Para luchar contra el racismo los latinos tienen que inscribirse para votar en 2020
Con poco dinero pero esperanzados, un grupo de defensores de la comunidad latina ha lanzado una ambiciosa campaña nacional a favor del registro de votantes bajo el tema unificador de “ponerse de pie y votar”.
Uno de los principales objetivos es llegar a los hispanos de la Florida.
A través de una campaña en las redes sociales impulsada por la tecnología, “Poder 2020” quiere cambiar esta estadística sorprendente: de 15 millones a 18 millones de latinos en este país son ciudadanos estadounidenses aptos para votar, pero no están registrados para hacerlo.
Y, con miras al futuro, también cuentan con este otro dato: cada 30 segundos, un latino en Estados Unidos cumple 18 años, la edad para poder votar.
“Independientemente de ser republicano, demócrata o independiente, cuantos más votantes, más poder”, dijo Ben Monterroso, asesor principal de Poder Latinx.
La misión del grupo es “construir una ola política en la que la comunidad Latinx desempeñe un papel clave en la transformación de nuestro país; donde los inmigrantes, Latinx y otras personas de color sean los encargados de tomar decisiones en cuanto a nuestro proceso político”.
Poder Latinx es el último grupo que se pone al frente, a la espera de las elecciones de 2020.
Si todos los latinos aptos para votar estuvieran registrados, y votaran para acabar con la satanización de los inmigrantes, los insultos y ataques, y la política de inmigración xenófoba proveniente de la Casa Blanca, Donald J. Trump podría ser presidente durante un solo mandato.
Pero para que esto suceda, quienes abogan por ello necesitan el registro de los votantes y la participación exitosa en el estado de la Florida, estado donde Trump triunfó después de que la llamada “coalición de Obama” de votantes negros, hispanos y de otras minorías no acudiera a votar con el mismo entusiasmo de 2008 y 2012.
Uno de los grupos de votantes más comentados son los puertorriqueños del centro de la Florida, ciudadanos estadounidenses automáticos que se suponía que eran el “arma secreta” de Hillary Clinton, pero que no aparecieron en grandes cantidades. Los miles de puertorriqueños obligados a trasladarse aquí por la devastación del huracán María son un nuevo grupo de votantes potenciales, pero ¿estarán lo suficientemente indignados por la falta de ayuda de Trump y su actitud despectiva, y lo suficientemente motivados para votar?
Otros grupos importantes son los cubanoamericanos y los venezolanos en el sur de la Florida, no precisamente grupos monolíticos en cuanto a las alianzas de partidos, pero sin embargo, motivados por la política hacia Cuba y América Latina.
No, no será fácil lograr avances con ciudadanos latinos / latinx / hispanos en la Florida.
Si has leído hasta aquí, ya puedes ver parte del problema que implican el alcance y la difusión del mensaje, ¿verdad?
Ni siquiera podemos ponernos de acuerdo sobre cómo llamarnos a nosotros mismos —y cada etiqueta viene con una connotación y una carga de significado.
Para algunos, “hispano” es un término facilista, impuesto por el gobierno de Estados Unidos para tildar a todos los que provienen de un país de habla hispana. El apelativo latino, más ampliamente aceptado ha pasado de moda de repente. Pero reemplazarlo por Latinx solo crea confusión. Para algunos, el Latinx contemporáneo ha pasado de ser un término inclusivo, neutral en cuanto al género, a adquirir matices de una agenda de izquierda.
¿Cómo superamos los rótulos para favorecer un mensaje directo y sencillo que atraiga tanto a progresistas como a conservadores en las comunidades?
Latinx, latinos, hispanos; no debería importar cómo nos llame la gente, o cómo nos identifiquemos nosotros. Dejemos que académicos, filósofos y expertos combatan la semántica.
Lo que sí importa es si se puede llegar efectivamente al segundo grupo minoritario más grande del país y galvanizarlo para convertirlo en la fuerza electoral.
Siempre ha existido el racismo y la xenofobia en la Florida. Pero, antes de Trump, la narrativa predominante era que la creciente población hispana del estado era una parte vital y bienvenida de la economía y el patrimonio cultural del estado.
En la actualidad, muchos hispanos que residen fuera del condado Miami-Dade viven con el temor de convertirse en objetivos de violencia racista en un estado que ha adoptado una legislación antiinmigratoria inspirada en Trump.
En Sarasota recientemente, por ejemplo, cinco jóvenes tenistas puertorriqueños que compiten en un torneo internacional fueron retirados del Bath & Racquet Club cuando un candidato para la comisión municipal, Martin Hyde, los abordó por hablar en español y los sacó del local.
Se ve en un video diciéndoles: “vayan a cortar el césped” y “cállense”.
“Eso es racismo, hombre”, le dice uno de los jugadores de 15 años a Hyde. “¿Cómo puedes decir algo así? ¿No eres un ser humano?“.
“Este es un club privado”, responde Hyde. “Salgan de aquí.”
Desde entonces, el club ha declarado que revocó la membresía de Hyde, pero los familiares de los tenistas están molestos porque el club no les ha ofrecido una disculpa ni a ellos ni a la comunidad. La falta de respeto no es sorprendente, dado que el patrocinador de la legislación antiinmigrante fue el presidente del Partido Republicano estatal, el senador Joe Gruters, de Sarasota.
Sí, si alguna vez hubo un momento propicio, es ahora.
Los ciudadanos no registrados de Florida deben despertarse y exigir respeto, votando.
Solo hay una etiqueta que puede marcar la diferencia.
“Somos americanos”.
Nosotros también somos estadounidenses.
Pero significa poco si no aprovechamos la responsabilidad de votar con todo nuestro potencial.
Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.