Fabiola Santiago

Trump debe demostrar que está del lado de los venezolanos en EEUU

El presidente Donald Trump invita al podio a Aminta Pérez, madre del agente policial venezolano Óscar Pérez asesinado en enero de 2018, durante un discurso el lunes 18 de febrero de 2019 en la Universidad Internacional de Florida (FIU), en Miami.
El presidente Donald Trump invita al podio a Aminta Pérez, madre del agente policial venezolano Óscar Pérez asesinado en enero de 2018, durante un discurso el lunes 18 de febrero de 2019 en la Universidad Internacional de Florida (FIU), en Miami. ctrainor@miamiherald.com

¿Cuánto vale un abrazo presidencial?

Esta es una pregunta importante.

Porque si el hecho de que Donald Trump abrazara a Aminta Peréz desde su podio presidencial en Miami recientemente significara algo, la madre venezolana no estaría sufriendo bajo su mando.

Aquí, nos dijo el presidente por televisión en vivo, tenemos a una madre que ha soportado lo impensable bajo el régimen brutal de Nicolás Maduro; su hijo Óscar Pérez fue ejecutado por los matones de Maduro a pesar de la rendición del rebelde oficial de policía.

Pérez, agradecida y llorosa, devolvió el afecto de Trump en el escenario. Fue un momento conmovedor durante un discurso lleno de la grandes promesas de que “se avecina un nuevo día para América Latina”.

Sin embargo, desde que ella llegó al punto de entrada de Tijuana-San Diego en 2017 y pidió asilo político, como es lícito, junto con la esposa y los hijos de Óscar, Pérez no ha recibido más que maltrato y hostilidad de parte de los funcionarios de inmigración de Estados Unidos.

Si esto le sucede a la madre de un hombre que Trump ha llamado héroe y luchador por la libertad, ¿qué pueden esperar otros exiliados venezolanos del gobierno de Estados Unidos?

Pérez no solo sufrió la detención; fue encadenada como una criminal y la separaron de su nuera y sus nietos, le dijo al reportero de el Nuevo Herald, Antonio María Delgado. Y, en lo que representa otro punto bajo para quienes están a cargo de estos detenidos en la frontera, a Pérez se le advirtió que no llorara o que se la aislaría y se le negarían las visitas.

Los guardianes de inmigración le exigieron esto a una madre que ya había perdido a un hijo y estaba desesperadamente angustiada por Óscar, quien se había rebelado contra Maduro y había enviado a sus seres queridos al exilio.

De nuevo, pregunto: ¿Cuánto valen los abrazos y besos presidenciales que Trump le dio a esta madre?

Porque si los fuertes discursos de Trump contra Maduro, si su intervención en Venezuela no se suma al trato humano de los exiliados de Venezuela en Estados Unidos, ¿cómo pueden ser creíbles y justas las políticas de inmigración de su gobierno?

Pérez, y todos los demás exiliados venezolanos que viven en el limbo de inmigración en Doral, Weston y otros lugares en Estados Unidos donde buscaron refugio de la muerte, el caos y el hambre, deben ser protegidos de la deportación y de un tratamiento así.

Deben poder obtener permisos de trabajo, licencias de conducir y cualquier otra cosa que necesiten para sobrevivir en su exilio, por mucho que este dure.

Hay consenso bipartidista sobre este tema. Los proyectos de ley presentados en el Congreso por los representantes del sur de la Florida y los senadores de ese estado de ambos partidos, y también por el senador demócrata Bob Menéndez, de Nueva Jersey, abordan la necesidad de los venezolanos de tener un estado de protección temporal o como se le llama, TPS. Trump ha indicado que firmaría el proyecto de ley del TPS venezolano si el Congreso lo aprueba, pero la legislación, en medio de tantas controversias y prioridades conflictivas, avanza con lentitud en Washington.

Los venezolanos presentan un caso muy claro de la necesidad de emitir el TPS para ciertos grupos de personas en este país. Trump tiene el poder de extenderles dicha protección con una orden ejecutiva, pero no la ha emitido. Los demócratas le advirtieron a Trump que no fuera al sur de la Florida sin un plan para abordar la posible deportación a la que están expuestos muchos venezolanos, pero él ignoró la propuesta.

Llegó a Miami. Lanzó insultos a Maduro y repartió abrazos efusivamente. Hizo campaña para su reelección en 2020.

Pero eso no ha modificado el estatus migratorio de los venezolanos.

Una cosa es segura: el presidente podría proporcionar un alivio concreto para el limbo migratorio de los venezolanos si lo deseara, y podría hacerlo tan rápidamente como armó el paquete de ayuda humanitaria que tanto sacudió a Maduro, quien quemó dos camiones de auxilios.

La concesión de protecciones a los venezolanos locales era importante aún antes de que Trump asumiera un papel tan protagonista en la eliminación de Maduro. Ahora es un imperativo moral.

Marili Cancio, representante del Partido Republicano y abogada en Miami-Dade, trató de explicar la negligencia del presidente en el programa “This Week in South Florida” (”Esta semana en el sur de la Florida”) diciendo que el objetivo de Trump era que Maduro abandonara el poder y que los venezolanos regresaran a sus hogares con la democracia restaurada.

Está bien que lo diga desde la comodidad de Miami, pero incluso en el mejor de los casos, los venezolanos se enfrentan a años caóticos en el futuro. Maduro y sus partidarios no se van a rendir en un instante solo porque Trump lo dice, o porque amenaza, o sanciona.

Mientras tanto, los venezolanos que ya están aquí tienen que comer y pagar el alquiler, y enfrentan una abrumadora incertidumbre.

Mientras Trump esquiva este tema, las personas a quienes se ha comprometido a ayudar están sufriendo.

Es obvio.

El presidente Trump debe respaldar su discurso enérgico con Venezuela con el TPS para los venezolanos en Estados Unidos.

Siga a Fabiola Santiago en Twitter: @fabiolasantiago.

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