La crueldad del coronavirus se ensaña contra familia de Nicaragua en Miami
A medida que los funcionarios del condado Miami-Dade lanzan la apertura de parques, marinas y campos de golf en el epicentro del estado durante la pandemia del nuevo coronavirus, la desgracia de una familia nicaragüense-estadounidense es un recordatorio de que la enfermedad y la muerte siguen siendo muy reales.
“La gente tiene que escuchar esto”, dice Marcela Lastre sobre la tragedia que está llorando su familia.
No están preparando uno, sino tres funerales.
“No es que se haya ido una sola persona y eso es todo. Esto puede acabar con tu familia. Puede llevarse a todos en tu hogar”.
Se fueron su primo Mario Mayorga Jr., de 42 años, quien murió el 26 de abril, su padre, Mario Sr., de 72 años, quien murió primero, el 10 de abril, y su madre, Esperanza Tapia de Mayorga, de 72 años, quien murió el 19 de abril.
Los Mayorga esperaban celebrar este año su aniversario de bodas número 50 y un amor que su hijo con frecuencia elogiaba en sus publicaciones de Facebook como leal y eterno.
La única sobreviviente de su hogar en el suroeste de Miami es la hermana Violeta, de 45 años. Después de haber sido hospitalizada también, se está recuperando de la infección de COVID-19, pero está “en un estado delicado” por todas las pérdidas que ha sufrido, según su familia. Empleada de una oficina médica, ha estado sin trabajo durante las últimas seis semanas desde que su hermano resultó positivo del virus.
Christopher, su hijo de 8 años, se fue a vivir con su padre tan pronto como Mario Jr. comenzó a experimentar síntomas. Violeta no ha podido ver a su niño, a quien le entristece la pérdida de su querido tío y sus abuelos, con quienes vivía como es tradición en muchas familias hispanas muy unidas.
Síntomas de coronavirus
Cuando él comenzó a sentir los síntomas del coronavirus en marzo, Mayorga trabajaba como supervisor de una compañía contratada para la limpieza del Centro Médico Mount Sinaí en Miami Beach durante la pandemia.
Aunque su familia sospecha que se infectó allí, también había viajado en enero a Nicaragua, país criticado por no informar el alcance de la infección allá y celebrar partidos de fútbol, festivales gastronómicos y concursos de belleza en medio de la pandemia.
“Realmente no sabemos exactamente dónde se infectó”, dijo Lastre, cuyo esposo es enfermero. “[Al principio de la contaminación] estábamos viendo casos, pero no era alarmante. Lo veíamos como algo que sucede en las noticias, pero a tu familia no le afecta. No crees que te va a pasar a ti”.
Su lado de la familia, que incluye a su abuela anciana, también estuvo expuesto a Mayorga, quien la visitó después de regresar de Nicaragua, pero hasta ahora nadie más ha experimentado síntomas. Este factor hace que sea más plausible que la infección haya ocurrido mientras trabajaba en el hospital, donde más tarde moriría.
Los Mayorga mayores, queridos maestros en su tierra natal, y sus dos hijos pequeños formaron parte del éxodo de personas que huían de las guerras civiles a Miami desde América Central en la década de 1980, y en el caso de Nicaragua, también de un terremoto.
Vivían la vida tranquila y modesta de quienes huyeron de la violencia, pero nunca olvidaron su patria o los que quedaron atrás. Estaban agradecidos de haber encontrado refugio en una democracia y en el capullo cultural de Miami-Dade. Todos se hicieron ciudadanos estadounidenses.
Eran oriundos de Masaya, un pequeño pueblo conocido como “la capital del folklore nicaragüense” por su colorida celebración de tres meses del santo patrón San Jerónimo, “médico de los pobres”. Con los años, regresaron muchas veces, al igual que Mario Jr., egresado de Coral Park Senior High School y ex alumno de la Universidad de Barry.
A Mario Jr. le encantaba montar el caballo que mantenía en la zona rural del sur de Miami-Dade; era profundamente religioso y demostraba su amor por la familia y por Nicaragua.
En una publicación sobre el aniversario de bodas de sus padres número 49, escribió: “Qué afortunado me siento de ser parte de esta historia, tan veraz, tan leal, tan sincera, tan llena de amor. Gracias por darnos a mi hermana y a mí este hermoso ejemplo de amor que nunca muere, de amor que lo cura todo y que perdurará el resto de la vida. Que Dios los bendiga siempre”.
La cuenta conjunta de los Mayorga en Facebook también está llena de comentarios de amor, admiración y gratitud por ellos.
“Mis queridos profesores”, los llamó un ex alumno después de que la pareja publicara una foto de una reunión con ellos.
“Todos nuestros antiguos alumnos están presentes en nuestras mentes y en nuestros corazones con un amor que nunca termina”, escribió la pareja.
El costo emocional y económico
Don Mario y Doña Esperanza, como los llamaban los amigos, y su amado hijo se irían solos de este mundo, uno tras otro, por complicaciones de esta horrible enfermedad, en diferentes hospitales y sin que la familia pudiera estar allí con ellos.
Violeta ahora está abrumada con facturas médicas, costos funerarios y todos los gastos de vivienda que antes se compartían. Familiares y amigos han creado cuentas de GoFundMe para recaudar dinero para ella y su hijo. Al momento de escribir esto, habían recaudado más de $67,000 desde que WPLG Local 10 transmitió por primera vez la historia de la familia el 27 de abril.
Lastre quiere que la muerte de sus parientes sea una advertencia para las personas que, cansadas de la cuarentena, acudirán masivamente a los espacios públicos recientemente abiertos.
“Que esto les recuerde a la gente que no estamos preparados”, dijo. “Entiendo que todos quieren volver al trabajo y ganar dinero, pero esos números volverán a aumentar si se hace demasiado pronto. No creo que mucha gente la esté tomando en serio [la enfermedad del coronavirus] porque piensan que son invencibles y que sus familias están bien”.
Amigos de los Mayorga hicieron eco de su mensaje en las redes sociales.
Nuestros funcionarios electos nos servirían mejor al tomar en serio estas muertes.
Los mensajes públicos sobre COVID-19 deben seguir siendo cautelosos, y no dar falsas esperanzas.
Twitter: @fabiolasantiago. Correo: fsantiago@miamiherald.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de mayo de 2020, 3:42 p. m..