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Fabiola Santiago

Conservadores atacan a Christine Blasey Ford. Pero ya es hora de creerle a ella

Una mujer con una camiseta que dice “Créanle a las mujeres” (Believe Women) y un botón que dice “Yo le creo a la Dra. Christine Blasey Ford” fue parte de una protesta contra la nominación de Brett Kavanaugh a la Corte Suprema, el lunes frente a la oficina del senador republicano Jeff Flake (Arizona) en Washington D.C.
Una mujer con una camiseta que dice “Créanle a las mujeres” (Believe Women) y un botón que dice “Yo le creo a la Dra. Christine Blasey Ford” fue parte de una protesta contra la nominación de Brett Kavanaugh a la Corte Suprema, el lunes frente a la oficina del senador republicano Jeff Flake (Arizona) en Washington D.C. AP

El presidente dice que la acusación seria y fundada de agresión sexual contra su candidato a la Corte Suprema, Brett Kavanaugh, es “muy injusta” y ya desistió de su anterior pretensión de que estaba a favor de que la presunta víctima recibiera una audiencia justa en el Comité Judicial del Senado.

La actitud no es sorprendente de parte de un hombre acusado de lo mismo por más de una docena de mujeres.

Lo que es ofensivamente injusto es la difamación de la acusadora de Kavanaugh, la doctora Christine Blasey Ford, quien, según todos los testimonios excepto aquellos de los de memes falsos y de los conservadores de Fox News, es una psicóloga seria, una investigadora y estadística con una excelente reputación profesional entre sus amigos y colegas.

Es él quien es el acusado de un crimen, pero ella lo está pagando.

“Una loca”, caracterizó a Blasey un ex fiscal de Estados Unidos del Distrito de Columbia, Joe diGenova, en Fox News, después de arrojar algunas falsedades para aderezar la calumnia, entre ellas que Blasey “no sabe cuándo sucedió, dónde sucedió” el hecho.

La Dra. Blasey, como se le conoce en la academia, sí lo sabe; pero DiGenova sigue martillando usando la antigua excusa con respecto al comportamiento de los hombres: que algo anda mal con la salud mental de la acusadora.

“Ella bien puede creer todo lo que dice, y esa es una de las señales de locura, creer algo que no es real”, dijo DiGenova al anfitrión Tucker Carlson, quien no hizo nada para cuestionar las afirmaciones indignantes y sí mucho para reforzar los ataques a Blasey.

En el momento justo —después de los memes y rumores que circulan en Internet alegando falsamente que Blasey obtuvo críticas terribles de sus estudiantes; que ella también había acusado al nominado anterior; que sus padres habían perdido su casa debido a un fallo por parte de la madre de Kavanaugh— mis redes sociales se iluminaron con comentarios sobre Blasey por parte de hombres republicanos.

Sus apreciaciones iban desde lo ignorante hasta lo ofensivo: “¡Mujer, en busca de venganza después de todos estos años!”. En el momento en que Blasey, de 51 años y madre de dos hijos, habló y se supo su identidad, comenzó a recibir amenazas de muerte y acoso tan vil que tuvo que abandonar su hogar en California. Su correo electrónico también fue pirateado.

Es por eso que muchas mujeres no denuncian la agresión sexual.

No puedo decirlo con suficiente vehemencia: yo creo en la acusación de la doctora Christine Blasey Ford de que fue atacada sexualmente a los 15 años por un muchacho ebrio de 17 años llamado Brett Kavanaugh en una fiesta. Si eres mujer, no es una historia que no hayas escuchado antes; por el contrario, es demasiado común.

Y creo que Blasey ha pasado toda una vida tratando de olvidarlo en privado, y lidiando con el trauma en terapia de parejas finalmente en 2012.

No importa el momento en que una mujer se presenta, en el momento del crimen o 34 años después. Ella será vilipendiada de cualquier manera. Simplemente visite un tribunal donde se está llevando a cabo un juicio por violación para verlo.

Después de leer una entrevista con Blasey en el Washington Post, e informes recopilados de entrevistas de antiguos compañeros de clase, colegas y amigos cercanos en el New York Times y en otros medios creíbles, no tengo dudas de que está diciendo la verdad.

Quizás Kavanaugh, que ha negado vehementemente la acusación, estaba tan borracho esa noche que no recuerda. Difícil de creer cuando Kavanaugh, un jugador de fútbol y baloncesto del equipo universitario, se describe como “Keg City Club (Tesorero)-100Kegs or Bust” en su anuario de Georgetown Prep.

O quizás Kavanaugh sencillamente está mintiendo. Puede perder el más alto honor otorgado a un abogado; el cargo de juez de la Corte Suprema. El mentir lo descalifica.

Pocas veces, o quizás nunca, he oído hablar de un hombre acusado de asalto sexual o acoso que haya dicho: “Lo hice. Lo siento. Me arrepiento de ello. Mis disculpas a la víctima”. Bueno, tal vez cuando lo sentencian y su vida está en manos de un juez.

Dado todo lo que ha soportado, entiendo la reticencia de Blasey con respecto a rendir testimonio y a ser interrogada por los 11 hombres republicanos del Comité Judicial del Senado sin una investigación del caso por parte de autoridades no partidistas. Ella ha pasado una prueba de detector de mentiras. ¿Qué tal una para Kavanaugh?

¿Y, cuál es la prisa?

El caso merece una investigación escrupulosa —y más ahora que una nueva mujer lo acusa de sacar el pene en una fiesta y arremeterlo contra su cara sin su consentimiento en un dormitorio de Yale. Se trata directamente de la brújula moral de un juez cuyo historial completo y extenso se ha intentado silenciar por los republicanos porque quieren que ese conservador incondicional en la Corte Suprema continúe con la agenda de ellos a toda costa.

Uno de los aspectos más horripilantes de la acusación de Blasey es que si el otro joven ebrio que estaba en la habitación cuando ocurrió el asalto a Blasey no hubiera saltado sobre la cama haciendo que los tres se cayeran al suelo, dándole la oportunidad a ella de escapar, ella pudo haber sido violada por ambos jóvenes.

El otro individuo en cuestión ha sido identificado como Mark Judge, un conservador que ahora ha desarrollado amnesia sobre la embriaguez de la cual escribió en su libro de memorias de 1997, “Wasted: Tales of a Gen X Drunk”. En el libro menciona a un tal “Bart O’Kavanaugh” que “vomitó en el auto de alguien” y “perdió el conocimiento regresando de una fiesta”.

Los hombres pueden olvidar, seguir adelante con sus vidas y negarlo todo cuando el pasado vuelve a acosarlos, pero las mujeres no lo hacen. Varias mujeres del círculo social de Blasey han dicho públicamente que tuvieron experiencias traumáticas similares durante su época de escuela secundaria.

Todo eso no favorece a Kavanaugh; no obstante, él obtiene el beneficio de la duda. Y es la doctora Blasey cuya integridad e incluso cuya salud mental está siendo cuestionada.

Ese eco que escuchamos en toda esta bellaquería es la voz de Anita Hill defendiendo sus acusaciones de acoso contra Clarence Thomas hace 27 años, y recibiendo el mismo trato chauvinista.

Y la gente se pregunta por qué las mujeres no denuncian el abuso sexual.

Créanos. Ya es hora.

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de septiembre de 2018, 0:00 a. m..

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