Fabiola Santiago

Alcalde de Hialeah lanza acusaciones de racismo para ocultar su ineptitud

El alcalde Carlos Hernández dirige Hialeah como si fuera su propio pequeño país.

Ante la oposición de comunidades vecinas que no aceptan los embotellamientos que está promoviendo, Hernández tilda a la gente de Miami Lakes de “racistas”.

Tal chabacanería —falta de gallardía, gusto y mérito— es su marca registrada.

Se supone que nosotros, en Miami Lakes, debemos inclinarnos ante el dictador que está al sur y que quiere romper un acuerdo de larga data entre las ciudades para mantener cerrada la residencial calle 154 del noroeste. Y se supone que debemos quedarnos callados y dejar que empuje por nuestras carreteras las consecuencias de su mala planificación y desarrollo desbocado.

Construye en exceso para complacer a sus amigos y donantes desarrolladores, y para recaudar más impuestos para Hialeah.

Y en Miami Lakes y Palm Springs North (PSN) pagamos el precio con un gran golpe a nuestra calidad de vida: mucho más del atiborrado tráfico que ya tenemos en las horas pico con la apertura de una importante vía, Northwest 154th Street (Miami Lakes Drive), donde termina sin salida y donde supuestamente se construirá un parque. Y también quiera abrir la vía Northwest 170 Street, también residencial.


Miami Lakes Drive conecta nuestras comunidades, y es nuestra vía de entrada y salida.

Ya está lo suficientemente atestada sin que haya más tráfico de personas que viven a gran distancia de nosotros al otro lado de una carretera importante como lo es la I-75. Al abrir ambos puentes estarían cercando una zona ya abarrotada por el tráfico generado por varias escuelas públicas, chárter y privadas.

Esa es la única razón por la que nos oponemos a las aperturas. Está bastante claro. Pero Hernández actúa como el demagogo que es.

“Somos vecinos amistosos”, dijo Hernández en una reunión reciente para obtener apoyo para las aperturas al tráfico de Hialeah y la I-75. “Respeto mucho al gobierno de Miami Lakes. Pero también lo dejé muy claro. Hay un pequeño grupo en Miami Lakes que no nos quiere. Son racistas. Esa es la realidad”.

Solo en tu cabeza, papi, son racistas quienes se oponen a la mala gobernanza. Y no es un pequeño grupo el que se opone. Es todo Miami Lakes y PSN.

No, no puedes ganar esta llamada “guerra de los puentes” haciendo hostigamiento racial.

Puedes sacar a la chica de Hialeah pero no puedes sacar a Hialeah de la chica, y estoy aquí para denunciar las mentiras.

La definición de Google de racista: “Una persona que muestra o siente discriminación o prejuicio contra personas de otras razas, o que cree que una raza en particular es superior a otra”.

Eso encaja con tu presidente a la perfección —tú sabes, el que solo quiere inmigración de la Noruega blanca— pero no la gente trabajadora de Miami Lakes que pone sus ahorros de toda la vida en casas por las que pagamos fuertes impuestos. Hemos elegido vivir en una ciudad planificada. Querer proteger la calidad de vida y el valor de nuestra propiedad no nos hace racistas.

Además, incluso si tus acusaciones absurdas fueran ciertas, tendríamos que ser racistas contra nosotros mismos, ya que la mayoría de los cubanoamericanos que viven en Miami Lakes crecieron en Hialeah, y estamos muy orgullosos de ello.

Mira mi perfil de Twitter.

“Hialeah High grad”, dice. ¡Arriba, T-Breds!

Cuando estoy en el supermercado de Miami Lakes y alguien grita: “¡Fabi!”, suele ser alguien que conocí en la escuela secundaria o en la escuela intermedia de Hialeah.

“Esto es Hialeah pero con un poquito más de caché”, me dijo mi amiga Carmen el día que nos encontramos en Winn-Dixie hace algunos años. Las dos nos reímos en reconocimiento. Amamos a Hialeah. Amamos nuestras raíces. Y ahora amamos a nuestro Miami Lakes, verde y tranquilo.

