Mientras cazan inmigrantes indocumentados, la Patrulla Fronteriza fastidia también a ciudadanos
Joshua Dobarganes, actor nacido y criado en Miami, experimentó de primera mano el miércoles por la noche lo que es vivir en la Florida en medio de la ofensiva draconiana de inmigración desatada por el presidente Donald Trump.
Cuando regresaba a casa desde Jacksonville en un largo viaje en un autobús Greyhound, Dobarganes, de 31 años, fue el primer pasajero en bajar del vehículo en la parada de West Palm Beach para respirar un poco de aire fresco, y se encontró con varios agentes de la Patrulla Fronteriza esperando en la oscuridad, con las armas enfundadas y acompañados de un perro.
Un agente levantó el brazo delante de Dobarganes, indicándole que se detuviera, y le preguntó de dónde venía, y después: “¿Usted es ciudadano estadounidense?”
Confundido, Dobarganes ofreció entregarle su licencia de conducir, en medio de una risa nerviosa, y le preguntó si necesitaba algo más.
“Aquí estoy, de momento ‘una persona de interés’ ”, me dijo Dobarganes el jueves. “No he dejado de pensar en eso”.
Dos hispanos de piel oscura que no hablaban inglés no tuvieron la suerte de Dobarganes, quien pasó la inspección con su inglés perfecto. A los otros hombres, que habían abordado el autobús en Orlando, los esposaron y les preguntaron repetidas veces: “¿Tienes un cuchillo? ¿Tienes un cuchillo?”
Permanecieron en silencio, obedeciendo, dijo Dobarganes, y los agentes de la Patrulla Fronteriza nunca intentaron traducirles lo que decían. Mientras tanto, otros agentes abordaron y registraron el autobús.
“Yo nací y me crié aquí. Me gradué de FIU [Universidad Internacional de la Florida], y me sentí raro en ese lugar, con esos agentes frente a mí, revisándome la bolsa”, dijo Dobarganes, cuyos padres vinieron de Cuba a finales de los años 1960 cuando eran adolescentes. “¿Qué demonios es esto? Sentí que era una violación. Todo era oscuro. He montado estos autobuses otras veces y nunca me había pasado esto”.
El conductor del autobús no ofreció ninguna explicación a los pasajeros. “Nos fuimos de allí como si nada hubiera sucedido”.
Según mi cuenta, esta es la tercera vez que esto sucede recientemente en un autobús de Greyhound en la Florida. Hubo otros dos en la parada de Fort Lauderdale. Uno de ellos terminó con el arresto de una abuela jamaiquina con una visa de turista vencida que había venido a conocer su nieta en Orlando. El otro caso fue de un guyanés cuyo padre, ciudadano estadounidense, lo había reclamado. ¿Quién sabe cuántos casos más ha habido y no lo sabemos. También vale la pena señalar que la ciudad de West Palm Beach recibió una carta amenazadora del Departamento de Justicia en la que exigía más cooperación, el mismo día que la Patrulla Fronteriza estaba presente en su estación de autobuses por la noche.
Le pedí una explicación a Greyhound —que presta servicio a 18 millones de pasajeros al año en Estados Unidos— sobre cuál es su responsabilidad con sus clientes cuando una agencia del gobierno claramente tiene en su mira a una compañía que es utilizada por una gran cantidad de personas de color, particularmente hispanos. Pero no dieron muchas explicaciones.
La portavoz Lanesha Gipson repitió lo mismo dicho antes en un comunicado: “Estamos en contacto con la Patrulla Fronteriza, pero por ley tenemos que cumplir todas las leyes locales, estatales y federales y cooperar con las agencias policiales si nos piden abordar nuestros autobuses o entrar a las estaciones”.
Pero ¿por qué no le dan esa información a los clientes sobre lo que va a suceder y le informan antes de que suban a un autobús como si fueran ovejas que llevan al matadero?.
“Desafortunadamente, incluso verificaciones de rutina en medios de transporte pueden tener un impacto negativo en nuestra operaciones y sobre algunos clientes directamente”, expresó un comunicado de la empresa que envió por correo electrónico. “Alentamos a cualquier persona con preocupaciones sobre lo que ha sucedido a contactar directamente a estas agencias. Greyhound está contactando a las agencias para ver si hay algo que podamos hacer por nuestra parte para minimizar cualquier efecto negativo de este proceso”.
Quizás es hora de que las personas con conciencia rechacen la actuación de la Patrulla Fronteriza en la Florida, donde las carreteras están dentro de un radio de 100 millas de la costa, que se considera legalmente una frontera, con acciones económicas y jurídicas. (Para no mencionar nuestros votos en las elecciones de noviembre de este año). Algunos expertos legales dicen que la Patrulla Fronteriza tiene que mostrar que existe una sospecha razonable de que está buscando a delincuentes específicos antes de realizar operaciones, o los agentes se arriesgan a infringir las protecciones de la Cuarta Enmienda contra registros y decomisos ilegales.
Para empezar, no hace falta decir que los inmigrantes indocumentados no deben usar los autobuses de Greyhound.
La compañía, que destaca particularmente su servicio entre México y Estados Unidos, tiene una obligación moral con sus clientes, y una obligación legal de velar por su seguridad. Que sea temporada abierta para cazar inmigrantes por decreto presidencial no es excusa para no abordar el asunto de los registros y los arrestos con transparencia, información y buena voluntad.
Lo mismo vale para Motel 6, la cadena de moteles que es objeto de una demanda de un grupo de derechos civiles en Phoenix por discriminar a clientes hispanos en dos lugares. Empleados —aquí les decimos chivatos— entregaron información personal que los clientes les dieron en la recepción a agentes de inmigración, que entonces arrestaron a siete huéspedes. Los empleados entregaron esa información sin exigir a las autoridades una orden judicial ni que mostraran alguna sospecha razonable de que se había cometido un delito, alega la demanda, presentada por el Mexican American Legal Defense and Educational Fund.
¿Es hora de boicotear a compañías como Greyhound, Motel 6 y otras que se prestan a prácticas cuestionables que violan el espíritu de la legalidad constitucional y resultan deplorables en un país que se dice “libre?”
Después de todo, en su caza de inmigrantes indocumentados, los agentes de la Patrulla Fronteriza fastidian también a ciudadanos estadounidenses. Y, dado los miles de millones de dólares que Trump ha pedido al Congreso para más agentes de la Patrulla Fronteriza y la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE), quizás no pase mucho tiempo antes de cumplamos los requisitos para que nos llamen un estado policial.
Más tarde o más temprano, las redes policiales también llegarán a tu puerta.
“Nunca más voy a tomar el autobús”, dice Dobarganes.
Como este hijo de Miami criado con los ideales de libertad y justicia para todos, usted también debe preguntarse: ¿Qué demonios pasa aquí?
Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de enero de 2018, 11:22 a. m. with the headline "Mientras cazan inmigrantes indocumentados, la Patrulla Fronteriza fastidia también a ciudadanos."