Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Fabiola Santiago

La política de separar a padres e hijos inmigrantes es abusiva. Recordemos a los hijos de Peter Pan

Un grupo de niños con carteles contra las deportaciones durante una protesta frente a las oficinas de la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) en Miramar, Florida, el 1 de junio del 2018
Un grupo de niños con carteles contra las deportaciones durante una protesta frente a las oficinas de la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) en Miramar, Florida, el 1 de junio del 2018 AP

En su retorcido entendimiento de lo que es ser padre, para el secretario de Justicia federal Jeff Sessions los que huyen de la violencia descontrolada con sus hijos son contrabandistas.

Y la forma de castigarlos por tratar de salvar a sus hijos es arrancándoselos de los brazos, y encarcelar a padres e hijos en centros de detención a miles de millas de distancia unos de otros mientras los padres aguardan ser enjuiciados penalmente.

“Si usted contrabandea un niño, lo vamos a enjuiciar, y ese niño será separado de usted, como exige la ley”, dijo Sessions recientemente. “Y si no le gusta eso, entonces no contrabandee menores en nuestra frontera".

Sessions volvió a la carga el martes cuando fue presionado por un conductor de radio conservador que admitió que esas separaciones lo "afectaban" sobre la moralidad de esa política: "Tengo que propagar este mensaje. No les vamos a dar inmunidad”.

Sin embargo, esta funesta y abusiva política de "tolerancia cero" no va a impedir los cruces ilegales a Estados Unidos. El Washington Post ha reportado, de hecho, que la cantidad de niños inmigrantes detenidos sin su padres aumentó 21 por ciento el mes pasado, a 10,773 menores.

Esto no va a parar mientras el presidente Donald Trump y su gobierno ignoren el grado de desesperación que impulsa la inmigración. No va a parar cuando, en vez de buscar una solución con nuestros vecinos, el presidente prefiere echar mano a insultos y llama "países de mierda" a los países de donde estas personas huyen.

Esto no se va a detener porque no hay nada que un padre no haga para salvar la vida de sus hijos, y estos padres centroamericanos que tocan a nuestras puertas no son diferentes. Cuando sus hijos son objeto de la violencia de las pandillas, sus opciones son quedarse y verlos morir en la calle o huir en busca de refugio. No importa lo peligroso que sea el viaje. No importa lo alto que sea el muro ni la mala cara del recibimiento.

Esa huída es heroica y valiente.

La respuesta del gobierno de Trump es inhumana y debe preocupar a todos los padres en Estados Unidos.

Me atrevo a decir que si los niños en cuestión fueran rubios de ojos azules, en vez de mestizos con los horrores sufridos retratados en el rostro, eso generaría tremenda indignación. ¿Debo decir también que la política de separación liderara por Sessions es repugnante y hace recordar la era de la esclavitud, cuando separaban a las familias y vendían las personas a diferentes esclavistas?

Este gobierno inflige más trauma sobre niños vulnerables, no porque este país rico no pueda acogerlos, sino porque se trata de alimentar una política divisiva. Merecemos la condena del mundo por esta violación de convenciones internacionales sobre el trato a los niños inmigrantes. Levantemos nuestras voces.

En el sur de la Florida conocemos muy de cerca la historia de niños que huyeron —a un gran costo— al refugio seguro que antes era Estados Unidos.

Para conocer los sacrificios de padres temerosos por el destino de sus hijos, solamente tiene que echar un vistazo a la Operación Pedro Pan, el éxodo de niños cubanos en los años 1960 que trajo más de 14,000 menores no acompañados a nuestras costas.

Cuando quedó claro que el gobierno de Fidel Castro estaba tomando un rumbo irreversible hacia el comunismo, los padres empezaron a enviar a sus hijos solos a Estados Unidos con la ayuda de la Iglesia católica. En Miami, el padre Bryan Walsh aseguró los permisos necesarios para traerlos y su ubicación con familiares, en albergues, o con familias estadounidenses que los recibieran. El programa tenía el apoyo del gobierno del presidente republicano Dwight D. Eisenhower, y muchos de esos niños llegaron a convertirse en algunos de los ciudadanos de más éxito en Miami.

Al igual que los padres centroamericanos ahora, los cubanos tenían razón en temer que, además de la confiscación de negocios y propiedades privadas, el Estado también tomaría el control de la vida de sus hijos. Y así fue. Los niños cubanos fueron sometidos a un programa de adoctrinamiento comunista en las escuelas y tenían que ir a trabajar en la agricultura en la llamada "escuela al campo". Como resultado, más niños solos llegaron a Estados Unidos en el éxodo del Mariel y durante la ola de balseros de 1994, cuando los detuvieron junto con más de otros 35,000 refugiados en campamentos en la Base Naval de Guantánamo. Después que suficientes personas se quejaron, fueron reubicados en Estados Unidos por el gobierno del presidente Bill Clinton.

A pesar de la bienvenida y el apoyo, y el hecho de que la mayoría de los niños se reunieron con sus padres años después, esos niños de la Operación Pedro Pan, ahora de adultos se les salen las lágrimas con facilidad al contar su historia de separación de todo lo que conocían y adoraban. Imagínese entonces lo que están pasando estos niños centroamericanos, en condiciones mucho peores y con medio país en contra de ellos.

Es algo terrible, y nosotros, los cubanoamericanos, debemos alzar nuestras voces con fuerza contra esta política de Trump.

"¿Dónde está nuestra indignación colectiva por el trato a estos niños?", escribe Adriana Comellas-Macretti en Facebook en un llamado a que los cubanoamericanos protesten. Ella salió de Cuba en 1962 en la Operación Pedro Pan, cuando tenía 12 años, la menor de un grupo de niños que viajaron solos. Activista republicana en la Florida quien no apoyó a Trump, Comellas-Macretti considera censurable la postura de este gobierno.

"Esto va más allá de la política", dice ella. "Esto es un asunto de compasión humana. Sólo puedo imaginar lo diferente que sería la vida de mis hermanos de Pedro Pan si nos hubieran tratando así. Reto a Estados Unidos a levantar nuestras voces contra esta farsa, ¡es algo inhumano y TIENE que parar AHORA!"

Es preocupante que el gobierno ha impedido la entrada de representantes legislativos que trataron de visitar algunos de los centros de detención donde ocurre esto. Yo pensaba que solamente los dictadores al sur de nosotros hacían esas cosas. Hemos llegando al punto en que este país necesita monitores de derechos humanos aquí.

La oficina de derechos humanos de las Naciones Unidas ha exigido que Estados Unidos "cese de inmediato" la separación de familias, que “es contraria a las normas y principios de derechos humanos”.

La respuesta del gobierno de Trump, a través de su embajadora en la ONU, Nikki Haley, hija de inmigrantes: “Ni las Naciones Unidas ni nadie puede dictar cómo Estados Unidos controla sus fronteras”.

Si nos suena familiar, es porque hemos pasado las últimas seis décadas escuchando lo mismo de los hermanos Castro: la soberanía es más importante que los abusos a los derechos humanos.

¿Por qué el gobierno de Trump no quiere que el Congreso ni el público sepan lo que ocurre en las instalaciones de detención de inmigración?

Porque hay muchas cosas feas que ocultar cuando se castiga a los niños en nombre de la seguridad.

Sígame en Twitter, @fabiolasantiago

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de junio de 2018, 0:18 p. m. with the headline "La política de separar a padres e hijos inmigrantes es abusiva. Recordemos a los hijos de Peter Pan."

Artículos relacionados el Nuevo Herald
Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA