No he cambiado de opinión, aún no tengo ninguna simpatía por Bernie Sanders
Han pasado cuatro años desde las elecciones del 2016, pero no, todavía no siento ninguna simpatía por Bernie Sanders.
Y no soy la única en rechazarlo en Florida, un estado considerado “púrpura” o “indeciso” por sus reñidas elecciones entre demócratas y republicanos.
Les explico el porqué.
A los votantes de Iowa y New Hampshire les encanta Sanders, pero el camino a la presidencia pasa por Florida, donde el Partido Republicano ha logrado instalar con éxito la palabra socialismo como el coco de la política del siglo XXI.
Lo mejor que le puede pasar a la reelección del presidente Donald Trump es que el tempestuoso y autodescrito “socialista democrático” se convierta en el candidato demócrata a la presidencia.
Con esto digan adiós al voto cubanoamericano y ¡hola a cuatro años más de Trump!
Peor aún, si Sanders se convierte en el nominado, digan adiós a la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, ya que las victorias obtenidas en 2018 podrían revertirse como una reacción a la candidatura de Bernie.
Los progresistas pueden argumentar que hay que darle un vistazo a Suecia y Finlandia, ¡mira qué felices están con sus democracias sociales, son los países más felices del mundo! Pero lo que los votantes en Florida escuchan y ven son las experiencias que han tenido cientos de miles de personas que conocen a Cuba y Venezuela.
A lo que los progresistas responden, pero dijimos que íbamos a votar por cualquier candidato que no fuera Trump, no importa qué tipo de demócrata sea nominado.
Pero las personas que han huido del socialismo latinoamericano dicen #NeverBernie (Nunca Bernie) con la misma fuerza que algunos republicanos se comprometieron con el movimiento #NeverTrump (Nunca Trump).
Una ‘revolución política’
El senador independiente de Vermont lanzó su candidatura presidencial de 2016 proponiendo una “revolución política”, y después de escuchar la palabra que empieza con R, a muchos las promesas de educación superior gratuita y “Medicare para Todos” les recordaba el experimento fallido de Cuba.
En la isla la educación viene con adoctrinamiento, trabajo forzado en el campo y empleo obligatorio como pago. No es gratis en absoluto. La atención médica gratuita viene con condiciones y prácticas deficientes, y el mismo nivel de corrupción que el capitalismo cuando se trata de tener acceso. No, gracias.
Y la prueba final: Si todas las cosas gratis fueran buenas, no estarían huyendo en cualquier cosa que flote en el mar o caminando miles de millas a través de países peligrosos para llegar a la frontera de Estados Unidos.
¿Ven la desconeccion que existe con el mensaje radical de Sanders?
Las grandes promesas del candidato populista de nivelar el campo de juego sin ofrecer planes concretos sobre cómo va a pagar la educación y la atención médica gratuita que ofrece solo suena como la otra cara ideológica de Trump.
Y los votantes claves de Florida se quedan pensando: nosotros hemos oído estas falsas promesas antes. ¿Qué le pasa a los demócratas?
Es cierto que está muy mal que el Partido Republicano esté esparciendo el miedo entre la gente con la palabra socialismo para ganancia política. Pero, ¿por qué si los republicanos bajo Trump han denigrado todo, desde la Medalla de la Libertad hasta la dignidad e integridad de la oficina del presidente, van los demócratas a ponerle en bandeja de plata este tipo de candidato?
Porque los demócratas tienen su propia división profunda en el partido y su propio tipo de extremismo representado en Sanders y sus seguidores, a pesar de la evidencia del costo político del desafío. Sanders puede pegar en el Bronx pero no en La Pequeña Habana.
La mera sospecha o asociación con el socialismo es suficiente para causar un daño irreparable en cualquier elección.
Meterle miedo a la gente con el coco del socialismo es una artimaña que fue comprobada y perfeccionada aquí en Florida por el Partido Republicano amante de Trump durante la contienda por la gobernación en 2018, y esta táctica está aquí para quedarse.
Se van a dar un gusto con Sanders.
El ejemplo de Sanders y Gillum
Solo pregúntele al ex alcalde de Tallahassee, Andrew Gillum, cuyo respaldo por parte de Sanders puede que lo haya ayudado a ganar una primaria difícil contra un candidato supuestamente favorito, una centrista con un buen pedigrí político, pero lo mató en la contienda final contra el congresista Ron DeSantis.
Gillum perdió por menos de un punto porcentual.
DeSantis, un devoto servidor de Trump en el Congreso, le sacó provecho a la asociación de Gillum con Sanders. Los seguidores de DeSantis que frecuentaban los centros de votación se encargaban de mencionarle a los votantes: “Recuerden lo que sucedió en Cuba y Venezuela”.
Y esto ocurría al mismo tiempo que cosas terribles estaban sucediendo en ambos países.
El nuevo líder de Cuba revocó las reformas y tomó medidas enérgicas contra la disidencia, y Nicolás Maduro desmanteló las instituciones democráticas en Venezuela.
Con Sanders en su esquina, Gillum no tenía ninguna posibilidad.
Ahora tenemos el mismo escenario en 2020.
Tal como están las cosas hoy, los votantes tienen aún más evidencia de cuán terrible sería un giro al socialismo para este país.
Y Sanders, con buena razón, es visto como la personificación de la extrema izquierda estadounidense que nos llevaría allí, un hombre con un historial de ser un apologista de regímenes de izquierda latinoamericanos como el de Nicaragua.
Eso lo convierten en el candidato demócrata soñado por los republicanos, algo que garantizaría una victoria fácil de Trump en el estado de Florida.
Sanders es odiado por un número considerable de demócratas moderados e independientes, que sin pensarlo dos veces escogerían a Trump y a la garantía que este brinda a los programas de retiro 401k. Y si esas fueran las dos únicas opciones a la presidencia, entonces simplemente decidirían no votar.
Una nominación de Bernie Sanders sería un regalo para los republicanos.
El senador de Vermont destruirá cualquier opción que puedan tener los demócratas el 3 de noviembre de 2020.
Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de febrero de 2020, 7:37 a. m..