de la Universidad Internacional de la Florida, fue nominado al puesto de secretario del Trabajo del cual Andrew Puzder se había retirado luego de alegaciones de abuso doméstico y de que se pusiera en claro que había contratado a un inmigrante indocumentado como criado.

Finalmente, siquiera por defecto, hay algo que celebrar: un hispano en el círculo íntimo de Trump, que es mayoritariamente varón y anglosajón.


En el caso de Rubio, este se vio acorralado en una esquina del Capitolio por periodistas que le preguntaron si habría una investigación en el Senado de los lazos de la campaña de Trump con Rusia. El senador dio un zapateadito verbal sobre el tema, y se fue a cenar con Trump y la Primera Dama en la noche del miércoles.

Supuestamente hablaron sobre Cuba, pero Rusia es lo que está en la mente de todos.

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