Fabiola Santiago

Rubio, ¿cambia integridad de EEUU por un cambio de política hacia Cuba?

El senador Marco Rubio (der.) y el también senador republicano, por Idaho, James Risch como parte del Comité de Inteligencia del Senado, escuchan el testimonio del ex director del FBI James Comey, el 8 de junio en Washington, D.C.
El senador Marco Rubio (der.) y el también senador republicano, por Idaho, James Risch como parte del Comité de Inteligencia del Senado, escuchan el testimonio del ex director del FBI James Comey, el 8 de junio en Washington, D.C. TNS

Puede parecer difícil de concebir fuera de Miami, pero es posible que la lejana isla de Cuba y la política cubanoamericana hayan jugado un papel en la histórica audiencia del jueves de la Comisión de Inteligencia del Senado sobre la investigación acerca de la interferencia rusa en las elecciones del 2016.

¿Cambió el influyente senador republicano de Miami que es miembro de la comisión, Marco Rubio, la integridad de este país por la promesa de un cambio en la política hacia Cuba de Estados Unidos de parte del presidente Donald Trump? Las ópticas del tema –y el anuncio de una visita a Miami de Trump el viernes para anunciar una retirada, abogada por Rubio, de la política de reanudación de relaciones con Cuba del presidente Barack Obama– ciertamente parecen confirmar esta hipótesis.

Antes de la intervención de Rubio, el testimonio de parte del ex director del FBI James Comey se había demostrado cada vez más condenatorio con respecto al presidente Trump de la misma manera que un fiscal constante, inteligente y atento a los detalles va construyendo su caso.

Comey testificó que, en una serie de conversaciones incómodas sostenidas con Trump antes de que este lo destituyera, el Presidente lo había elogiado y le había exigido lealtad. Trump le hizo saber que él quería que se cerrara la investigación criminal del asesor de seguridad nacional Michael Flynn, y que se “levantara” la “nebulosa” de la investigación sobre los lazos de la campaña de Trump con la interferencia rusa, dijo Comey.

No hay forma de restar importancia al momento: fue grave.

Obstrucción de justicia fue algo que venía fácilmente a la mente, hasta que le llegó el turno a Rubio de hacer preguntas a Comey.

O, para decirlo mejor, de dar media vuelta al testimonio de Comey y hacer preguntas retóricas que ponían en duda las francas revelaciones de Comey. Rubio cambió la atención de Trump a las filtraciones de información a los medios de prensa. En lo que se refiere a la información, Rubio pareció interesado ante todo en conseguir que Comey admitiera en público que el presidente Trump “no se encontraba personalmente bajo investigación” que en obtener algún tipo de nueva evidencia para la investigación del Senado.

Fue como si Rubio –quien se ha hecho invitado fijo en la Casa Blanca, y quien ha votado a favor de confirmar todas las controversiales designaciones de Trump– estuviera fungiendo como el abogado defensor de Trump en lugar de como miembro de una comisión bipartidista que está investigando problemas cruciales de seguridad nacional.

La defensa de Rubio viene de parte de un senador que calificó a Trump de "estafador" cuando los dos se estaban postulando a la nominación republicana, y que luego prometió que sería el senador que podría necesitarse para contrarrestar los poderes excesivos del Presidente. Bueno, este fue el momento. Y Rubio sólo estuvo allí para sembrar dudas acerca de Comey, cuyo testimonio podría costarle a Trump la presidencia.

Simple politiquería de partido, podría decirse, pero hay más.

La opinión del presidente Trump con relación a Cuba tiene dos caras. Aunque Trump hizo una promesa de campaña a los veteranos de Bahía de Cochinos en Miami de que él restablecería una política de línea dura para lidiar con el gobierno de Cuba, su administración incluye a ejecutivos que le dieron el visto bueno a la reanudación de relaciones y viajaron a Cuba para explorar posibilidades de negocios.

Donald Trump, el ciudadano, también quería hacer negocios en la isla.


Mucho antes de que el presidente Obama restableciera las relaciones con Cuba en el 2014, ejecutivos de la organización de Trump visitaron a Cuba para explorar la posibilidad de abrir un club de golf de lujo, construir un hotel y levantar un edificio Trump Tower en La Habana. Estas excursiones, hechas sin la aprobación del Departamento del Tesoro y violando el embargo de Estados Unidos hacia Cuba, fueron bien documentadas por Bloomberg Businessweek y Newsweek.

A pesar de sus promesas de campaña, la reversión de la política hacia Cuba no parecía segura. Desde la investidura de Trump la política hacia Cuba “sigue siendo estudiada”, siempre a la sombra de otras prioridades políticas además de los crecientes escándalos del Presidente. Pero durante la controversial votación de la ley de atención médica, la administración de Trump empezó a hacer compromisos políticos, obteniendo para el desastroso Trumpcare el voto de los congresistas Mario Díaz-Balart y Carlos Curbelo, que como Rubio, buscan revertir la política de Obama.

Para Rubio, político ultraconservador que ha cultivado celosamente el voto del movimiento Tea Party a nivel nacional y de la Florida, revertir uno de los logros más significativos del legado del presidente Obama en cuanto a la política exterior es una de sus principales prioridades, y también algo personal.


Cuando el presidente Obama anunció el 17 de diciembre del 2014 que iba a echar a un lado 50 y tantos años de política fallida hacia Cuba –un momento histórico que fue apoyado en ambos lados del Estrecho de la Florida– el Presidente hizo algo impensable: no lo consultó con los cubanoamericanos del Congreso.

Rubio calificó esto de "lo más bajo" y de "una bofetada en pleno rostro".

Si a los problemas de Trump se les da de lado, Rubio tendrá la oportunidad de dar su propia bofetada, y de celebrar su victoria en Miami.

Sin Trump, la política de relaciones con Cuba pasa a segundo lugar con relación a la crisis del mando de la nación, y permanecería intacta siquiera por no haber quien se ocupe de ella.

El ex director del FBI testificó que Rusia estaba actuando inequívocamente en contra de Estados Unidos. Dijo además que la Casa Blanca "miente, simple y llanamente". Y expuso argumentos en favor de que el Presidente sea investigado por obstrucción de justicia.

Trocar la integridad de este país por un cambio en la política hacia Cuba es bochornoso.

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