¿Qué puede hacer falta?

Un día me desperté con que la avenida 82 a la entrada de mi subdivisión se llamaba Pedro Pan Way, en nombre del éxodo de niños no acompañados de Cuba en la década de 1960. No tenemos una, sino dos panaderías Vicky Bakery en la vecindad.

“El comentario de ‘racistas’ no fue más que una desviación [de los problemas]”, dijo la concejal de Miami Lakes Marilyn Ruano, quien propuso una resolución que condena el comportamiento de Hernández pero, lamentablemente, no contó con el apoyo de un solo miembro del consejo para aprobarla.

“Me han dicho que debemos comportarnos como mejores personas [que Hernández]”. dijo Ruano, nacida y criada en Hialeah.

No me trago eso.

La verdadera razón es que los políticos de Miami Lakes están íntimamente conectados con la maquinaria política de Hialeah. No quieren crear problemas con quienes ganan elecciones. Así que está bien aprobar una resolución que condena a Venezuela a 1,621 millas de distancia, pero no al alcalde de Hialeah que nos falta al respeto en nuestra propia puerta.

Hay cierta ironía en que Hernández tilde a las personas de racistas cuando preside una ciudad que siempre figura en las listas de las ciudades con menos diversidad en Estados Unidos.

¿Cómo puede ser?

Hialeah tiene el mayor porcentaje de hispanos en el país y, con un 95.64%, es el lugar más homogéneo étnicamente de la nación. Más aún que el blanco Vermont.

En menor medida, Miami Lakes también es predominantemente hispana ahora, pero en mi calle, por ejemplo, hay una diversidad interesante: mis vecinos de al lado son afroamericanos de ascendencia bahameña. Al otro lado de la calle hay una familia jamaicana-estadounidense, una familia colombiana-panameña, y más abajo están los brasileños y un venezolano o dos. Los demás son cubanoamericanos.

Tal vez Hernández se refería a las diferencias de ingresos entre Hialeah y Miami Lakes, y quería decir que éramos “clasistas”.

Pero si tiene problemas con que algunas personas ganan más dinero que otras, ¿no es eso... comunismo? A su base de votantes no le gustaría eso, y Dios sabe que aquí también luchamos para que nos alcance la plata a fin de mes.

El alcalde debería retirar sus palabras, como sugiere Ruano.

Su comentario de “racistas” es una cortina de humo para ocultar la mala gestión del crecimiento en Hialeah. El área en cuestión está excesivamente construida. Se puede ver en fotos aéreas, grandes extensiones de casas apiñadas una al lado de la otra sin espacio verde ni suficiente estacionamiento, y más construcciones en progreso.

Deja de tratar de dividirnos, y más bien trabaja para el mayor bienestar de la gente de Hialeah.

Se merecen amplios espacios verdes con árboles que dan sombra, transporte público y vías que los lleven a donde deben llegar sin pisotear a otras comunidades — antes de construir aún más.

Para llegar a Miami Lakes y PSN, ya tienen bastante pavimento: por las avenidas 57, 67 y 87 expandidas más las calles 138 y 186, por nombrar las principales.

Al abrir puentes sobre las calles residenciales 154 y 170, están perjudicando no solo a Miami Lakes sino también a Palms Springs North, otra comunidad dormitorio sin representación porque el comisionado del condado, Esteban Bovo, que vive en Hialeah, solo le preocupan los intereses de Hialeah.

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Vista de puente sin acabar de Northwest 154 Street entre Hialeah y Miami Lakes. MATIAS J. OCNER mocner@miamiherald.com

Si responsabilizar a los políticos es ser racista, entonces cuenta conmigo.

Si preferir el dosel de robles vivos y la alfombra de parques verdes a la jungla de concreto es ser racista, cuenta conmigo.

Si preferir vivir en una comunidad planificada en lugar de vivir en las subdivisiones de viviendas abarrotadas que se extienden más allá del límite urbano que Hernández y sus secuaces han permitido en Hialeah, cuenta conmigo.

Viva Hialeah. Viva Miami Lakes. Viva PSN.

Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.

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