Fabiola Santiago

En la batalla entre tiburones y personas, los depredadores somos nosotros

Un pescador corta las aletas a tiburones llevados a tierra en Manta, Ecuador.
Un pescador corta las aletas a tiburones llevados a tierra en Manta, Ecuador.

Demonizamos a los tiburones en películas de Hollywood como The Meg —la historia de un megalodón prehistórico de 75 pies de largo que regresa a aterrorizar a los bañistas, que se estrenó el fin de semana pasado— y, naturalmente, en el ya clásico Jaws.

Pero en el mundo real, el depredador no es el tiburón.

Es el hombre y su insaciable avaricia de hacer dinero a pesar de las consecuencias para la existencia misma de la Tierra.

Esta es una historia sobre las aletas de tiburón, una exquisitez carísima en China, que en su momento de más valor costaba más por libra que la heroína.

Al igual que ese opioide, el consumo y la demanda están alimentando un comercio que atrae a lo peor de la humanidad: empresas inescrupulosas que se esconden detrás de compañías pantalla y operan flotas de pesca ilegales que están cazando los tiburones casi hasta la extinción.

Sus métodos industrializados son crueles. Les cortan las aletas y los devuelven al agua ensangrentados para que mueran. Y además usan como fuerza de trabajo personas contratadas a través de redes de tráfico de personas.

La zona cero de esta actividad es el Pacífico centroamericano, donde países como Ecuador y Costa Rica libran una guerra contra estos rufianes, que en lo fundamental están perdiendo, porque todos los años se pescan decenas de millones de tiburones en aguas de regiones lejanas, y la captura se envía a China a través de puertos latinoamericanos con leyes poco estrictas.

Y encima de todo, algunos de estos cargamentos pasan por el Aeropuerto Internacional de Miami.

Así que, además de las drogas y la prostitución, ahora tenemos carteles en el comercio de aletas de tiburón, un negocio que mueve miles de millones de dólares anuales, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Commercial fleets roam the world's oceans, fishing sharks to near extinction.

Las actividades ilegales de la industria están detalladas en una investigación de dos años del Pulitzer Center on Crisis Reporting y la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia, con excelente información recabada en Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua y El Salvador por Sarah Blaskey, redactora del Miami Herald.

¿Qué podemos hacer nosotros sobre este asunto?

Para empezar, no comer sopa de aletas de tiburón.

Pueden buscar en la lista por estados del Animal Welfare Institute de los restaurantes que ofrecen ese plato, quizás un poco atrasada porque es del 2017 —al menos uno de los restaurantes en la Florida tenía información poco precisa— pero es un buen lugar para comenzar. En la Florida, donde en las aguas de ambas costas hay tiburones, entre ellos 26 especies en la lista de los que no deben pescarse, restaurantes en North Miami, Tamarac, West Palm Beach, Tampa y Orlando están incluidos en la lista de los que ofrecen sopa de aletas de tiburón.

Llamé a algunos y no demoré mucho en llevarme la impresión de que saben que vender esa sopa es un asunto controversial.

King Palace Chinese en North Miam tiene en el menú “Carne de cangrejo con Sopa de aletas de tiburón” ($16.95) y “Pollo con sopa de aletas de tiburón” ($15.95), pero cuando pregunté, la persona que respondió al teléfono dijo que era una “imitación”.

Entonces pregunté de qué era la imitación. La mujer dijo que no sabía. Pedí hablar con el propietario, pero me dijo que no estaba. Me identifiqué, le dejé mi nombre y número telefónico, así como la razón de mi llamada, pero antes de que pudiera terminar el momento en que dije “pesca de tiburón para quitarles las aletas”– me colgó. Nunca me llamaron.

En el restaurante Grand Lake Dim Sum, en West Palm Beach, fueron más amables. Este lugar tiene en su menú sopa de aletas de tiburón a un precio de $12 y el jueves por la noche me dijeron que no la tenían.

Desafortunadamente, la Florida no es uno de los 12 estados que han prohibido la posesión de aletas de tiburón.

En la Legislatura se ha intentado, pero no han podido hacer nada en un estado que ha estado desmantelando sus normas ambientales durante los últimos ocho años. A nivel federal, se está trabajando en un proyecto de ley bipatidista sobre el tema, pero al gobierno del presidente Donald Trump no le caen bien las iniciativas ambientales.

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Un pescador carga su captura en Manta, Ecuador, en un lugar llamado Playita Mía, donde los interesados van a comprar aletas de tiburón para compañías exportadoras que las envían a Asia. Sarah Blaskey

Debería darnos pena que la Florida es el mayor importador de aletas de tiburón del país, según Oceana, un grupo internacional de conservación. Eso se debe a que California y Texas hicieron más estrictas sus restricciones, y entonces las aletas de tiburón importadas empezaron a llegar desde Centroamérica al Aeropuerto Internacional de Miami camino a Hong Kong.

Es casi imposible saber cuántas de las aletas de tiburón que llegan a Miami sin de especies protegidas, pero un análisis del 2017 de ese rubro importado por Hong Kong determinó que un tercio lo eran, reveló la investigación.

Los científicos saben que los tiburones son vitales para el ecosistema marino. Los océanos no pueden mantener su salud sin los tiburones, pero la cantidad de tiburones ha bajado tanto que es una carrera contra la extinción.

Debería ser una cuestión de sentido común básico: si no podemos vivir sin ellos, entonces debemos dejar de matarlos.

Los tiburones no son el enemigo, pero los estamos exterminando.

No dejen que las películas los engañen.

En la batalla entre tiburones y personas, nosotros somos el verdadero enemigo.

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